Nvidia es hoy referente mundial en inteligencia artificial y hardware gráfico, pero hace casi tres décadas estuvo cerca de desaparecer y fue SEGA la que la salvó gracias a una alianza.
El apoyo económico y estratégico de la empresa japonesa de videojuegos fue clave para la, en ese entonces, joven tecnológica estadounidense que logró sortear un abismo financiero que amenazaba con acabarla.
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El propio Jensen Huang, director ejecutivo y cofundador de Nvidia, lo recordó recientemente en un encuentro con aficionados celebrado en Akihabara, Tokio. “Sin la ayuda de Sega, Nvidia habría desaparecido”, afirmó con gratitud.
Cómo Nvidia tuvo un inicio complicado
Fundada en 1993 por tres ingenieros —Jensen Huang, Chris Malachowsky y Curtis Priem—, Nvidia nació con la ambición de crear hardware gráfico avanzado para videojuegos y aplicaciones multimedia. Sus primeros pasos fueron modestos: apenas contaban con 40.000 dólares en el banco, trabajaban en una pequeña oficina de Sunnyvale, California, y compartían instalaciones con otras empresas.
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Aun así, lanzaron su primer producto comercial, la tarjeta gráfica NV1, que llegó al mercado en 1995. Incluía gráficos en 2D y 3D, sonido integrado y compatibilidad con mandos de Sega Saturn, pero su alto precio y la falta de éxito comercial pronto pusieron en aprietos las cuentas de la empresa.
Fue entonces cuando Sega apareció en escena. La compañía nipona contrató a Nvidia para desarrollar el sistema gráfico de su próxima generación de consolas. En ese momento, ese acuerdo representó una inyección de esperanza para la joven empresa estadounidense, cuyos recursos financieros se agotaban rápidamente.
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El primer trabajo en conjunto entre Nvidia y Sega
La colaboración, sin embargo, no se desarrolló como ambas partes esperaban. Durante un año, Nvidia trabajó en el desarrollo del chip gráfico para la consola que acabaría siendo Dreamcast (y antes en Saturn), mientras Sega evaluaba dos caminos: uno liderado por Shoichiro Irimajiri en Estados Unidos, apostando por Nvidia, y otro por Hideki Sato desde Japón.
Al cabo de ese año de trabajo, Nvidia concluyó que su arquitectura no cumplía con las necesidades técnicas de Sega, especialmente por la inminente llegada de la tecnología Direct3D de Microsoft, que demandaba un enfoque distinto al que la empresa había tomado hasta entonces.
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“Después de un año de desarrollo nos dimos cuenta de que nuestra arquitectura tenía la estrategia equivocada. Era técnicamente pobre y Microsoft estaba a punto de anunciar Windows 95 Direct 3D”, rememoró Huang en un discurso.
El proyecto conjunto se canceló, y con las finanzas al límite, Nvidia se enfrentaba a una situación crítica: no podía completar el contrato, pero necesitaba el dinero pactado para evitar la quiebra. La empresa contactó al CEO de Sega y le expuso la realidad: requerían apoyo para sobrevivir.
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Así fue el salvavidas de Sega a Nvidia
La respuesta de Sega fue inesperada y determinante. A pesar del fracaso del proyecto, Irimajiri y la dirección de Sega decidieron invertir cinco millones de dólares en Nvidia, entregándole a la compañía estadounidense un último aliento. “Nos dio seis meses de vida”, afirmó Huang, describiendo la angustia y la esperanza de ese momento.

Durante ese periodo de gracia, Nvidia reorganizó su estrategia y rediseñó su tecnología. El resultado fue la RIVA 128, una unidad de procesamiento gráfico compatible con Direct3D que finalmente se convirtió en un éxito comercial y posicionó a Nvidia en el mercado global.
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Sega, por su parte, siguió adelante con sus consolas usando soluciones de NEC y VideoLogic para la Saturn y, posteriormente, la Dreamcast. Pero la apuesta por Nvidia, aunque de corto plazo, fue decisiva.
A cambio de su apoyo, Sega recibió un paquete de acciones de Nvidia. Cuando la situación de la tecnológica mejoró y la empresa lanzó productos exitosos como la RIVA TNT, Sega decidió vender su participación. Convirtió una inversión de cinco millones en 300 millones de dólares en poco tiempo, un beneficio impresionante en el volátil mercado tecnológico.
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No obstante, la decisión de desprenderse prematuramente de esas acciones marcó un hito. Si Sega hubiese conservado su participación, hoy valdría cerca de un billón de dólares, según reconoció el propio Huang. Esa suma habría transformado a Sega en una fuerza financiera capaz de competir con gigantes como Sony o Nintendo.
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