El anuncio original de "El Pulpo Negro" en 1985 (Video: YouTube)

De pronto, en la televisión nacional prehistórica, blanco y negro, cámaras como locomotoras y escenografía de cartón pintado, sucedió un inolvidable cruce de vías: el amor y el horror.

Y el horror tenía un dueño exclusivo: un Satanás maquillado –hombre de mil caras– sin más norte que aterrar a las buenas almas…

Era, claro, Narciso Ibáñez Menta, que ayer, hace quince años, dejó este mundo a sus 91: larga vida. Tan larga como cuanto hizo en teatro, cine, televisión, en España y estas pampas.

Asturiano de Sama de Langreo, nacido el 25 de agosto de 1912, llegó con sangre de tablas: padres artistas líricos, y él, apenas a sus 8 años, pisó esas tablas de la mano de una histórica: Carola Ferrando.

Con sus padres en gira por América hispana recaló en Buenos Aires: su segundo (o primer) destino.

Narciso Ibáñez Menta
Narciso Ibáñez Menta

Hizo teatro clásico, gran repertorio (Arthur Miller, Jean-Paul Sartre), 36 películas y 28 series de televisión entre España y la Argentina, pero sin abandonar una obsesión: la figura del actor norteamericano (época del cine mudo) Lon Chaney –1833-1930–, un monstruo sagrado del maquillaje de horror. Cuentan viejos testigos que conocí que su cara desfigurada en El fantasma de la Ópera, desataba gritos de espanto en la platea, lo mismo que su Quasimodo y otros deformados, quemados, surcados por cicatrices…

Narciso, Narcisín, su apodo, no paró hasta descubrirlo. Chaney eludía la sala de maquillaje: su Caja de Pandora latía en una pequeña valija con pelucas, cremas de colores, misterios que nunca reveló…

Y nuestro compatriota (español, adoptó la nacionalidad argenta) siguió sus pasos…

Ese hombre de cuerpo pequeño –apenas pasaba el metro 62– y voz de ultratumba, renunció a Lope de Vega y Calderón de la Barca para la noble y terrible misión de hacer temblar de miedo a millones: en esos años, las mediciones eran precarias, pero Narciso triplicaba las mejores de hoy…

Después de un largo periplo por España, retornó a su país adoptivo, y a Canal 9, con dos miniseries de idéntico tenor
Después de un largo periplo por España, retornó a su país adoptivo, y a Canal 9, con dos miniseries de idéntico tenor

Entre 1959 y 1962, dirigido por su único hijo, Chicho Ibáñez Serrador, hijo de Narcisín y la actriz nacional de raíces hispanas Pepita Serrador, izó la bandera negra con calavera y tibias en el medio: "Obras Maestras del Terror: adaptaciones más o menos libres de los inmortales cuentos de Edgar Allan Poe: el atroz caso del señor Valdemar, los golpes del condenado a morir asfixiado entre paredes, el paralizante aullido del gato negro delatando al hombre que cegó y lo mató…

Recuerdo personal: el efecto especial, en tiempos de pura artesanía made in casa, de la putrefacción súbita del señor Valdemar al romperse el hechizo que lo mantenía vivo… ¡Inolvidable!

Después de un largo periplo por España, retornó a su país adoptivo, y a Canal 9, con dos miniseries de idéntico tenor: Un Pacto con los Brujos, El Sátiro, y poco después, la audacia de encarnar a Hitler en El Monstruo no ha Muerto, y por si alguna duda quedaba, a Drácula

Una imagen de Narciso Ibáñez Menta en “El Pulpo Negro”
Una imagen de Narciso Ibáñez Menta en “El Pulpo Negro”

El octópodo batió, quizá por su cantidad de tentáculos, a otros horrores del maestro: El Hombre que Volvió de la Muerte, El Muñeco Maldito, y otros estremecedores etcéteras.

En amores, después de separarse de Pepita Serrador se casó con Laura Hidalgo, una de las caras más bellas del cine nativo de los años 50. Él le llevaba quince años, y el amor duró apenas cuatro: se dijeron adiós en 1954.

Su última mujer fue Lidia Haydée Rojas Rojas, que lo acompañó desde 1959 hasta el 15 de mayo de 2004, cuando el gran maestro del espanto partió "de gira", como se usa decir en la farándula, desde Madrid al cielo o a su opuesto: acaso entre llamas y tridentes se sentiría mejor…

El día que Narciso Ibáñez Menta fue a lo de Mirtha Legrand y su torta de cumpleaños terminó en llamas (Video: YouTube)

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