¿Por qué algunas personas que parecen tenerlo todo a su favor se quedan a mitad del camino mientras otras, que han nacido en circunstancias adversas, alcanzan cada objetivo que se proponen? La respuesta a esta pregunta la encontrarás en El Círculo Virtuoso, una obra reveladora que explora cuáles son las creencias y los hábitos de aquellos que logran resultados extraordinarios en tiempos de incertidumbre.

Ese es el prólogo del libro que la comunicadora Gaby Natale escribió tras 10 años de entrevistas con grandes personalidades de la cultura, el deporte y la ciencia, para plantearon una premisa provocadora: el talento o la fortuna no predicen el éxito.

Pese a contar con una licenciatura en Relaciones Internacionales y un posgrado en Periodismo, pero estuvo más de un año sin conseguir trabajo en la Argentina destrozada que dejó la crisis de 2001. Hasta que surgieron ciertas "cosas del destino", como dice Gaby: así la conoce el público que la convirtió en una estrella televisiva de los Estados Unidos.

Argentina, nacida en La Plata hace 39 años, Natale ganó tres Premios Emmy consecutivos como Mejor Conductora en Español. Es por su show de entrevistas, SuperLatina, que sale por el primer canal público norteamericano en castellano, Vme TV.

—¿Por qué decidiste escribir tu primer libro?

—Cunado empecé a escribirlo, ya hacía más de 10 años trabajaba como presentadora y periodista de SuperLatina, entrevistando a gente que considero fascinante. Entonces un día, cuando terminaba de grabar uno de los episodios de mi show, estaba sentadita en el estudio y dije: "¿Pero qué tienen en común todos mis entrevistados?". Porque tengo gente que viene del deporte, de las artes, de la ciencia, la tecnología, empresas. Y todos han logrado resultados extraordinarios. Entonces empecé a pensar cuál es ese hilo que los une y que ha hecho que ellos sean tan exitosos.

—Apenas terminaste tus estudios estuviste desempleada.

—Sí, dos años.Porque cuando uno pierde la esperanza a veces no se permite ni siquiera soñar, que es gratis. Pero es muy difícil cuando sentís que… Una cosa muy común que nos pasa a los que estamos mucho tiempo desempleados es que empezamos a pensar que esa falta de respuesta del mundo, esa falta de llamados para contratarnos, es un reflejo de lo que tenemos para ofrecer, como profesionales o personas. "Ah, nadie me llama… Será porque lo que tengo para ofrecer no vale nada", piensa uno. Es un error, pero es algo que nos pasa, y te afecta la autoestima. Muchos me dicen: "Gaby, yo soy de los que sueñan mucho, planean mucho. Pero ahí me quedé. Me falta el hacedor".

—¿Cómo hacés para salir de La Plata e irte a Estados Unidos?

—Argentina estaba muy difícil: más de 20% de desempleo en ese momento. Imaginate, en toda la época del corralito, yo golpeaba las puertas y me decían: "Si estoy despidiendo gente, menos voy a contratar a alguien nuevo". Entonces, primero fue un poco cambiar el chip. Un día estaba en mi casa, mirando tele. Era la época del talk show de Moria (Casán), Entre Moria y vos. Estaba deprimida y la estaba mirando a ella, y de repente… ¿Viste cuando te olvidás de que estás triste? Ella tiene una cualidad que tienen las muy buenas presentadoras y conductoras: mientras vos estás mirándola a ella en el televisor, te mete en su mundo. Entonces, me empecé a reír aunque estaba deprimida. Y sin darme cuenta, así como de una manera muy distraída, le dije a quien hoy es mi marido, que en ese momento era mi novio: "Esta mujer, ¡qué increíble! Me maté de risa. Y en mi próxima vida yo quiero hacer lo que hace ella, quiero tener mi propio talk show, quiero hacer lo que está haciendo ella". Y él, que me quiere mucho, me conoce y sabía que yo estaba hablando desde un mal momento, me miró y me dijo: "¿Por qué vas a esperar a tu próxima vida?".

—Qué sabio lo que te dijo, ¿no?

—Sí. "Si esto es algo que te hace feliz, si esto es algo que te entusiasma tanto, ¿por qué vas a esperar a tu próxima vida?". Y ahí hice un clic. Todavía no tenía el cómo iba a lograrlo, todavía no tenía un camino trazado, pero hice algo bien importante: darme el permiso de empezar a soñar. En ese momento tenía 23, 24 años, y ya estaba diciendo que tenía que dejar para mi próxima vida algo que en esta, estaba a mi alcance. No fue instantáneo, mágico, fácil, para nada, pero estaba a mi alcance. Eso, a nivel emocional. Y por otro lado, cuando estaba desempleada un día me llamó una amiga que trabajaba en una agencia de publicidad y me dice: "Estamos haciendo una conferencia de marketing político, venite a ayudarnos". Yo pensé que era ayudarlos como periodista.

—¿Y para qué era?

—Ella quería que yo repartiera panfletos, que moviera sillas. No tenían presupuesto, por eso me llamó como "Venite de onda". Y como era mi amiga, le dije que sí. Pero colgué y me sentí que era súper looser. "Tengo una maestría y voy a trabajar gratis repartiendo panfletos", me dije. Mi mamá me llamó ese día y, viendo que estaba caída, me dijo: "¿Tenés algo mejor para hacer mañana?". "No, si estoy desempleada". "Mirá, esto es lo que vas a hacer: mañana te vas a levantar, te vas a poner la mejor ropa que tengas, un lindo lápiz de labio, vas a sonreír, y andá con tu mejor actitud porque nunca sabés cuándo va a ser el día que la oportunidad va a golpear a tu puerta". Mi mamá parece bruja porque al día siguiente, en medio de la conferencia, viene mi amiga re estresada que les canceló el traductor. Y como yo era bilingüe me asignaron para traducir a una delegación de profesores de la Universidad George Washington, de Estados Unidos. Y ese fue el encuentro, el contacto, para empezar a trabajar.

—Todo en una cadena, como un efecto dominó.

—Ahí me mudé a Estados Unidos. Pasé de desempleada a ejecutiva de relaciones públicas en Washington DC.

—Y vos no querías ir, hasta te parecía poco ir a repartir volantes, y después, te terminó dando el trabajo de tu vida.

—Por eso es bien importante dar el mensaje de que no hay trabajos demasiado pequeños: un trabajo bien hecho nunca va a pasar desapercibido.

—¿Te costó la adaptación viniendo de Argentina? ¿Te trataron distinto por ser latina?

—Es toda una adaptación. Al principio el idioma, obviamente. Yo era bilingüe, pero una cosa es practicar inglés en un aula y otra cosa es en el momento, en el lugar. Pensá que mi trabajo era llamar a todos los medios de comunicación en Washington para tratar de que publicaran o quisieran entrevistar a nuestros clientes. Y si ya de por sí hacerlo en tu propio idioma es difícil, es todo un desafío, hacerlo en inglés… Me cortaban, no me daban ni bolilla. Yo iba al baño, lloraba, y volvía a agarrar el teléfono y volvía a llamar. Entonces, es todo un aprendizaje. Y yo creo que llegar a un país donde no conocés a nadie y donde no tenés familia, y abrirte camino solo con dos valijitas, como yo llegué, es un baño de humildad. Es una experiencia que no puedo decir que se la deseo a todo el mundo, porque hay partes que son duras, pero te da una perspectiva y una conexión con el que tiene que empezar en otros lados. Donde sea que veo inmigrantes, me siento conectada de alguna manera.

—¿Y qué aprendiste? ¿Qué te dejó esa experiencia?

—Lo que vi en todas estas personas que entrevisté en mi libro es que es importante animarse a ver más allá de lo aparente. ¿Qué quiero decir? A veces mirás tu realidad, como me pasaba a mí: puede haber desempleo, algún tema de salud o una familia disfuncional, muchas cosas. Pero si lo miras con los cinco sentidos nada más, te sentís agobiado. Toda la gente que yo he entrevistado en algún momento de su vida se han enfrentado a la adversidad, a la incertidumbre, pero se dieron el permiso de ver más allá de lo aparente, de mirarse a sí mismos con los ojos del potencial, no solo de soy hoy sino de lo que yo ya tengo adentro mío, y puedo llegar a ser mañana. Un caso de esos es (el guitarrista) Carlos Santana. Lo entrevisté en su sala de ensayo en Las Vegas. Yo sabía que él había tenido que superar la pobreza, una familia disfuncional, y que había sido abusado sexualmente a los 8 años. Y yo quería preguntarle: "¿En qué momento, Carlos, te diste cuenta de que podías convertirte en un rockstar?". A eso le llamo yo ver más allá de lo aparente. Y él, muy en su onda Carlos Santana, me dijo: "Gaby, yo siempre fui un rockstar, eran los demás los que aún no me habían descubierto".

—¿En qué momento empezás a pensar en este libro?

—Este libro es muy causal. Yo ya tenía el círculo hecho y pensado, diseñado en una hojita la estructura del libro, y me llaman a dar una conferencia. Cuando sos periodista siempre te llaman para que hagas entrevistas abiertas, moderes paneles o conduzcas el evento, eso es lo normal. Pero en esta conferencia me dijeron: "Queremos que cuentes una historia vulnerable de tu vida". Y yo dije que sí porque faltaban meses, pero a medida que se fue acercando el tiempo dije: "Ay, ¿por qué dije que sí? Esto puede ser un suicidio profesional". En la conferencia estarían colegas, patrocinadores, agencias con las que trabajo, 400, 500 personas. Y decidí contar justamente esta parte del desempleo en la Argentina. Y antes de subir al escenario dije: "Si lo voy a hacer, lo voy a hacer lo más honestamente posible que pueda, no la voy a caretear, voy a tratar de abrir mi corazón y ser sincera". Y conté todo lo que me había pasado, partes vergonzantes, todo eso. Y cuando me bajé del escenario yo ya me sentía victoriosa porque me había animado.

—Lo habías logrado.

—Claro, me había animado a hacer algo que nunca había hecho antes. Pero lo que yo no sabía es que en esa audiencia había una agente literaria. Y ella me contactó. Por eso yo siempre digo que hay que animarse a salir de la zona de confort, que pasan cosas increíbles. Y esa agente literaria me contactó y me dijo: "Acá hay un libro". Y yo le dije: "Sí, acá hay un libro, pero yo ya lo tengo bocetado". Y tres meses más tarde Harper Collins, que es la segunda editorial más grande del planeta, nos hace la oferta para El círculo virtuoso. Así que fue increíble.