Mala Fama es Hernán Coronel, un artista que desde 2001 viene expresándose de manera singular en ritmo de cumbia, y reinventándose, siendo uno de los pocos sobrevivientes de la primera generación de la cumbia villera.

Con récord de selfies pedidas, Coronel consiguió reactivarse utilizando las redes sociales. A través de su música creó un lenguaje propio, con ortografía, acentos, sonidos, palabras y gestos inventados, el abecedario personal de un mundo de fantasía.

En esta entrevista con Teleshow habla de su pasado, de la noche y, sobre todo, del país en el cual le gustaría vivir.

—¿Cuál es el significado de Mala Fama?

—El significado es bueno, no es malo: la fama mal hecha, los que piensan de que porque tomás un poco de cerveza o fumás un cigarro sos mala gente, o dicen "Este cachivache". Esa es la mala fama, no es alguna gente…

—¿Te pasó mucho que te juzguen por lo que hacés?

—Sí. Al grupo le puse Mala Fama porque de chiquito, cuando teníamos 13, 14 años, vivía en una cuadra donde había gente un poco grande, muchos inmigrantes italianos, y les molestaba que jugáramos a la pelota en la calle, que nos sentemos en la esquina. Nos hacían mala fama. Y hasta nos llamaban a la policía… Nosotros eramos vecinos, pero…

—¿De qué barrio hablamos?

—En ese entonces de San Fernando, Virreyes, zona norte.

—¿Te duele?

—No. Es algo injusto. Entiendo que es la naturaleza de cierto porcentaje de la sociedad, que son mal pensados. Es la esencia de cada uno, es la crianz. No hay nada que realmente marque un por qué ni para qué, todos viven una realidad distinta y, obviamente, como buenas personas tenemos que entender, comprender. Pero si no me dejás entenderlo, no me dejás comprenderlo, podés molestarme.

—¿Creés que tocar cumbia está estigmatizado?

— Sí, para determinada gente. Para muchos la palabra cumbia no existe, para otra gente es maravillosa, y para otra gente es sinónimo de gente mala, villera, chorra, de gente basura. Pero la música es sagrada si está bien hecha, en cualquier estilo, sea cual sea. Canto cumbia porque nací en un barrio popular y es lo que mi gente necesitaba. Aparte, con la cumbia puedo hacer 10 recitales por fin de semana, con el rock hacés uno por mes.

—¿Alguno de tus hijos se dedica a la música?

—Sí, uno es el tecladista de Mala Fama. Pero no quiero que él sea líder de una banda, que sea cantante. No quiero.

—¿Por qué no querés?

—Por el tema de que se trabaja mucho de noche, y más que nada físico.

—¿Cómo es la noche?

—Por más que él no fume, estás en un camarín, están todos fumando y cosas así. Le estoy abriendo camino para que sea productor musical y le armamos un buen estudio de grabación.

Con el aborto, hay algo que no tienen en cuenta. Hay hijos mal traídos al mundo que terminan en ratas que después matan a los demás. Algún día llegará alguien que ‘pingui pingui’. No es tan difícil…

—¿Hay algo de lo que te arrepentís, o que hubieras hecho distinto?

—No, porque todo forma parte. Yo nunca tuve trajines raros, ni ningún tipo de tragedia, ni quilombos feos. Siempre me manejé con mucha lógica, con mucha buena intención y si te encomendás a la música casi no hay probabilidad de que te pase algo malo. Después, si sos pescado, que como muchos agarran el camino de van re drogados, se chupetean todo, y bueno…

—¿Y cómo hacés para no caer en eso? Porque lo que contás de que estás en un camarín y que están fumando…

—Yo fumo cigarrillo…

—¿Con que soñás?

—Me gustaría hacer un país nuevo, dividir el país en dos.

—¿Cómo es eso?

Las sanguijuelas por un lado, y la gente humilde para el otro. Los que aman lo material, los que no comparten, los que son mezquinos o los que son acumuladores de riquezas, que se vayan a su casa o para el otro lado. Nosotros hacemos una olla popular y la compartimos, con una buena música terminamos todos bailando, y al otro día, arriba la vagancia.

—¿Adónde notás la grieta de lo que hablás?

Siempre hubo desprecio de una parte, de una gente hacia otra. No sé si es una grieta, es que empujan a la gente humilde a alejarse de los privilegios que son para todos, de un país tan rico y con tantas sustancias alimenticias que tenemos.

—¿Podrás contarme alguna situación en la que viviste esa circunstancia?

—Sí, muchísimas veces. Te das cuenta cuando pasás, terminas la Lugones y pasás para la Villa 31, y ves la villa al lado de la riqueza. ¿Cómo podes entender que el que preside hoy este país estuvo hace 15 años en la ciudad de Buenos Aires y eso está cada vez peor? Yo hoy hablo con todos, cara a cara, y busquen una solución con amor, con paciencia, con buena intención, con lógica de ser humano.

Hernán Coronel, en el estudio de Infobae
Hernán Coronel, en el estudio de Infobae

—¿Te sentiste excluido alguna vez?

—Sí. Hace poco entré a una verdulería y mientras el dueño me va a atender temblando, la mujer va afuera por las dudas, porque te ven con una visera, ¿entendés? Pero, bueno, los entiendo también. Decí que andaba en un buen día porque sino la escupía, pero lo entiendo, porque hay muchas ratas. Ahora que estuvimos con este tema de la ley del aborto, que hay algo que no están teniendo en cuenta: en este país hay mucha gente que hace las cosas mal, o violadores, asesinos, ratas que se meten en las casas de la gente y les roban y las maltratan, porque muchos fueron o son traídos a este mundo por personas que no se amaron. Los tipos vos sabes cómo son, casi todos saben cómo son: por tingui tingui, no les importa lo que pase después con una mujer, que la mujer después se come todo ese problema y todo ese quilombo de… bueno, hijos mal traídos al mundo, y terminan en ratas que después matan a los demás, lamentablemente. Pero bueno, algún día va a llegar alguien que pingui pingui. No es tan difícil, no es tan difícil…