
Cada vez que hablamos transmitimos nuestras creencias, sobre nosotros, sobre los otros y sobre el futuro. No hace falta preguntarle a alguien qué es lo que cree, con dejarlo hablar nos daremos cuenta de la clase de vida que está viviendo, si se victimiza o se responsabiliza, si se siente libre o esclavizado, si tiene futuro o solo pasado.
Nuestras palabras constituyen la materia prima con la que diseñamos nuestra vida. Al hablar las palabras correctas pensamos los pensamientos correctos, por lo tanto mantenemos la actitud correcta y así podemos cambiar cualquier situación en victoria.
La diferencia entre una persona positiva, optimista, y una negativa, pesimista, es la manera en que cuentan lo que les ocurrió o les está ocurriendo. Hay gente que repite en modo automático: esto se cae, no hay solución, nunca se hizo… Si vamos de viaje a algún país, y no sabemos su idioma, hablaremos el único que conocemos. Hay gente que habla así porque no aprendió a hablar de otra manera, es el único lenguaje que conoce. Como son nuestras palabras las que crean nuestras realidades, no podemos esperar otro mundo que no sea el que hablamos.
Nuestras palabras son semillas. Lo que decimos es una semilla que es plantada en nuestra mente subconsciente, y allí comienza el proceso conocido como germinación: la semilla se desarrolla hasta convertirse en planta. Esa planta dará el fruto de la misma especie de la semilla. Quiere decir que los resultados que hay en mi vida, o los que quiera lograr, tendrán relación directa con lo que hable: si hablo semillas de salud, crecerá salud; si hablo semillas de paz, tendré paz; si hablo semillas de prosperidad, vendrá prosperidad.

Nuestras palabras son profecías. Cuando yo hablo, mi mente escucha mis palabras. Como la mente subconsciente no distingue si algo es verdadero o falso, todo lo recibe como verdadero, entonces va a hacer todo lo posible para que se cumpla lo que oyó. Es decir que cuando hablamos ¡construimos nuestra realidad! Si lo primero que dije al levantarme hoy fue “qué día horrible”, ya construí este día; si afirmo que “esa persona me cae mal”, ya construí la relación; si pienso que “en mi trabajo no me reconocen” ya construí mi salida.
Nuestras palabras son un volante: nuestra manera de hablar determina la dirección de nuestra vida. Si yo hablo palabras de fracaso, me muevo en dirección a la derrota, si yo hablo palabras de victoria, me muevo hacia el éxito. Nuestra vida camina en la dirección que le brinde nuestra boca.
Por lo tanto, como todo lo que nos pasa es el resultado de lo que hablamos y creemos, hoy puedes elegir:
Hablar bien en tus circunstancias: Tienes que tener mucho cuidado con lo que hablas cuando las cosas no te están saliendo como quieres. Nuestra tendencia es hablar del problema, primero con nosotros mismos, después con los demás: no sabes lo que me pasó... Pero hablar del problema no solo no lo resuelve, sino que lo alimenta.
Cuando expresas “no puedo, no puedo” te estás enfocando en ti mismo, no consideras ni tus recursos ocultos, ni la ayuda de los demás. “No puedo” pone tu mirada en tus debilidades. Ese “no puedo” se convierte en una prisión, en una jaula hecha por ti mismo.
Quizás escuchaste tantas veces “no puedes” que lo internalizaste, lo creíste. Y de tanto “no puedes”, se transformó en “no puedo”. Pero como las creencias se eligen, tú elige creer que Sí puedes: Sí puedes vencer esa adicción, Sí puedes tener esa victoria, Sí puedes tener una pareja feliz, Sí puedes estudiar.
En medio de los momentos difíciles, tus palabras van a jugar un papel importante: van a influir en el tiempo que te quedes en la situación y en el estado en que te quedes. Mientras mejor hables, más fuerte serás y más pronto saldrás.
Hablar bien en medio del problema te da paz, te permite ver nuevas opciones. Cuando aparezcan los obstáculos en el camino, en lugar de perder tiempo y energía hablando con desánimo e impotencia, declara la victoria.
Hablar bien de ti mismo: Hay gente que tiene un presente pobre por la pobreza de sus palabras presentes: Nada me sale bien… no puedo… no sé… qué mala suerte tengo. Cuando hablas mal de tí, detienes tu propio proceso de crecimiento. Pero cuando hablas bien, continúas con el desarrollo de ser la persona que quieres ser.

Hablar bien de los demás: Hay quienes necesitan descalificar al otro para sentirse vivos. El que aprecia los comentarios negativos de una persona así, es más infeliz que la persona que los hace. Recuperemos el poder de algunas palabras como: gracias, eres muy amable; qué bien me hacen tus palabras; cómo me ayudas; qué agradable es tu presencia.
Una breve historia: Además de la dificultad que su tartamudez le generaba para relacionarse, la timidez y vergüenza se incrementaban en aquel niño. Un día su madre lo tomó aparte y le dijo “¿sabes por qué tartamudeas? Porque eres tan inteligente que tu mente va más rápido que tu lengua”. Sin dudas ese comentario influyó en algo para que aquel pequeño, llamado Jack Welch, llegara a ser el CEO más joven de la historia de General Electric, a la que convirtió en una de las empresas más grandes del mundo. También fue Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y uno de los líderes más respetados del mundo.
Nuestra salud se puede deteriorar si hablamos las palabras incorrectas, nuestra tristeza puede aumentar si hablamos las palabras inadecuadas, nuestras relaciones se pueden destruir si hablamos las palabras erróneas. Pero nuestra salud se puede recuperar si hablamos las palabras correctas, nuestro gozo puede aumentar si hablamos las palabras adecuadas, nuestras relaciones pueden mejorar si hablamos las palabras acertadas.Tú eliges si hablarás para disuadirte (no puedo) o para persuadirte (sí puedo).
Samuel Stamateas es coach ontológico y ejecutivo. Autor de “Lidera tu vida”, “Tu propósito es la clave”, “Quiero, puedo y merezco prosperar” y “21 hábitos para una vida plena”. Director general de Liderazgo EnFoCo y co-director de la Escuela Internacional de Líder Coach Profesional.
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