A contramano del refrán popular, Max Berliner, solía aconsejar: "Dejá para mañana lo que puedas hacer hoy". Porque si algo caracterizaba a este actor y director, precursor del idish en la Argentina, era que siempre tenía proyectos para el mañana. Y esos proyectos podían ser desde volver a releer El hombrecillo de los gansos, de Jakob Wassermann, protagonizar una publicidad de un analgésico, soñar con dirigir una obra encabezado por Adrián Suar, jugar al dominó con sus nietos, participar en un corto de alumnos de cine o simplemente salir a caminar y observar las caras de las personas.

Berliner nació el 23 de octubre de 1919 en Varsovia, y llegó a la Argentina en 1922. En Polonia, su padre trabajaba en la producción de municiones para el ejército, pero en la Argentina se dedicó a fabricar camas. A diferencia de otros padres que querían un hijo doctor, estos querían que su hijo fuera actor: "Con mi mamá,  me hicieron estudiar piano, violín y declamación. Soñaban que fuera artista. Pero yo, como músico era un desastre, así que me dediqué al teatro".

Max Berliner en los Martín Fierro
Max Berliner en los Martín Fierro

Para que el pequeño pudiera actuar sus padres comenzaron a buscar entidades de polacos judíos. "Había mucho teatro en idish. Mi viejo quería que lo aprenda, entonces me llevaba al teatro desde los cinco años". En la primera obra que hizo –tenía solo cinco años- interpretó  a un chico que estaba delante de un barco de inmigrantes que llegaba a la Argentina. "Mi viejo me contactó con un mal director de teatro que me hizo hacer un papel en la obra de Scholem Aleijem, 'Inmigrantes', y empecé a sentirle el gustito a todo eso. Luego comencé con el recitado en idish de poemas de autores estadounidenses judíos, y me empezaron a conocer en el ambiente".

Y justamente fue en el teatro que a los 23 años conoció a la artista plástica Rachel Lebenas y no se separaron más. Ella se enamoró de su arte y él "de todo lo que es ella", como repetía. Construyeron una relación hermosa que duró más de setenta años. ¿El secreto? "La vida es amor. El amor te da energía, te ayuda a crear, a charlar, a hacer, a construir, a realizar tus proyectos, tus sueños".

Berliner participó en más de 40 películas. Entre ellas, Los gauchos judíos, Y mañana serán hombres, La Patagonia rebelde, Plata dulce, Las barras bravas, El muerto, Plata dulce En retirada, Los tigres de la memoria, La cruz invertida, El lado oscuro del corazón, Yepeto. A los 96 años protagonizó El último traje donde interpretaba a un sastre de origen judío que decide buscar a un amigo que los salvó durante la Segunda Guerra Mundial. En televisión formó parte de los elencos de El pulpo negro, Amigos son los amigos, Chiquititas, Tumberos, Botineras, Como pan caliente, Disputas, Doble vida, Casados con hijos, Hermanos y detectives, Malparida y Graduados.

Trabajó con grandes actores como Pepe Soriano, Federico Luppi, Héctor Alterio y Norma Aleandro,  con capocómicos como Alberto Olmedo y Jorge Porcel y con las estrellas internaciones Sean Connery en Highlander II y Colin Firthen en  Apartment Zero.

El regreso a la televisión de Max Berliner en Graduados
El regreso a la televisión de Max Berliner en Graduados

Entre sus grandes amigos estaba Leibele Schwartz, padre de Adrián Suar. "Un día estábamos caminando con el padre de Suar y Adrián por la calle Corrientes y me pregunta: '¿Podré ser tan exitoso como mi papá?'. Mi consejo – no sé si lo ayudó – fue: 'vos tenes que trabajar, nunca bajar los brazos y valerte por vos mismo'. Finalmente él llegó a ser lo que es".

Además de sus trabajos como actor, desde el año 1947 y por casi 60 años ejerció como profesor de teatro y música en idish en la escuela Sholem Aleijem. Para él, el teatro podía ser una experiencia de aprendizaje más fuerte que una clase de historia. "Los datos de San Martín te los podés olvidar, pero si hiciste de San Martín te vas a acordar para siempre". Solía incentivar a sus alumnos talentosos pero también con humor y sinceridad a los que no  lo eran les sugería "vender ballenitas". Cuando dejó las aulas decidieron homenajearlo bautizando al salón de actos con su nombre. "Saqué la cuenta y en ese escenario caminé más de 40 mil  horas".  Por sus clases pasaron Esther Goris, Mario Diament y los periodistas  Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda.

En paralelo con su tarea docente  se convirtió en empresario teatral creando el Teatro Artea, en el que se realizaban obras judías en castellano y piezas argentinas en idish. "La AMIA me ayudó con el alquiler del local y el piano, y anduvimos bárbaro por muchos años. Una de las obras más importantes fue El Zoológico de Cristal que la vieron Norma Aleandro y muchos artistas llegados desde Israel".

Homenaje a la trayectoria de Max Berliner en los Martín Fierro 2012
Homenaje a la trayectoria de Max Berliner en los Martín Fierro 2012

Defensor de la cultura judía fue uno de los principales promotores del teatro en idish.  "El idish, lamentablemente, se fue eliminando. Es una pena. Pero creo que tenemos que seguir luchando para que vuelva, aunque sea un poco. El hebreo es el idioma oficial judío, pero en la diáspora el idioma es el idish, por eso no hay que dejar que se pierda o que se muera. Es un idioma hermoso,  un idioma romántico, un idioma dulce. No se puede perder. Tenemos que revivirlo". Sin embargo para Berliner lo esencial no era si se trataba de una obra en idish o castellano, si se actuaba en teatro, cine o televisión, su clave era "hacer todo con el mismo amor y la energía necesaria".

A medida que pasaron los años su vitalidad y energía se hicieron envidiables. Aseguraba que la clave estaba en desayunar todos los días  "magnesio granulado" algo que aprendió durante la filmación de La Patagonia rebelde cuando vio a los extras tomarlo. Su vigor hizo que lo convocaran en el año 2010 para filmar el comercial de un antireumático. Entonces el hombre que tenía casi 50 años de trayectoria y 90 de vida experimentó un estallido de popularidad: miles de visitas en Youtube y repercusiones en Twitter. "Me llamaron de la empresa Reumosán y me preguntaron si andaba en bici. Les dije que sí, y cuando fuimos a filmar les propuse correr y treparme. Ellos me dijeron que eso lo podían hacer digitalmente, pero yo insistí e hice todo, no lo podían creer. Cuando salió el comercial, en la calle, las minas me llamaban así y me pedían fotos pero me decían 'Reumosán'. Terminé en la tapa de la revista Gente con los personajes del año".

Junto con el reconocimiento popular también vinieron los premios. En los últimos años recibió el Premio Podestá a la Trayectoria  que entrega la Asociación Argentina de Actores, obtuvo en 2012 el Premio Martín Fierro y fue nombrado como Personalidad Destacada de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires por la legislatura porteña en diciembre del 2013.

A todo el que quisiera escuchar solía aconsejar: "Tener proyectos es lo más importante en la vida: tener cosas que hacer, vivir con ganas de seguir viviendo. Hay que quererse, amarse, respetarse. Tomarse un tiempo, dejar de correr y respirar. A veces no nos damos cuenta que lo que estamos respirando es la vida". Y esa sin duda fue la fórmula maravillosa de su larga y vivida vida.

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