Un jueves siete y media de la tarde, el tránsito en la porteñísima avenida Corrientes es caótico, pero el teatro Maipo se va llenando de gente que espera para ver al actor Imanol Airas en La Vida a Palos, mientras, en el segundo piso, y abierta al público está la muestra de su esposa la españolísima, Irene Meritxell, que recibe a Infobae entre las fotografías que ella misma sacó.

El arte estuvo en su vida desde temprano. "Vengo de una familia muy creativa. Mi casa ha estado llena de pinturas, de cosas para coser, para bordar". Fue así como lo primero que llegó a su vida fue el diseño, y luego se abrió paso en la fotografía. 

"Soy una persona bastante tranquila, en general feliz, bastante positiva, así se define la mujer que hace 10 años conquistó a Imanol, el actor español que enamoró a las argentinas en la película Camila (María Luisa Bemberg, 1984) y en esta charla cuenta cómo fue el primer acercamiento.

Una pareja que tuvo altibajos y que apostó al amor : Irene Merixtell e Imanol Arias.
Una pareja que tuvo altibajos y que apostó al amor : Irene Merixtell e Imanol Arias.

—Además de hacer la fotografía fija de muchas películas y de Cuéntame, diseñas zapatos también. Lográs mantener tu independencia y acompañar a Imanol en su recorrido… hay algo ahí que lograron hacer funcionar.

—Se compagina mucho porque al final cuando estoy diseñando no necesito estar físicamente en un sitio. Puedo trabajar con mi ordenador y mis trastos, y me da igual estar aquí en Buenos Aires que en España. Puedo organizar muy bien el tiempo, cuando son cosas concretas como una película en alguna ocasión no coincide, pero intento que coincida.

—Pero hay una elección como mujer de trabajar, podrías estar este mes paseando en Argentina y sin trabajar…

No sé vivir sin trabajar. Me gusta mucho. Porque quizás no considero que mi trabajo es un trabajo de 8 a 15 y de 17 a 19 que tienes que cumplir. Mi trabajo sale de mi vida, de lo que hago día a día, de lo que va surgiendo. No tengo la sensación cuando trabajo, de estar trabajando de verdad. Ahora estoy haciendo una colección de zapatos para una marca que se llama De flores y floreros, que conocí por casualidad.  Me gusta que todos los proyectos de moda estén relacionados con el diseño y la fotografía.

En la India – y aquí una de sus fotos emblemáticas en ese país- Irene terminó de conectarse con la potencia de la fotografía. (Merixtell)
En la India – y aquí una de sus fotos emblemáticas en ese país- Irene terminó de conectarse con la potencia de la fotografía. (Merixtell)
“La primera foto con la que realmente empezó a latirme fuerte el corazón fue en la India. Ví un grifo pequeñito en una fuente donde iban dos niños chiquitos, que en vez de coger agua se pusieron a jugar… de repente, paré y miré la pantalla de la cámara, esa foto era verdaderamente un cuadro”.

—Hablabas de la nueva mujer, ¿Cómo nos estás viendo a las mujeres en general?

—Por fin estamos empezando a ser capaces de reivindicar con otra forma de comunicar, de hablar. Creo que la mujer ha tenido toda la vida una situación bastante incomoda, difícil, y de inferioridad, pero creo que también ha sido mucha culpa nuestra porque estoy totalmente convencida que es muy importante saber ponerte en tu sitio, saber estar, saber poner los límites, dejar las cosas claras. Y sobre todo si hay algo que no te gusta la clave de conseguir lo contrario es cómo decirlo, cómo hacerlo. Durante muchos siglos no hemos sabido hacer eso bien. Hemos encontrado la manera de pedirlo o de exigirlo, de que se nos escuche de otra manera. O por lo menos en la sociedad en la que estamos hoy en día que creo tenemos más herramientas para luchar.

Irene posa orgullosa frente a sus fotografías (Ricardo Levy)
Irene posa orgullosa frente a sus fotografías (Ricardo Levy)

—¿Hay algo del recorrido que te haya costado más por ser mujer?

—Realmente tengo que decirte que no. No lo he sentido nunca. Creo que he puesto los límites en su sitio y no me he sentido nunca ni maltratada, ni apartada. He tenido mucha suerte trabajando con amigos. Pero sí he visto casos, he visto personas a mi alrededor que lo han pasado muy mal. Y por eso me siento muy afortunada.

—En Argentina hace muy poquito se debatió la legalización del aborto, finalmente no prosperó. ¿Qué mirada tenés del tema?

—Doy por hecho y entiendo que al final llegarán a legalizarlo, llegarán a hacerlo, espero, porque me parece que es básico e importantísimo. Creo que en todo el mundo tenemos derecho a elegir, y cuando te pasa una cosa así sin que tú quieras no me parece que sea obligatorio tener un hijo, si no te sientes capaz, si no te sientes con medios para tenerlo. Cuando una mujer decide abortar no lo hace por gusto, si lo decide hacer es porque no encuentra otra manera. Con lo cual ahora hay que ayudar a esa persona. Yo soy a lo mejor un poco radical en eso, pero me parece muy fuerte que te diga un gobierno, un Estado, o quien sea: "No, no puedes abortar. Pero tampoco te voy a dar ayuda", porque si no quieres que aborte ayudala para que no quiera abortar. Como mínimo ¿no? Si no me vas a ayudar entonces no te metas en mi vida; yo soy un poco así.

—Quiero saber todo de tu casamiento.

—(Risas) Fue realmente todo muy poquito y muy pequeño. Nos fuimos los dos solitos de la mano a una notaría (escribanía) y lo hicimos porque pensábamos que tocaba, que era lo lógico, que era más cómoda la situación por muchas otras cosas. Pero no hicimos nada más porque no hacía falta, nos sentíamos casados.

—¿Hubo una proposición?

—No así como oficialmente, como a las mujeres nos apetecería. No, lo fuimos decidiendo, fuimos viendo poco a poco que era más cómodo, que era mejor para el día a día. Llevamos 10 años. Ya habíamos hecho la pareja de hecho hacía 6 años. Los dos ya nos habíamos casado, ya habíamos pasado por eso, yo creo que las relaciones son diferentes, se viven con otra madurez que no hace falta eso. Siempre es divertido, bonito, celebrarlo con amigos pero nos sentíamos ya casados, celebrados y felices. Era una cuestión de papeleo.

—Cuando uno ya pasó por un matrimonio y por ciertas cosas en la vida, ¿hay otra mirada del amor?

—Sí. Son diferentes relaciones. Creo que la forma de enamorarte, de querer, de tener, no sé, esas relaciones tan pasionales cuando eres muy jovencita son bonitas, pero también se sufre muchísimo.

—Uno pone música para llorar.

—(Risas) Exacto, se recrea uno en el drama. Tanto lo bueno, como lo malo es mucho más histriónico. Ahora, a mí por lo menos, me apetece más y disfruto más una relación calma, profunda, de amistad, de compartir, de pasártelo bien trabajando, disfrutando de cosas, de las cosas más chiquitas. De las cosas más importantes. Esa es la base de nuestra relación y lo que disfrutamos.

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—¿Quién de los dos es más celoso?

—(Risas) No creo que seamos ninguno de los dos muy celosos. A nadie le gusta. Pero creo que los celos pueden surgir si la otra persona realmente hace algo incómodo. Yo no me considero muy celosa, si fuera muy celosa me volvería loca porque ya has visto aquí cómo es el tema de las mujeres con Imanol.

—¿Pero las mujeres son respetuosas o se desubican?

—Hay de todo, como decimos allá: "Hay de todo y por su orden". Hay momentos incómodos y un poco de: "A ésta qué le pasa, se está volviendo un poco loca", pero al final esas situaciones violentas son tan ridículas que no me producen celos, me da un poco de vergüenza ajena cuando ves a una loca desubicada, que de repente va y le agarra y le besa y le grita.

La fotógrafa cuenta a Infobae que ni ella, ni Imanol son celosos, que viven un amor calmo y de cosas pequeñas. No reconoce que no sintió el deseo de ser madre.
La fotógrafa cuenta a Infobae que ni ella, ni Imanol son celosos, que viven un amor calmo y de cosas pequeñas. No reconoce que no sintió el deseo de ser madre.

—En las oportunidades que tuve de entrevistar a Imanol, cuando habla de vos se le cae un poco la baba…

—Como me dijo mi hermana la primera vez que lo conoció: "No se te olvide Irene que es el mejor actor que tenemos en España" (Risas). Cuando yo le dije: "Es más rico, es más bueno".

—Pero él habla de vos muy cariñosamente.

—Me quiere, sí, sí. Siento que me quiere y él es un hombre muy respetuoso, muy cariñoso, muy dulce. Y el cariño que todo el mundo le tiene es porque se lo merece de verdad.

—Si le pregunto a él, ¿en qué momento se vuelve insoportable Irene?

—La verdad que se queja poco, yo algunas veces le digo: "De vez en cuando deberías decirme algo, no sé, que no te gusta o algo". Yo soy muy petarda y a él le da mucha rabia, porque él es muy caprichoso y se ilusiona con todo, entonces llegamos a una tienda, algo de decoración y alguien dice: "Ay mira Imanol, ¿te gusta esto?" "Sí, me encanta. Irene, ¿lo llevamos?" Y yo: "No, pero para qué, yo no quiero nada". Él quiere comprar todo y yo no quiero nada. "Para qué queremos eso, dónde lo vas a poner." "Ay, no sé, pero es precioso, ¿no te gusta?". "Sí, sí, me gusta pero no me lo quiero llevar." Y el vendedor: "Pero si te gusta pues venga y te lo rebajo". Él es el comprador perfecto. Él todo lo quiere y yo le digo que no. Incluso, no sé, me quiere regalar cosas: "Te voy a comprar…" "A mí no me compres nada, no quiero nada." Y entonces se enfada: "Que eres una antipática, no puede ser…" y me riñe mucho por eso. Pero luego no sé, no discutimos, es un hombre que no pelea, no discute, es bastante tranquilo.

— ¿La maternidad nunca fue un deseo?

—No. Me encantan los niños, los disfruto, veo un niño pequeño y se me cae la baba, pero nunca he querido ser madre. No sé por qué, en mi casa somos cuatro hermanos y solamente la mayor tiene un único hijo.

—Hablábamos de las mujeres hace un ratito, y nuestra generación se empezó a reconciliar con la posibilidad de romper el mandato de los hijos como base de la realización.

—Realmente no vino, directamente mi vida me fue llevando a otras cosas y seguramente si un día hubiera dicho: "Uy, estoy embarazada", me hubiera vuelto loca y hubiera cambiado mi vida para cuidar a ese niño y quererle con locura pero no se dio. Y ya a estas alturas, creo que no, ya tengo 42, Imanol tiene 62, y ya no creo que sea lo mejor, porque tenemos otras cosas que hacer y para ser una maravillosa madre hay seguro muchas mujeres.

—Cuando se conocieron, ¿quién encaró a quién?

—(Risas) Pues nos conocimos una noche en el cumpleaños de un amigo común. Y bueno, él le pidió el teléfono a este amigo y al día siguiente me escribió. Pero tardamos mucho en decidirnos, estuvimos ahí un par de meses que nos veíamos, que hablábamos, pero tardamos bastante porque yo no tenía nada que ver con el mundo de los actores. A mí me daba mucho miedo y me costó trabajo. Pero sí, el primer paso lo dio él en el sentido de que me escribió él por primera vez. Me acuerdo de estar en mi casa y de repente recibir un WhatsApp, que sale el nombre, y fue: "¿Cómo?".  Y muerta, no me lo podía creer, porque no me lo imaginé nunca, hablamos esa noche toda la noche en plan amigos y nos reímos, pero no me imaginé nunca que me iba a escribir al día siguiente.

—¿Y le escribiste a alguna amiga contándole?

Me acuerdo que estaba mi madre en casa y le dije: "Mamá, me está escribiendo Imanol Arias", y me dijo: "Ay, no le contestes eh, no le contestes". Se puso muy nerviosa. Y dije: "Por qué no, mamá, no pasa nada". "Ay no, Irene por Dios, ay que susto" (Risas). Y yo le escribí y empezamos, porque me mandó un mensaje muy serio escrito y yo le puse con el mismo rollo así como de broma. Y mi madre: "Ay, por Dios, no le contestes". Fue muy poco a poco y hablábamos mucho y quedábamos muchas veces en plan amigos que luego cada uno se iba a su casa. Nos dimos cuenta de que realmente teníamos una intención seria porque no pasó nada en mucho tiempo. A estas alturas eso es raro, ya con estas edades (risas), normalmente suele ser más rápido.

—Si hablamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te voy a encontrar?

—Espero que lo más parecido posible a ahora. La verdad me gustaría no cambiar mucho. Y como dicen en mi tierra: "Virgencita, virgencita, quiéreme como estoy" (risas). Yo estoy contenta, no tengo sensación de que me falta algo, no tengo así ninguna carencia de nada que me gustaría pedirle a las estrellas. Estoy bien y me gustaría pues eso, mantenerme como me recuerdo toda la vida.

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