
“Costa Esperanza no es un lugar de moda, es más bien tranqui. No hay shopping, no hay boliches. Pero tiene algo que lo hace único en el mudo: en Costa Esperanza, están mis amigos”, decía la voz en off de Tomás (Nahuel Mutti) mientras como cada año hacía con Jose (Marcela Kloosterboer), Violeta (Agustina Cherry), Juan (Juan Ponce de León) y Nano (Marcos Marotta) una fogata con sus deseos.
Y así, en medio de un paisaje único y muy distinto al de los barrios donde vivían los chicos que miraban el programa, comenzaba Verano del ’98. Semillero de artistas, al elenco juvenil de la primera temporada se sumaban Teresa (Agustina Lecouna), Mauro (Alejo Ortiz), Clara y Benjamín (Dolores y Tomás Fonzi). Los adolescentes estaban acompañados de actores ya consagrados como Nancy Dupláa que venía de hacer Montaña Rusa y Fernán Mirás en la piel de Loly y Franco, mientras que los padres de los protagonistas eran interpretados por Mario Pasik, Susana Ortiz, Patricia Viggiano y Alicia Zanka, por mencionar solo a algunos de las decenas de artistas que pasaron por la ficción que a pesar de su nombre, duró tres años.
Patricia Maldonado, autora de Grande Pá! y Chiquititas venía de un año de mucho trabajo con la tira infantil de Cris Morena por lo que su “verano del ’98″ estaba pensado para descansar. “Había alquilado con mi marido y tres matrimonios una casa en José Ignacio, para mirar la playa”, contó la autora a Teleshow, que tras un llamado de Gustavo Yankelevich, cambió sus planes: “Me dijo que tenía una escenografía mortal con una inversión terrible para un programa para lanzar en el verano, pero que había tenido un problema con la historia”.
Fue entonces que la guionista, luego de algunas indicaciones del por entonces gerente de programación de Telefe, se puso a trabajar, desde Uruguay, mientras que en Buenos Aires Cris Morena ponía todo su talento en la música, que resultó crucial. En una época donde las palabras notebook e internet eran casi desconocidas y ni se imaginaba la “nueva normalidad” donde el home office es casi excluyente, el canal fue precursor: “(Yankelevich) Me alquiló dos casas y me mandó todo el equipo, mandó a la gente de Telefe para que nos instalaran internet, que estuviéramos conectados, era muy difícil en esa época, cuando todos iban a la playa, yo escribía”.
El pedido era claro: un programa para lanzar en el verano, dirigido a jóvenes de una franja etaria más grande que la de Chiquititas, que sirviera para emitir a las 21.00 y darle pelea a El Trece, que debutaba con Gasoleros.
Una de las cosas más recordadas de la ficción era el pueblo donde se desarrollaba, Costa Esperanza, a orillas del río. “Esa escenografía era un sueño”, dijo Maldonado y recordó una anécdota: “Se respetaba mucho lo que escribíamos, en un capítulo hicimos una regata y cuando fueron a grabar, no había viento, se pusieron los productores a empujar los veleros. Era un programa que andaba bien porque estábamos con la camiseta puesta”.
La autora trabajaría en los primeros capítulos y luego volvería a dedicarse de lleno a Chiquititas. Antes del debut el 26 de enero de 1998, ella ya se había dado cuenta de que Verano sería un éxito: “Me llegaban a José Ignacio los VHS con las escenas y mis hijos y los de mis amigos se volvían locos, me llamaba la atención cómo lo miraban, aún siendo chicos para el programa. Ahí sentí que algo iba a pasar”.
Para ella, uno de los factores principales para que fuera un éxito era el casting de actores, que estuvo a cargo de Cris Morena: “Entre ellos había mucha química, además era un grupo variado y muy carismático”. Pero también influyó la música que también estaba a cargo de la productora con quien la guionista trabajaba “codo a codo”, una proponía un tema y la otra armaba la música o viceversa.
Primeros romances, conflictos familiares, amistades y traiciones, dudas vocacionales, enfermedades y hasta partidas de seres queridos eran algunas de las temáticas que los personajes atravesaban. “Dije que quería hacer algo diferente a Chiquitias, con la problemática de adolescentes reales de acuerdo a lo que se puede hacer tele”, contó Patricia que antes de dedicarse a escribir, fue maestra jardinera.
¿En qué cosas te inspiraste para sumergirte en el mundo de los jóvenes? “Me gustan mucho los chicos y adolescentes, el adolescente es muy rico y pasa por una etapa única que me conmueve cuando empiezan a ser grandes, y siempre escucho y pregunto, a sobrinos, hijos, me gustan mas que los adultos y en los conflictos que tienen a ellos les lleva la vida. Los temas salieron de las charlas que tuve toda la vida con adolescentes, mas allá de que hago encuestas cuando empiezo un proyecto de unas noventa preguntas, son material riquísimo que da para hacer programas veinte años, en esa época no era como hoy que publican en redes y ya sabes lo que les pasa”.
“Tal vez fue eso lo que le dio trascendencia, aunque era una cosa televisiva y dramática, eso en algún lugar debe haber llegado”, reflexionó sobre por qué 23 años después el público recuerda la novela y cada vez que se escucha “Nada nos puede pasar”, inevitablemente se apodera la nostalgia.
La clave: “Verano logró que los chicos se identificaran. Aunque el lugar era fantástico, las cosas que pasaron tenían que ver con lo que pasaba, una vez que uno se identifica, hace suya la historia y eso generó esa incondicionalidad que teníamos con el público. Esos productos quedan porque los hacíamos con respeto por los chicos, que son la semilla del adulto”.
Además de Chiquititas, su producto estrella y al que más años le dedicó, Maldonado también escribió los libros de Rebelde Way, Floricienta, Camps 12 y Go! Vive a tu manera, entre otras novelas. Actualmente genera desarrollos de historias y personajes, lo que en la jerga se conoce como “biblia”, para que luego otros autores lleven a la pantalla. Además está trabajando en ideas de películas para realizar en streaming.
Como si se uniera a la fogata que hacían los protagonistas de Verano del ‘98, compartió su deseo para el 2021 en la industria: “Espero que cosa se vuelva a activar y recuperemos los trabajos. Siempre hace falta contenido, cambia la forma y la dinámica pero a la gente le importan las historias, las necesitamos siempre. El 2020 fue un cimbronazo tan grande que hay que reacomodarse, tengo esperanza que se encausara”.
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