Las pérdidas de su padre y de su representante habían sido golpes duros en la vida de Roberto Sánchez. Sin embargo, el Gitano seguía manteniendo a su lado a Irma Nydia Ocampo, la mujer que le dio la vida.

Sin embargo, así como supo reflejar las muertes de Vicente Sánchez y de Oscar Anderle, Sandro de América narró con la crudeza propia de ese momento, la noche del 26 de agosto de 1992, cuando la madre del artista dejó de respirar para siempre.

"Perdoname hijo", le dice ella, postrada en la cama.

"¿Perdoname por qué?", le pregunta el ídolo.

"Vos eras un bebé cuando fui al médico y me descubrieron esta enfermedad de mierda. Venía una chica a darte el pecho porque yo no podía, por los medicamentos. Y esa chica a veces te dormía en brazos, porque a mí me costaba sostenerte", le responde el personaje interpretado por Paula Ransenberg.

"¿Y a qué viene todo esto?", vuelve a preguntar el artista.

"El dolor viene hace mucho. Me acuerdo las palabras del médico, artritis reumatoidea, progresiva e incurable. ¿Sabés lo que significa eso para una persona? Es como si te dijeran que vas a sufrir toda la vida", expresa ella.

"Puedo sentirlo", le dice él

"No podés", afirma ella.

"¿ Y a qué viene todo esto mami?", interroga Sandro.

"Necesito explicarte", le cuenta ella. "Me moría, pero estabas vos, y eso hacía que el dolor fuese más leve. Pero dolía, yo hacía lo posible por no molestar, y después te hiciste hombre, y vi que te estabas quedando solo, y sentí que era mi culpa. Y pensé que era mi deber como madre, si no había podido darte un hermano, al menos encontrarte una compañera, y quería buscarla yo misma, y me pasé toda la vida buscándola. Perdoname hijo", le confiesa.

"Vos no tenés la culpa de nada, de nada", la intenta tranquilizar el autor de Rosa, rosa.

"Echala", termina diciéndole ella en referencia a la mujer que estaba en ese momento al lado de su hijo, para luego cerrar sus ojos para siempre.

La conmovedora escena se cierra con el Sandro interpretado por Marco Antonio Caponi aferrado entre llantos al cuerpo de su madre, mientras de fondo se escucha la lluvia y los versos de Sus ojos se cerraron, el inolvidable tango de Carlos Gardel que el Gitano reversionara en 1971.

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