Dario Amodei es uno de los cofundadores de Anthropic, la empresa detrás de Claude. En el último año, cobró 18 millones de dólares por ser el director ejecutivo de esta compañía, según Reuters.
Dicha remuneración lo ubica en una posición intermedia entre los máximos responsables de las grandes compañías tecnológicas. Como referencia, en 2025 Elon Musk recibió unos 158.300 millones de dólares por ser el CEO de Tesla.
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Recientemente, Amodei ha estado en el centro de atenciónb debido a declaraciones relacionadas con ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial y lanzamientos de su empresa.
Quién es Dario Amodei
Dario Amodei dirige Anthropic. Esta es una corporación de beneficio público enfocada en desarrollar sistemas de inteligencia artificial seguros, interpretables y controlables, según el blog empresarial.
Antes de fundar la compañía, fue vicepresidente de investigación en OpenAI, donde encabezó el desarrollo de modelos de lenguaje de gran escala, entre ellos GPT-2 y GPT-3.
Participó en la creación del aprendizaje por refuerzo basado en retroalimentación humana. Previamente, trabajó como científico investigador sénior en Google Brain.
Amodei es doctor en biofísica por la Universidad de Princeton, donde fue becario Hertz, y realizó una estancia posdoctoral en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.
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Cómo cofundó Anthropic
Dario Amodei fundó Anthropic tras salir de OpenAI a finales de 2020 junto con un grupo de investigadores, entre ellos su hermana Daniela. La decisión fue el resultado de diferencias sobre la velocidad del desarrollo de la inteligencia artificial y la necesidad de imponer límites a sus posibles riesgos.
Antes de crear la empresa, Amodei trabajó en Baidu, donde observó que el aumento de los recursos destinados al entrenamiento mejoraba el desempeño de los modelos de IA. Más tarde se incorporó a Google como científico investigador sénior, con foco en los peligros potenciales de esta tecnología.
Su paso por OpenAI definió buena parte de su visión. Como vicepresidente de Investigación, participó en el desarrollo de GPT-2 y GPT-3, pero sostenía que la empresa debía ser más cautelosa al comunicar sus avances y consultar con el gobierno sobre sus implicaciones.
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Las diferencias internas se profundizaron con el tiempo. Amodei mantenía una postura más prudente que otros directivos de OpenAI, incluidos Greg Brockman y Sam Altman, especialmente sobre la forma en que debían desarrollarse y difundirse los sistemas de inteligencia artificial.
A finales de 2020, Amodei y otros investigadores abandonaron la organización. Con menos de dos docenas de empleados y en plena pandemia de COVID-19, fundaron Anthropic, una compañía orientada a crear modelos de IA controlables, interpretables y seguros.
La nueva empresa no comenzó como una startup sin respaldo. Amodei logró atraer inversores de Silicon Valley, entre ellos el exdirector ejecutivo de Google Eric Schmidt.
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Recibió una inversión de USD 500 millones gestionada por FTX, aunque Amodei decidió no otorgar a Sam Bankman-Fried un puesto en el consejo de administración.
En sus primeros años, Anthropic se concentró en ofrecer modelos de inteligencia artificial a empresas de sectores como farmacéutica, servicios financieros, viajes y defensa. La compañía también recibió inversiones de grandes firmas, incluida Amazon.
El lanzamiento de Claude llevó la marca al público general. Aunque apareció un año después de ChatGPT, el chatbot fue adoptado con rapidez, en especial entre programadores, y se diferenció por incorporar criterios de seguridad como parte de su diseño.

Amodei se convirtió, además, en una de las voces más visibles sobre los riesgos de la inteligencia artificial. En 2023, afirmó que veía una probabilidad de entre 10% y 25% de que esta tecnología pudiera destruir la civilización humana.
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Esa postura volvió a quedar expuesta cuando Anthropic se negó a eliminar restricciones para usos militares de sus productos y cuestionó ante la Justicia una designación del gobierno estadounidense como “riesgo para la cadena de suministro”.
Renuncia de Jacob Caxon
La renuncia del investigador Jacob Coxon a Anthropic abrió un nuevo debate sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.
Coxon, quien también trabajó en OpenAI, dejó la compañía al considerar que ambas empresas actúan de forma irresponsable frente a una tecnología que, según advirtió, no debe subestimarse por sus posibles riesgos para la humanidad.
Días después, Dario Amodei publicó un ensayo en el que pidió a las empresas del sector moderar el ritmo de desarrollo de la inteligencia artificial.
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Más tarde, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó un documento con ejecutivos de algunas de las principales compañías de IA durante una reunión en la Casa Blanca.
El texto, denominado “White House Accord on Super Intelligence”, plantea un compromiso voluntario de autorregulación para las empresas que desarrollan modelos de inteligencia artificial.
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