
La inteligencia artificial ha sido presentada como la herramienta definitiva para aumentar la productividad y reducir la carga laboral. Sin embargo, estudios recientes y experiencias de trabajadores muestran un efecto contrario: lejos de liberar tiempo, la IA está contribuyendo a que muchas personas trabajen más horas, extendiendo sus tareas incluso a los fines de semana y erosionando los límites entre la vida personal y profesional.
Esta tendencia importa porque desafía la narrativa dominante en torno a la automatización como aliada del bienestar laboral. El auge de la inteligencia artificial en las oficinas y empresas ha impulsado expectativas poco realistas sobre la eficiencia y ha transformado la dinámica cotidiana, generando nuevos retos para empleados y directivos.

El fenómeno del “trabajo deficiente” y la carga invisible
Según un análisis del medio británico, The Guardian, el fenómeno conocido como “workslop” o “trabajo deficiente” se ha convertido en un efecto secundario inesperado de la expansión de la IA en los lugares de trabajo.
Consiste en la proliferación de tareas generadas por herramientas de IA que, aunque parecen correctas en la superficie, contienen errores o resultan de baja calidad. Esto obliga a los compañeros a corregir, limpiar o rehacer el trabajo, lo que incrementa la carga real y disminuye la productividad.
Un ejemplo documentado en el artículo es el caso de Ken, redactor en una empresa de ciberseguridad en Miami. Tras la adopción de chatbots de IA y el despido de parte del personal, la calidad del trabajo decayó y el equipo dedicó más tiempo a revisar y corregir textos automatizados.
Cómo ha afectado la IA el descanso de los trabajadores
En el informe “State of the Workplace 2026” del Productivity Lab (ActivTrak) también se destaca que la IA, lejos de reducir la carga, ha provocado un aumento del trabajo durante los fines de semana y una reducción de los períodos de descanso.

Los empleados dedican un 46% más de tiempo productivo los sábados y un 58% más los domingos en comparación con hace tres años. Estos datos muestran que la jornada laboral se fragmenta y se extiende, invadiendo espacios antes reservados al descanso.
La razón principal es la necesidad constante de supervisar automatizaciones, revisar resultados generados por IA y atender incidencias en tiempo real. Aunque la automatización permite completar tareas con mayor rapidez, también genera nuevas obligaciones de vigilancia y control que amplían la carga total de trabajo.
El problema se agrava cuando los empleados copian y pegan mensajes producidos por sistemas automatizados sin comprender su contenido, delegando decisiones cruciales a los chatbots. En sectores sensibles, como la salud, la edición y supervisión de respuestas automáticas incrementa la carga y genera preocupación por la privacidad y la calidad de la atención.
La brecha entre ejecutivos y empleados
Existe una desconexión creciente entre la visión de los directivos y la experiencia real de los empleados. Las empresas invierten grandes sumas en IA y justifican recortes de personal en nombre de la eficiencia, pero quienes permanecen ven multiplicadas sus tareas y responsabilidades. Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts, referenciado por The Guardian, resaltó que el 95% de las organizaciones aún no ha recuperado su inversión en IA, y la mayoría de los beneficios se limitan a una minoría de empresas.

Esta situación ha convertido a la IA en un tema central de las negociaciones sindicales, donde empleados reclaman directrices claras y mayor control sobre su utilización.
La automatización basada en IA no ha provocado un desplazamiento masivo de trabajadores, pero sí ralentiza la creación de nuevos empleos y restringe oportunidades para jóvenes y profesionales de nivel inicial. Los perfiles más expuestos a la automatización suelen ser los de mayor formación y salario, mientras que los trabajos manuales muestran menor impacto.
El reto será establecer un equilibrio para que la IA aporte eficiencia sin sacrificar la calidad de vida ni el derecho al descanso. Encontrar límites claros y adaptar la tecnología a las necesidades reales del trabajo es el próximo desafío para empresas y empleados en la era digital.
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