
Del 17 de enero de 1978. Capricorniana. A la vez ambiciosa y decidida, tímida y rencorosa (¡pregúntenle a Nicole Neumann!). Su signo -uno de los cuatro que tiene a la Tierra como elemento- simboliza los obstáculos y los impedimentos, la fortuna a menudo esquiva. Y también la lucha, que es cruel y es mucha. Las ambiciones profesionales. Y las carreras brillantes.
Así define el zodiaco a Carolina Ardohain, para quien cree en los astros. Y algo de eso hay. Porque esta morocha menudita de 1,65 de altura nació marcada por una buena estrella: teniendo todo en contra, todo lo consiguió. Sí, cual heroína de Disney. "Sí, ¡como la Cenicienta!", podría pensar ahora aquella colega que la apodó la Muqui…
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Fruto de un romance fugaz entre Tanhia Dos Santos, una brasileña de bajos recursos ("Siempre fui pobre", declaró la mujer años atrás), y Guillermo Ardohain, un poderoso hacendado de La Pampa, atravesó una infancia difícil. Sus padres separados antes de su nacimiento, una niñez sin carencias pero sin abundancias en su General Acha natal, la muerte temprana de Don Ardohain en un accidente de ruta…
Y entonces la mudanza casi obligada a la capital provincial, donde Caro completó la primaria y empezó la secundaria, a la vez que estudiaba danza clásica (lo hizo por casi una década). Aquel sueño tan puro de bailar en el Teatro Colón mutó dos décadas después en una elogiada participación en el Bailando por un sueño, ya sea en su versión argentina como en la chilena.
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¡Pero a no adelantarse! Regresemos al Colegio República Argentina. Y a sus compañeros de curso, quienes debieron insistirle -¡ay!, esa timidez tan suya…- para que se anotara en un concurso de belleza.
En septiembre de 1994, con apenas 16 años, Carolina Ardohain fue elegida Reina Nacional del Estudiante, en Jujuy. Y Reina Provincial del Trigo.
Un año más tarde debutaba en televisión, en un programa deportivo del Canal 3 de La Pampa. "¿Y cuál va a ser su misión acá?", le preguntó el conductor de Visión Sport a esa adolescente de hablar mínimo. "Y… secretaria: ordenarle los papeles…", contestó por lo bajo.
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Estuvo pocas emisiones. Tenía otros planes: sin esperar que la sorprendiera el futuro, Carolina prefirió ir a buscarlo. Armó un bolso con la (poca) ropa que tenía, se guardó unos 500 pesos que había ahorrado, y se instaló en un monoambiente porteño junto con una amiga. ¡Había llegado para golpear las puertas de la gran ciudad!, pero debió ingresar por la entrada de servicio. Empezó a trabajar de mesera en un bowling, como promotora en un supermercado, de vendedora de ropa más tarde.
En el verano de 1995 participó en el concurso que la revista Gente organizó con jóvenes desconocidas de todo el país. Y en la final, el apellido Ardohain se leyó… ¡en el tercer lugar! Una modelo llamada María José Lovrich -quien luego haría carrera en Europa- ganó el certamen La chica más linda de la Argentina. Pero la repercusión la obtuvo Carolina.
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Días después la revista volvió a convocarla, esta vez para una tapa compartida con Susana Sadej, una rubia de cierto peso. Y con una tal Julieta Prandi. El motivo: mostrar los nuevos hot jeans, unos pantalones con mayoría de retazos ausentes.
Y de inmediato, otro llamado: ahora existía la chance de que la portada fuera toda suya… ¡Plop! Bueno, es cierto: no hubo desmayo. Pero anduvo cerca: de La Pampa a ser tapa de una revista de tirada nacional, ¡casi sin escalas! Era demasiado.
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Ya frente al fotógrafo de la revista, las productoras y la periodista, surgió un pequeño escollo: Carolina Ardohain. No, no ella misma. Simplemente, su nombre y apellido. Su manera de posar frente a la cámara -sexy como pocas veces se había visto- necesitaba ser replicada con la misma contundencia. "¿Y si te llamamos Pampita?", le dijeron. La justificación estaba en sus orígenes, claro, pero también en un personaje de historieta creado por Horacio Altuna a fines de 1970. Sí, contemporáneo a ella. Y también descriptivo: el personaje Pampita era una chica muy bonita y con curvas generosas.

Pero Carolina no se convencía. "No me gusta mucho ese sobrenombre, pero si sirve para ser tapa… ¡acepto ya!", concluyó, meneando la cabeza.
En la noche de un domingo más para cualquier otro, esa morocha menudita nacida en General Acha -marcada por una estrella- hizo tiempo en la esquina de Pueyrredón y Libertador. Lo que esperaba llegó a la una de la madrugada, cuando cambiaron el cartel publicitario y colocaron la nueva portada de Gente. ¡Era toda suya! Y Carolina Ardohain pidió que le sacaran una foto al lado del afiche, de recuerdo. Porque quien estaba allí -en la publicidad- y quien se ubicaba en la vereda -como una cholula- eran la misma chica. Y sin embargo, ya eran otra: desde entonces -aquí y allá- son Pampita. Más bien… ¡es! Pampita.
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Lo que sucedió desde el día siguiente no se modificó más: propuestas laborales en cantidad y calidad. Por caso, a la semana se sumó al programa El rayo, de María Vázquez. Y vinieron los desfiles. Y su enfrentamiento con Nicole. Y la fama, la popularidad, los viajes por el mundo. Y su ascenso vertiginoso…
Pero lo que surgió a partir de ahí, es otra historia.
Y ya la contaremos.
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