The Witcher es una de las franquicias más reconocidas de la fantasía oscura, pero su historia no empezó en una consola. Antes que los videojuegos existieron las novelas y los relatos del escritor polaco Andrzej Sapkowski, donde nació Geralt de Rivia, el cazador de monstruos conocido como el Lobo Blanco.
La relación entre esos libros y los juegos del estudio CD Projekt RED es más enredada de lo que muchos suponen: no es una adaptación que traslada la novela a la pantalla, sino dos versiones distintas del mismo personaje, con puntos de contacto y diferencias profundas.
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No son adaptaciones, son secuelas
Es la aclaración más importante para entender el vínculo entre ambos mundos. Los videojuegos de The Witcher no adaptan las novelas: son secuelas. Su trama transcurre cinco años después del final de los libros, con historia propia, aunque con referencias y guiños constantes a la obra de Sapkowski.
CD Projekt RED se topó con un callejón sin salida argumental tras la conclusión de la saga literaria y, para destrabarlo, llevó a Geralt de regreso a la fortaleza de Kaer Morhen, donde se había formado como brujo siendo niño. Una amnesia conveniente justifica que no recuerde lo narrado en las novelas y abre una historia nueva.
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Los juegos internacionalizaron a Geralt
Las novelas habían sido un gran éxito en Polonia y en algunos países escandinavos, pero no habían trascendido más allá. Eso cambió en 2007, cuando los libros sirvieron de base para el primer videojuego, que arrasó y popularizó la saga en los países de habla inglesa.
El primer título derivó en dos secuelas, The Witcher 2: Assassins of Kings y The Witcher 3: Wild Hunt. Este último, de 2015, es uno de los videojuegos más exitosos de los últimos años, con más de 30 millones de unidades vendidas. El patrón es claro: el autor le debe a los videojuegos buena parte de su alcance internacional, aun cuando su relación con ellos diste de ser cordial.
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Dos Geralt que no se parecen
El cambio más visible está en el propio protagonista. En las novelas, Geralt es un personaje frío y cínico, pero también melancólico y propenso a la autocompasión, que repite la frase “solo soy un brujo tonto y simple”. En los libros tiene un carácter volátil y temperamental, capaz de actos irracionales por ataques de ira. En los juegos, en cambio, aparece más dispuesto a la acción y, para muchos jugadores, con una actitud más altanera. A través de las decisiones del jugador, puede mantenerse como el brujo gruñón de los libros o volverse alguien más amable.
Las diferencias físicas son igual de marcadas. El Geralt literario es delgado y fibroso, de aspecto enfermizo y ojos oscuros, y recibe palizas que lo dejan al borde de la muerte. El de los juegos es imponente, lleva barba ocasional, dos espadas en lugar de una, voz grave y ojos dorados. En los libros, Geralt odia el vello facial y se afeita de manera casi compulsiva, lo contrario del aspecto barbudo que lo hizo famoso.
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Señales, relaciones y otros retoques
La magia es otro terreno donde los juegos amplificaron el material original. Las Señales, los hechizos básicos de un brujo, son mucho más poderosas en la trilogía que en las novelas. Por ejemplo, Igni se usa en los libros apenas para encender hogueras o quemar ropa, y Aard es solo un leve empujón, no un golpe capaz de derribar a varios enemigos a la vez. El fuego, restringido a dar luz y calor en los libros, se vuelve un arma en los juegos. El motivo es el género: un RPG de acción exige habilidades cada vez más potentes y vistosas.
Los personajes secundarios también cambiaron. La hechicera Triss Merigold luce una llamativa cabellera roja en los juegos, mientras que en los libros se la describe con pelo oscuro. La relación entre Triss y Geralt pesa mucho en los videojuegos, aunque en las novelas el brujo se arrepiente de su historia con ella. Del vínculo entre Yennefer y Ciri sostiene lo contrario: es más significativo en los libros, donde llegan a tratarse como madre e hija.
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Sapkowski y los juegos: una relación tensa
El vínculo entre el creador y el estudio es, cuanto menos, particular. Sapkowski nunca se entusiasmó con los videojuegos y que criticó abiertamente su contenido, al punto de asegurar que los hechos que narran no forman parte de su obra.
En una entrevista, el escritor fue más lejos y aclaró que ni siquiera juega. Consultado por The Witcher 4, respondió que no podía opinar: “No juego a videojuegos, a ninguno”, y pidió que no le preguntaran sobre el tema, aunque aclaró que no tiene nada en contra del medio. Ahí asoma una tensión: criticó el contenido de los juegos, pero dice no tener nada en contra de los videojuegos como entretenimiento.
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Un ejemplo concreto de cómo los juegos expandieron su obra es el de las escuelas de brujos. Sapkowski introdujo la idea en una sola frase sobre una “Escuela de Lobos” en El último deseo y luego se arrepintió, por considerarla narrativamente incorrecta. CD Projekt RED tomó ese detalle y multiplicó esas escuelas. “Completamente innecesario”, sentenció el autor, que incluso evalúa eliminar la frase de futuras ediciones del libro.
Mientras tanto, CD Projekt RED sigue trabajando en The Witcher 4, la próxima entrega de la saga en formato videojuego.
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