Desde la Beatlemania hasta la obsesión por “Bennifer”: la psicología detrás de las relaciones parasociales

Nadie parece ser inmune a las llamadas relaciones parasociales, pero la forma en la que nos afectan puede variar de persona a persona. Las reflexiones de los especialistas sobre por qué nos obsesionamos con las celebridades

Las relaciones parasociales son relaciones unilaterales, donde una persona extiende energía emocional, interés y tiempo, y la otra parte, la persona, desconoce por completo la existencia de la otra (Getty Images)
Las relaciones parasociales son relaciones unilaterales, donde una persona extiende energía emocional, interés y tiempo, y la otra parte, la persona, desconoce por completo la existencia de la otra (Getty Images)

Si el aislamiento de la pandemia nos ha enseñado algo es cuánto dependemos de nuestras relaciones para pasar el día. Encerrados con solo las videollamadas y la fantasía para ayudarnos, los límites entre las conexiones “reales” e imaginarias son cada vez más inexistentes. Como consecuencia, algunas personas acabaron cruzando al reino de lo parasocial, un mundo paralelo donde las conexiones unidireccionales con celebridades o personajes de ficción tienen toda la intensidad de una relación recíproca.

Estos vínculos, aunque se articularon formalmente por primera vez en 1956, han existido donde los humanos han podido crear “intimidad a distancia”. Investigaciones recientes revelan que las relaciones parasociales pueden moldear todo, desde lo qué compramos y por quién votamos hasta cómo nos sentimos a diario. No es una ilusión.

En 1956, los científicos sociales Donald Horton y R. Richard Wohl describieron por primera vez un fenómeno interesante que ocurría entre el público estadounidense: los espectadores estaban formando “relaciones parasociales” (PSR, por sus siglas en inglés), o la “ilusión de una relación cara a cara”, con artistas, personajes del cine, personalidades de la radio o incluso personajes de un libro.

En diálogo con Infobae, Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y exsecretario científico del Claustro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó: “Nuestro mundo relacional no solo se conforma de los otros concretos y reales con los que tenemos relaciones cotidianas y presenciales, sino que también forman parte de nuestra vida social aquellos esos públicos a los que accedemos a través de los medios de comunicación u otros medios y que adquieren un valor de referencia”.

Los estudios han demostrado que estos lazos unilaterales pueden ayudar a que las personas se sientan cómodas, especialmente en el caso de los jóvenes que descubren sus identidades y aquellos con baja autoestima (Getty Images)
Los estudios han demostrado que estos lazos unilaterales pueden ayudar a que las personas se sientan cómodas, especialmente en el caso de los jóvenes que descubren sus identidades y aquellos con baja autoestima (Getty Images)

Las relaciones parasociales expanden la red social de una manera que niega la posibilidad de rechazo y empodera a las personas para modelar e identificarse con las personas de su elección que naturalmente provocan una respuesta empática. Para algunos, la naturaleza unilateral de la relación es un alivio de las tensas relaciones complementarias en su vida real. Los medios de comunicación cultivan las relaciones parasociales para que se asemejen a las relaciones cara a cara.

A pesar de la naturaleza unilateral de estas relaciones, existen numerosas similitudes entre estas relaciones y las relaciones sociales más tradicionales. Los estudios muestran que las relaciones parasociales son voluntarias, brindan compañía y están influenciadas por la atracción social. Además, los espectadores experimentan una conexión con el usuario de los medios y expresan sentimientos de afecto, gratitud, anhelo, aliento y lealtad hacia ellos.

De hecho, en general, las relaciones parasociales son casi completamente beneficiosas. Los investigaciones han demostrado que estos lazos unilaterales pueden ayudar a que las personas se sientan cómodas, especialmente en el caso de los jóvenes que descubren sus identidades y aquellos con baja autoestima.

“Las personas con baja autoestima pueden usar sus relaciones parasociales para verse a sí mismas de manera más positiva, al igual que las personas con alta autoestima lo hacen con sus relaciones sociales ‘reales’”, sostiene Jaye L. Derrick, profesora asociada de psicología que estudia las PSR en la Universidad de Houston. “Una relación parasocial es segura”, explica. “Tu celebridad favorita no puede salir de un artículo de revista para rechazarte”.

Los Swifties se definen como fanáticos de la cantante de música country Taylor Swift (EFE)
Los Swifties se definen como fanáticos de la cantante de música country Taylor Swift (EFE)

Históricamente, las relaciones parasociales fueron vistas como patológicas y un síntoma de soledad, aislamiento y ansiedades sociales. Sin embargo, un estudio encontró que no había correlación entre la soledad y la intensidad de la relación parasocial de los espectadores con los personajes en pantalla. Otras investigaciones han disminuido el estigma de tales relaciones y han llevado a los médicos a creer que tales relaciones pueden ampliar la red social de uno en lugar de restringirla.

La proyección también está involucrada en este tipo de vínculos. Cuando estamos profundamente comprometidos con una celebridad o un atleta, quiénes eran antes de la fama, sus altibajos profesionales, incluso sus vidas románticas, a menudo nos proyectamos sobre ellos; se convierten en figuras aspiracionales, sustitutos de nuestras esperanzas, sueños y expectativas para nuestras propias vidas.

“Es inevitable que un sujeto tome como referente a otras personas y les dé ese estatuto. No hay que limitarlo a esto. Podría decirse que de algún modo, hay una búsqueda interna más o menos consciente de un otro que nos sirva de referencia, de modelo, de liderazgo y que se preste a la idealización. Si deberíamos buscar la raíz de este fenómeno creo que habría que pensar en cuando somos pequeños y nuestros padres ocupan ese lugar. Cuando somos niños creemos que nuestros padres son superpoderosos, los que dictaminan en qué consiste la realidad y cómo esta se organiza. Cuando crecemos, esa figura de padres omnipotentes se va resquebrajando y se van acercando a personas comunes y corrientes. En el interior, eso es doloroso para el sujeto y queda un resabio de volver a encontrar a ese otro idealizable que nos va a organizar la realidad y a servir de guía”, añadió Martínez Donaire.

Las personas con relaciones parasociales a menudo expresan aprecio hacia sus personajes favoritos por ayudarlos a superar los momentos difíciles. Además, algunos espectadores perciben que las personas ayudan a moldear significativamente su propia identidad. El apoyo que brindan las relaciones parasociales es de un valor sustancial para los espectadores que participan en ellas, y con las nuevas técnicas de redes sociales, estas relaciones son una forma viable de expandir las redes sociales de las personas.

En el pasado, las relaciones parasociales ocurrieron predominantemente con personajes televisivos. Ahora, estas relaciones también ocurren entre individuos y sus blogueros favoritos, usuarios de redes sociales y jugadores (Getty Images)
En el pasado, las relaciones parasociales ocurrieron predominantemente con personajes televisivos. Ahora, estas relaciones también ocurren entre individuos y sus blogueros favoritos, usuarios de redes sociales y jugadores (Getty Images)

Aunque muchos apegos parasociales adquieren una calidad de enamoramiento (fanáticas obsesionadas con New Kids on the Block en los años 80 o bandas de chicos de K-Pop en la actualidad), para Shira Gabriel, profesora asociada de psicología en la Universidad de Buffalo que estudia este tipo de conexiones, ese no es siempre el caso.

Tampoco son solo las mujeres las que quedan atrapadas en ellos. “Hemos descubierto que es más probable que las mujeres los tengan con celebridades, pero los hombres también los tienen”, indica Gabriel. “En mi laboratorio, descubrimos que los hombres a menudo los tienen con superhéroes”.

También hay algunos beneficios de la vida real en estos lazos de superhéroe. Si bien podría pensar que compararse con un actor reforzado de manera cómica con un traje de superhéroe rígido e intimidante puede hacer que se sienta cohibido acerca de su propio cuerpo de hombre, en realidad es todo lo contrario. Un estudio mostró que estar enamorado de un superhéroe en realidad aumenta la imagen corporal de los hombres y hace que se vuelvan más fuertes. (Los hombres que no tenían tales apegos a los superhéroes se sentían comparativamente mal con su apariencia). “Este tipo de vínculos parasociales son tan normales que la mayoría de las personas ni siquiera los etiquetan como relaciones parasociales”, asegura Gabriel. “Estos chicos no piensan que tienen una relación con esta persona o personaje a pesar de que realmente lo hacen“.

“A partir de que ubicamos en un otro un valor especial, ese otro ya forma parte de nuestro mundo interno como personaje con el cual nos relacionamos, independientemente de que haya o no una relación concreta y real con él. Ese otro puede ser un artista, un líder, un gobernante, un deportista, un entretenedor o alguien que creemos que sabe mucho, todas situaciones que nos hacen depositan en el otro una relación potencial. Esta generalidad se puede manifestar con matices diferentes. No es lo mismo alguien que nos brinda un entretenimiento o alguien que nos parece un referente intelectual. Hay algunas modalidades de presentación de estas figuras publicas que favorecen más la idea de una relación”, sostuvo Martínez Donaire.

Incluso podemos tener un apego parasocial a una celebridad o personaje de ficción que no podemos soportar. Según Riva Tukachinsky Forster, profesora asistente de la Universidad Chapman en California que estudia psicología de los medios y escribió un libro sobre relaciones parasociales, “podemos ‘amar y odiar’ a una celebridad o personaje y descubrir que no podemos dejar de leer sobre ellos o verlos”.

Fandom y relaciones parasociales: historia antigua

“Cuando formamos un vínculo parasocial con alguien, sentimos que realmente lo conocemos” (Getty Images)
“Cuando formamos un vínculo parasocial con alguien, sentimos que realmente lo conocemos” (Getty Images)

Claramente, no hay nada nuevo en estos vínculos parasociales. Estamos expuestos a ellos mucho más debido a la forma en que las personas expresan sus intereses en las redes sociales. En su libro, Tukachinsky Forster dice que las PSR se remontan a la antigüedad romana (1-2 d.C.), con personas obsesionadas con las celebridades de su tiempo, como actores y retóricos. Luego, por supuesto, está el ejemplo de Dios.

“El cerebro humano probablemente evolucionó en un momento en que la gente realmente necesitaba conexiones sociales para sobrevivir”, dice Gabriel. “No somos físicamente fuertes como otros depredadores ápice, así que para sobrevivir, la gente tenía que vivir en colectivos”.

Tenemos un mecanismo primitivo que nos impulsa a formar vínculos estrechos con las personas. En nuestra etapa de evolución actual, ese mecanismo no diferencia entre las relaciones reales y aquellas de las que aprendemos a través de películas, programas de televisión o Internet (como influencers, YouTubers o podcasters que, sinceramente, extrañaríamos si se desconectaran).

“Cuando formamos un vínculo parasocial con alguien, sentimos que realmente lo conocemos. Sabemos lógicamente que no lo hacemos, pero nuestro cerebro primitivo no se da cuenta de eso, por lo que el sentimiento es real. Así que es realmente difícil cuando hacen algo que no encaja con lo que sabemos sobre ellos“, concluye la especialista en PSR.

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