
Despiertan agotados, olvidan lo que acaban de leer y sienten la mente saturada, aunque no hayan salido de su cuarto. La fatiga digital se cuela en la vida cotidiana de la Generación Z y transforma el día a día en un desafío mental.
Frente al desgaste silencioso que imponen las redes y las pantallas, miles de jóvenes empiezan a buscar algo distinto: rutinas offline, espacios sin tecnología y nuevas reglas para cuidar el cerebro marcan una reacción cada vez más visible, aunque cueste hablarlo en voz alta. ¿Dónde está el límite entre la conexión constante y el bienestar mental? ¿Cómo se organizan los jóvenes para defenderse del cansancio invisible que deja la era digital?
El brain rot: cuando la mente pide una pausa
El término brain rot —deterioro mental digital— ya forma parte del lenguaje cotidiano de una generación marcada por la sobreexposición a pantallas. De los más de 70 millones de jóvenes nacidos entre 1997 y 2012, muchos crecieron bajo la premisa de que “ser digital” es inevitable. Sin embargo, lejos de aportar solo ventajas, el acceso permanente a videos, imágenes y noticias ha traído nuevas formas de fatiga, lapsos de memoria y dificultad crónica para concentrarse.
Según National Geographic, un usuario promedio de la Generación Z en Estados Unidos pasa más de 6 horas al día en plataformas como TikTok, YouTube o Instagram. Este consumo constante ha impulsado la aparición de términos como doomscrolling, la práctica de consumir de manera compulsiva información negativa o irrelevante, profundizando el agotamiento mental.

Ciencia en alerta: lo que revelan los estudios
La alarma sobre el impacto de la saturación digital no se basa solo en sensaciones subjetivas. Un informe de Pew Research de 2024, citado por National Geographic, señala que los adultos jóvenes de 18 a 29 años son los más dependientes del teléfono inteligente. Por su parte, una revisión publicada por la American Psychological Association —que analizó 71 estudios— vinculó el consumo excesivo de videos cortos con una reducción directa de las funciones cognitivas.
Earl Miller, neurocientífico del Massachusetts Institute of Technology (MIT), advierte que el cerebro se ve desbordado por cantidades de información que jamás tuvo que procesar en la historia evolutiva. “Somos criaturas de mente única y, cuando toda esta información nos llega, queremos consumirlo todo y es difícil apagar ese deseo”, explicó Miller.
A su vez, Amanda Elton, profesora asistente en la Universidad de Florida, sostiene que la tecnología puede alterar el rendimiento mental, sobre todo en una etapa de desarrollo cerebral. Además, propone que el fenómeno se asimila más a un “envejecimiento cerebral acelerado” que a una lesión física concreta.
Más allá de las apps: tecnología, pausas y espacios para respirar
El boom del detox digital promueve herramientas y espacios para desconectarse. Un estudio publicado en Behavioral Sciences demostró que los jóvenes que realizaron una desintoxicación de redes sociales durante dos semanas reportaron mayor claridad mental, menos estrés y aumento en la productividad, según National Geographic.

La reacción de la Generación Z encuentra respaldo entre especialistas en neurociencia y salud mental. Miller destaca que interactuar socialmente más allá del círculo familiar es clave para mantener el cerebro activo. Advierte que la multitarea digital —como mirar televisión mientras se navega redes sociales— puede erosionar la memoria, debilitar el pensamiento crítico y consumir recursos mentales finitos. La investigación muestra que actividades como los juegos de mesa estimulan el córtex prefrontal, responsable de la concentración y la resolución de problemas.
Gary Small, jefe de psiquiatría y salud conductual en la Hackensack Meridian School of Medicine, recomienda reservar tiempo para la lectura, la música o la escritura como formas de potenciar la flexibilidad mental y entrenar la atención. “Puedes mejorar tus habilidades cognitivas aprendiendo nuevas técnicas que entrenen tu cerebro para prestar mejor atención”, explicó.
Proteger la mente: metas personales y pausas necesarias
La clave está en fijar objetivos claros fuera del entorno digital y programar pausas intencionales durante el día. Earl Miller aconseja iniciar cada mes con propósitos propios, no impuestos por algoritmos, como una herramienta para fortalecer las conexiones cerebrales. Gary Small sugiere establecer recordatorios reales para desconectarse, aunque sea solo unos minutos, y así evitar el consumo inconsciente.
La Generación Z avanza en ese cambio silencioso: rompe la rutina de la hiperconexión, cuestiona el modelo de distracción permanente y desafía el desgaste silencioso que imponen las redes. El mensaje es claro: cuidar la salud mental se volvió una prioridad en la era del scroll infinito, y cada pausa puede marcar la diferencia.
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