Testimonios de la maternidad en solitario: “Nunca viví tan feliz en forma continua en mi vida”

El modelo de familia tradicional se amplió y dio paso a nuevas formas de crear un hogar, y cada vez más mujeres deciden tener un hijo pese a no estar en pareja. María Elvira fue madre a los 43 años por donación de gametas. "La foto de mi presente me gusta mucho y tiene que ver con que soy mamá de Helena", contó a Infobae

A los 40 años, su ginecóloga la alertó acerca de que el tan odiado "reloj biológico" marcaba el tiempo límite en el que una mujer puede ser madre de manera "natural" (Marianela Carunchio)
A los 40 años, su ginecóloga la alertó acerca de que el tan odiado "reloj biológico" marcaba el tiempo límite en el que una mujer puede ser madre de manera "natural" (Marianela Carunchio)

“Nunca pensé que no iba a ser madre”. Parece un juego de palabras, pero no. En lo profundo de su corazón María Elvira sabía que no quería perderse de esa experiencia, sólo que el tema no la atormentaba. “Pensaba que en algún momento iba a suceder, y a los 40 años hice ‘el click’ y me di cuenta que tenia que hacer algo proactivamente”, contó a Infobae.

Fue allí que pasó del “no quiero no ser madre” al “voy a ser madre”. Después de todo, dicen que a los sueños hay que ayudarlos.

María Elvira había tenido una pareja mucho tiempo, con quien buscaron un embarazo, pero no se dio. “Soy heterosexual”, aclaró, para luego agregar: “A mis 32 años nos separamos y no volví a tener una pareja formal”.

A sus 40, fue su ginecóloga quien la alertó. Sí, el tan odiado “reloj biológico” marcaba el tiempo límite en el que una mujer puede ser madre de manera “natural”, y luego de pedirle unos análisis y advertir que en su perfil hormonal había algunos valores modificados, le recomendó que consultara a un especialista en fertilidad.

Después de asimilar la información y meditarlo con la almohada, María Elvira decidió hacer una consulta. “¿Cuánto tiempo tengo?”, le preguntó a la médica que la atendió en esa oportunidad y que después fue la que la acompañó en todo el proceso. “No mucho”, le respondió Natalia Fernández Peri, tocoginecóloga, especialista en reproducción asistida y directora del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) Buenos Aires.

“La doctora Natalia”, como María Elvira la llama durante toda la charla telefónica con este medio, le había planteado un panorama muy claro. Otra vez, era ella la que tenía que decidir pasar a la acción.

Era fin de año, así que decidió tomarse el verano para pensar y responder(se) todas las preguntas: “¿Quiero ser madre por un deseo propio o es algo cultural?”, “¿quiero ser madre en estos términos?”.

María Elvira quedó embarazada en el tercer tratamiento que se realizó (Shutterstock)
María Elvira quedó embarazada en el tercer tratamiento que se realizó (Shutterstock)

Al cabo de ese tiempo, seguía teniendo interrogantes sin respuesta, pero decidió empezar. Quería ser mamá y para lograrlo tenía muchas cuestiones, desde burocráticas hasta médicas, que resolver y el reloj seguía corriendo.

Elegir un banco de esperma, y dentro de él la opción de muestra (sí, hay varias alternativas, desde las que descartan enfermedades genéticas hasta la que ofrece la posibilidad de en algún momento conocer la identidad del donante) fue lo que más le costó. “No me sentí contenida en mi rol de mujer heterosexual sin pareja, tuve la sensación de que no estaba contemplada la idea de la monoparentalidad -manifestó María Elvira-. Pero entendí que uno tiene que atravesar un camino cuando toma la decisión”.

En ese tiempo se aprobó en el país la Ley de Reproducción Médicamente Asistida y María Elvira vio en el horizonte que su deseo “era posible”.

Es que el modelo de familia tradicional ya se estaba ampliando para dejar paso a nuevas formas de crear un hogar. Según datos de la Encuesta sobre la Estructura Social, realizada entre 2014 y 2015, y publicada en el libro La Argentina en el siglo XXI, una de cada diez familias del país es monoparental. De ellas, el 84% está a cargo de mujeres. El crecimiento de las familias monoparentales, fruto de la decisión voluntaria y meditada de una mujer, también es una realidad en las consultas de las clínicas IVI. “Si comparamos la cantidad de mujeres que tomaron la decisión de ser madres en solitario en nuestros registros durante los últimos cinco años, observamos un crecimiento de más de un 2.000%”, aseguraron desde ese centro.

Lo que parece desprenderse de estos datos es que no son nuevos modelos de familia sobre los que hablar en un futuro, sino una realidad que está trasformando la sociedad actual.

“Criar un hijo sin una pareja no implica necesariamente tener dificultades emocionales. Lo fundamental en la crianza es el vínculo entre los progenitores y los niños, la disponibilidad emocional y un contexto social apropiado para el desarrollo psíquico de los niños”, consideró María Villamil, encargada de la Unidad de Apoyo Psicológico de esta institución en Buenos Aires.

Helena nació por cesárea, cuando María Elvira tenía años, en enero de 2017 (Marianela Carunchio)
Helena nació por cesárea, cuando María Elvira tenía años, en enero de 2017 (Marianela Carunchio)

Y si bien la actual es una sociedad más abierta y existe una serie de marcos legales que contemplan a las familias monoparentales, aún hay dudas y miedos que pueden surgir al momento de afrontar una crianza sin pareja. Por eso desde ese centro de fertilidad lanzaron La mejor decisión, una guía práctica para familias monoparentales, que apunta a brindar información sobre los tratamientos y la legislación local, así como también compartir experiencias para hacer el proceso más sencillo y reafirmar la convicción de un deseo tan profundo como es el de la maternidad.

Fue luego de dos intentos fallidos, que la médica le recomendó a María Elvira intentar con óvulos también donados. Y la tercera fue la vencida: quedó embarazada de Helena, que nació a sus 43 años, en enero de 2017.

En el parto, que fue por cesárea en la semana 40 de gestación, la acompañó su madre, que había venido desde Villa Gesell donde vive con su padre a acompañarla. “Mi mamá y mi papá inmediatamente apoyaron mi decisión cuando les conté que sería madre de este modo, al igual que mis dos hermanos menores -contó María Elvira-. Mis hermanos viven en Buenos Aires y estuvieron conmigo cuando los tratamientos no funcionaron; son tíos muy presentes, al igual que sus compañeras”.

- ¿Creés que la sociedad está familiarizada con este tipo de familias?

- Cada vez más. Tuve una experiencia muy triste con la primera pediatra a la que llevé a Helena. Ella tenía diez días y no se prendía bien a la teta; había perdido peso y estaba hipotónica.

No me olvido más cuando la médica me deslizó que la nena podría tener problemas neurológicos y no sé cuántas cosas más porque no contábamos con la historia clínica de los progenitores.

Yo había entrado sola a la consulta, pero mi mamá estaba afuera, y cuando le pregunté si podía entrar por si se me estaba escapando alguna pregunta me dijo que no.

Yo puérpera y llena de miedos, imaginate cómo salí. Por suerte mi entorno me ayudó a decidir no volver a esa médica.

Después tuve otra situación no muy agradable en el primer jardín Helena, cuando me citaron porque la nena mordía y ni bien llegué a la reunión me aclararon “no queremos que pienses que es porque no tiene papá”.

La tarea nada sencilla de contarles a los niños su origen

"Vivimos en una sociedad en la que saberse diferente y enunciarlo no es cosa fácil y que Helena lo pueda decir con tanta libertad me emociona" (Marianela Carunchio)
"Vivimos en una sociedad en la que saberse diferente y enunciarlo no es cosa fácil y que Helena lo pueda decir con tanta libertad me emociona" (Marianela Carunchio)

Los hijos suelen desafiar a los padres con sus planteos y preguntas. Será porque María Elvira es editora de literatura, y estudió Ciencias de la Comunicación y Letras que el “cómo” se comunica -para ella- no es menor.

Helena tenía dos años cuando puso a su mamá de frente con el primero de tantos momentos de esos en que los hijos gustan dejar sin palabras a sus progenitores. “Violeta es mi papá”, le dijo la pequeña mientras la madre la bañaba. “Violeta es la niñera y si bien hoy puedo decir que me emociona que la ubique en un lugar de tanto sentimiento, en el momento no me esperaba esa salida; quise zambullirme en la bañera para nunca salir”, bromeó la mujer. “Me enfrentaba a decirle dos verdades: una que Violeta no era su papá y la segunda, que no tenía papá. Le dije eso como pude y después le ofrecí galletitas de chocolate”, recordó.

Y tras resaltar que la pequeña ya le preguntó otras dos veces por qué no tiene papá y le pudo “contar la verdad con libertad”, evocó: “La segunda vez yo estaba lavando los platos y me dijo ‘¿por qué yo no tengo un papá?’, a lo que le respondí que yo tenía muchas ganas de ser mamá y le pedí ayuda a la doctora Natalia, que la había puesto en mi panza”. Y destacó que siempre le remata la historia diciéndole que nunca se había imaginado “que iba a ser tan lindo tenerla como hija”.

“Helena sabe que no tiene un papá, y el otro día ocurrió un hito: me pidió que dibujara a nuestra familia, y cuando le pregunté a quién quería que dibuje me detalló ‘a yo y a vos’”.

Ahora la pequeña va a otro jardín, que según su mamá “es hermosísimo”. Y compartió una situación que ocurrió en una clase por Zoom durante esta cuarentena: “La maestra les pidió que mamá o papá le saquen una foto al dibujo, y ella me dijo ‘en esta casa no hay un papá’, y me manifestó que se lo quería decir a su señorita (aunque ya lo sabía). Así que le habilité el micrófono y ella pudo decir frente a todos sus amiguitos que no tenía un papá”. Con la voz entrecortada de la emoción, del otro lado del teléfono la mujer agregó: “Vivimos en una sociedad en la que saberse diferente y enunciarlo no es cosa fácil y que Helena lo pueda decir con tanta libertad me emociona”.

- ¿Ser mamá es como te imaginabas que iba a ser?

- Ser mamá me abrió un mundo totalmente diferente. Hay una imagen mental que me persigue y es que cuando nació Helena siento que nacieron un montón de globos de historietas vacíos y muchos tienen la palabra “miedo”, me parece que es porque Helena es chica..y después la maternidad me llenó de preguntas, pero lo que te puedo decir es que nunca viví tan feliz en forma continua en mi vida.

En vez de decirle “te quiero” a mi hija, que claro que se lo digo, siempre le digo que me gusta mucho ser su mamá.

En este estado de cuarentena, en el que siento que nos han dejado a todos quietos en una foto, la foto de mi presente me gusta mucho y tiene que ver con que soy mamá de Helena.

SEGUÍ LEYENDO

Últimas Noticias

MAS NOTICIAS