Tras la presentación del Súper RIGI por parte del Gobierno, el banco JP Morgan analizó el proyecto y aseguró que es superior al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones Original (RIGI) en términos de beneficios, aunque planteó dudas sobre su eficacia para atraer nuevos capitales genuinos. De todos modos, sostuvo que abre la puerta a transformar la composición de la canasta exportadora.
Llamado formalmente Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, la iniciativa tiene como objetivo declarado promover el desarrollo económico, incrementar las exportaciones, favorecer la creación de empleo y fomentar el desarrollo de las cadenas de producción locales.
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Con una inversión mínima de USD 1.000 millones, el esquema se orienta puntualmente a “nuevas actividades económicas”, entendidas como todo proyecto industrial, tecnológico o de prestaciones de servicios vinculadas a infraestructura tecnológica y digital estratégica, “con impacto transformador en la estructura productiva nacional que, a la fecha de entrada en vigencia de la ley, no se desarrolle, produzca ni preste en el país, o cuyo grado de desarrollo resulte experimental o piloto”. Por ese aspecto, para JP Morgan, el alcance del plan es “acotado y preciso”.
En su último informe a clientes, el banco precisó que la propuesta tiene relevancia en tres dimensiones:
- Extiende la arquitectura de incentivos a sectores como infraestructura de IA, semiconductores y biotecnología avanzada, áreas en las que Argentina ha estado históricamente ausente de las cadenas globales de valor
- Mejora sustancialmente las condiciones fiscales y regulatorias respecto del RIGI base
- Evita la superposición con el RIGI existente, estableciendo reglas de exclusión claras para proyectos que se solapen
En cuanto a las implicancias macroeconómicas, JP Morgan señaló: “La pregunta analítica central es si el Súper RIGI generará inversión genuinamente nueva o simplemente redirigirá proyectos existentes hacia un régimen más favorable. El diseño se inclina fuertemente hacia la adicionalidad”.
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A su vez, aseguró que los costos fiscales probablemente serán menores a lo que sugieren sus críticos, dado que el régimen apunta a sectores donde Argentina actualmente cuenta con escasa o nula base imponible, “lo que implica que el Estado no está resignando ingresos existentes sino intentando crear nueva recaudación”.
“El camino político, sin embargo, resulta más complejo que el del RIGI original, que fue aprobado como parte de un paquete legislativo más amplio. Se espera que la oposición se concentre en las restricciones fiscales provinciales, las disposiciones de arbitraje y la percepción de un sesgo favorable a los inversores extranjeros. Aun así, la aprobación sigue siendo el escenario base”, afirmó el banco.
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Los analistas de la entidad consideraron también que el Súper RIGI es un instrumento de política “bien diseñado y estructuralmente superior al RIGI original en términos de incentivos por proyecto”, resaltando puntos como la alícuota del 15% al Impuesto a las Ganancias, la reducción de contribuciones patronales, el traslado ilimitado de quebrantos, la plena libertad cambiaria desde el inicio, la exención a los derechos de exportación e importación, un horizonte de estabilidad de 30 años y el acceso al arbitraje internacional sin necesidad de agotar previamente la vía administrativa. Esta última, junto a otras protecciones jurídicas, refuerzan la credibilidad.
En suma, celebraron la inclusión de disposiciones alineadas con las reglas del Pilar Dos de la OCDE, ya que garantiza que los incentivos no sean neutralizados por mecanismos de impuesto mínimo global.
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Destacaron que “la tributación sobre dividendos se reduce progresivamente a lo largo del tiempo, impulsando la reinversión temprana, mientras que las pérdidas pueden trasladarse a ejercicios futuros de manera indefinida”.
Son innovaciones que, según JP Morgan, “abordan obstáculos reales para atraer inversión en industrias de frontera en el actual entorno global de asignación de capital”.
El reporte concluyó: “Los riesgos centrales son políticos, no económicos, dado que el historial legislativo de la Argentina en materia de reformas favorables a la inversión es dispar. De ser aprobado, no obstante, la primera generación de proyectos bajo el Súper RIGI —probablemente en infraestructura de datos, hidrógeno verde o química de especialidad— representaría un cambio estructural genuino en la composición exportadora argentina".
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