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La concentración de la superinteligencia podría deformar la economía y la política, advierte Mark Zuckerberg

En una columna publicada en The Wall Street Journal, el fundador de Meta sostuvo que esperar que un poder absoluto proteja de manera benevolente a la humanidad jamás ha garantizado resultados positivos a lo largo de la historia

Para Zuckerberg, los grandes avances de la historia no surgieron solo de instituciones establecidas. 

REUTERS/Evelyn Hockstein/Foto de archivo
Para Zuckerberg, los grandes avances de la historia no surgieron solo de instituciones establecidas. REUTERS/Evelyn Hockstein/Foto de archivo
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Mark Zuckerberg planteó que la disputa decisiva sobre la superinteligencia no giró en torno a su llegada, sino a su distribución: si quedará concentrada en pocas instituciones o si funcionará como una herramienta de empoderamiento individual. En una columna para The Wall Street Journal, sostuvo que “la cuestión fundamental de nuestra época no es si existirá la superinteligencia, sino quién tendrá acceso a ella”.

Su tesis se apoyó en tres principios: empoderamiento individual como fuente de prosperidad, invención como propósito principal de la tecnología y equilibrio de poder como base de la seguridad. Desde esa premisa, rechazó la idea de que la respuesta al avance de la inteligencia artificial deba ser una concentración extrema del control.

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Zuckerberg cuestionó el tono pesimista de parte de la industria. Dijo que no entendía por qué alguien que creyera que la IA eliminará la mayoría de los empleos y reducirá gran parte de la relevancia humana se apresuraría a construir ese futuro.

Zuckerberg cuestionó el tono pesimista de parte de la industria. 

REUTERS/Mike Blake/File Photo
Zuckerberg cuestionó el tono pesimista de parte de la industria. REUTERS/Mike Blake/File Photo

También advirtió sobre el riesgo político de esa lógica. Afirmó que la expectativa de que un poder absoluto proteja de forma benevolente a la humanidad nunca condujo, en la historia, a resultados seguros ni positivos.

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La superinteligencia debe ampliar la libertad de todos

Para Zuckerberg, los grandes avances de la historia no surgieron solo de instituciones establecidas, sino de individuos con herramientas y ambición. Por eso defendió que, a medida que las capacidades tecnológicas se vuelvan más potentes, cada persona sea más capaz de moldear el futuro y no menos.

Esa visión se asentó en una lectura optimista del progreso. Sostuvo que cada transformación profunda despertó temores sobre quienes podían quedar rezagados, pero añadió que la humanidad logró una expansión de prosperidad, salud y libertad.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Una superinteligencia (o superinteligencia artificial) es un sistema hipotético que supera con creces la capacidad mental y el razonamiento de cualquier ser humano en todas las áreas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fundador de Meta afirmó que ese patrón también podía repetirse con la IA. Dijo que la abundancia futura podría ser compartida por todos y que los valores que permitieron llegar hasta aquí fueron los mismos que harían posible un desenlace positivo: libertad, investigación abierta, libre empresa e igualdad de oportunidades.

La mayor contribución será inventar, no automatizar

Zuckerberg sostuvo que la principal promesa de la superinteligencia no residió en reemplazar tareas, sino en multiplicar la capacidad de descubrimiento. Señaló que las primeras herramientas de IA podían responder preguntas y ejecutar trabajos rutinarios, pero que la siguiente etapa ayudaría a generar conocimiento nuevo.

Ubicó esa expansión en terrenos concretos, desde el hallazgo de nuevos fármacos hasta nuevas formas de mejorar un negocio. Su argumento fue que, aunque las preguntas humanas diarias son limitadas, las invenciones valiosas que una superinteligencia podría producir para ayudar a cumplir objetivos serían ilimitadas.

Sobre esa base, trasladó el centro del debate desde la capacidad técnica hacia el criterio de uso. Dijo que, cuando la inteligencia se vuelva abundante, la pregunta decisiva será cómo dirigirla.

Zuckerberg sostuvo que la principal promesa de la superinteligencia no residió en reemplazar tareas, sino en multiplicar la capacidad de descubrimiento.   

 REUTERS/Carlos Barría
Zuckerberg sostuvo que la principal promesa de la superinteligencia no residió en reemplazar tareas, sino en multiplicar la capacidad de descubrimiento. REUTERS/Carlos Barría

No existe una única vida buena que una élite pueda definir

Zuckerberg rechazó la idea de que una superinteligencia única, o un grupo reducido de expertos que la controle, deba decidir qué es lo mejor para la humanidad. Afirmó que la historia de la democracia y de la economía mostró que no existe una sola respuesta objetiva sobre cómo definir la mejor vida.

A partir de esa premisa, defendió que las personas conserven la capacidad de decidir por sí mismas qué consideran importante. Su propuesta consistió en extender una superinteligencia personal a todos, en lugar de concentrar ese poder en el vértice del sistema.

La consecuencia, según su planteo, sería una nueva era de autonomía. Dijo que una distribución amplia de esas capacidades podría dar lugar a mayor libertad para perseguir intereses propios y alcanzar el máximo potencial individual.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Zuckerberg sostuvo que la mayor parte de los problemas sociales no podía resolverse alineando una única superinteligencia benevolente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Concentrar la superinteligencia deformaría la economía, la ciencia y la política

Zuckerberg vinculó la discusión sobre acceso con la estructura del poder social. Sostuvo que una sociedad sana necesita controles y contrapesos, y advirtió que si solo unas pocas instituciones poseen superinteligencia, terminarán ejerciendo una influencia controladora sobre la economía, la ciencia y la política.

“Si solo un puñado de instituciones poseen superinteligencia, inevitablemente ejercerán una influencia controladora sobre la economía, la ciencia y la política. Incluso con las mejores intenciones, esa concentración limitaría la capacidad de las personas para elegir su propio futuro”, sostuvo en el medio citado.

Es menester señalar que para él, el problema no es solo la voluntad de los actores, sino la forma misma de la distribución del poder.

Para ilustrarlo, propuso un ejemplo jurídico. Dijo que si una sola persona tuviera un abogado superinteligente contaría con una ventaja injusta en los tribunales, aun si su posición fuera errónea, pero que si todos tuvieran ese mismo recurso, la justicia sería “mucho más equitativa y eficiente” que la actual.

El fundador de Meta sostiene que el punto clave no es la llegada de la superinteligencia, sino si quedará en pocas manos o servirá para ampliar la autonomía y las oportunidades.     

REUTERS/Brendan McDermid
El fundador de Meta sostiene que el punto clave no es la llegada de la superinteligencia, sino si quedará en pocas manos o servirá para ampliar la autonomía y las oportunidades. REUTERS/Brendan McDermid

Una sola superinteligencia no puede conciliar valores enfrentados

Zuckerberg sostuvo que la mayor parte de los problemas sociales no podía resolverse alineando una única superinteligencia benevolente. Su razón fue que la humanidad no constituye una monocultura y que no existe una solución tecnológica capaz de reconciliar al mismo tiempo intereses opuestos y sistemas de valores diversos.

Desde esa lógica, afirmó que cualquier superinteligencia singular tendría que priorizar unos valores sobre otros. Esa selección la volvería incapaz de ser benevolente con todos.

El argumento reforzó su rechazo a la centralización como salida filosófica y política. Para el empresario, la pluralidad humana obliga a distribuir capacidad de decisión, no a unificarla bajo una sola arquitectura moral.

Mark Zuckerberg, CEO de Meta.
El empresario propone extender esas capacidades a cada persona para evitar que una élite defina el futuro, la ciencia, la economía y hasta los valores que guían la vida colectiva. (Reuters)

La seguridad exige acceso abierto en unos casos y coordinación en otros

Zuckerberg reconoció que muchos riesgos requieren atención prioritaria. En ese punto, evitó una regla única y distinguió entre amenazas distintas.

En ciberseguridad, sostuvo que la historia del software de código abierto mostró que ofrecer acceso completo a sistemas potentes a todos será la mejor forma de proteger la seguridad de largo plazo. Para otros riesgos, entre ellos los biológicos, dijo que será útil una mayor coordinación entre gobiernos y otras instituciones para desplegar de forma responsable modelos capaces.

Esa diferenciación buscó sostener su principio de apertura sin negar la necesidad de límites en ámbitos específicos. Su posición fue que el acceso amplio no excluye mecanismos institucionales de resguardo cuando la naturaleza del riesgo lo exige.

Zuckerberg definió el desarrollo de la superinteligencia como el avance tecnológico más trascendental de la vida actual.  

REUTERS/Evelyn Hockstein
Zuckerberg definió el desarrollo de la superinteligencia como el avance tecnológico más trascendental de la vida actual. REUTERS/Evelyn Hockstein

El empleo crecerá si la IA favorece a pequeñas empresas

El directivo extendió ese razonamiento al mercado laboral. Dijo que existe un equilibrio entre usar la IA como instrumento de automatización y usarla como herramienta para ampliar capacidades humanas y crear nuevos negocios.

Advirtió que, si la balanza se inclina hacia la automatización, el impacto sobre el empleo y la economía podría ser negativo. Su apuesta fue la contraria: una difusión amplia de la superinteligencia produciría más trabajo, no menos.

Sostuvo que emprender será mucho más fácil sin necesidad de grandes inversiones de capital. A partir de eso, anticipó una economía más emprendedora, con más personas trabajando en pequeñas empresas y menos dependencia de grandes corporaciones.

Zuckerberg definió el desarrollo de la superinteligencia como el avance tecnológico más trascendental de la vida actual. Añadió que Meta asumió el compromiso de construir bajo los principios de empoderamiento individual, innovación y equilibrio de poder, y cerró esa idea con una apuesta sobre la trayectoria histórica de la humanidad: “Si estos valores marcan el camino, soy optimista y creo que podremos construir un futuro positivo para todos”.

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