
En marzo de 2026 se cumplen 26 años del estallido de la burbuja puntocom, el colapso bursátil que puso fin a la euforia especulativa en torno a las empresas de internet. Más de dos décadas después, el auge de la inteligencia artificial ha provocado un nuevo debate, en el que analistas e inversores se preguntan si el sector tecnológico está viviendo una nueva burbuja.
En el centro de esta nueva carrera aparecen tres figuras clave del ecosistema tecnológico actual: Sam Altman, Dario Amodei y Mark Zuckerberg. Sin embargo, cuando la burbuja puntocom explotó a comienzos de los años 2000, los tres estaban todavía dando sus primeros pasos en la tecnología o incluso en plena formación.
Mark Zuckerberg, un estudiante que empezaba a programar
El actual director ejecutivo de Meta vivió el final de la burbuja desde una etapa temprana de su carrera. Cuando el mercado tecnológico se desplomó en 2000, Zuckerberg todavía estaba en la escuela secundaria, aunque ya desarrollaba programas informáticos desde muy joven. Había aprendido a programar a los 12 años y mostraba un interés temprano por la informática.
Un año después de que terminara el estallido bursátil, en 2003, Zuckerberg ingresó en la Universidad de Harvard para estudiar Ciencias de la Computación y Psicología. Allí, junto a sus compañeros Eduardo Saverin, Dustin Moskovitz y Chris Hughes, desarrolló una red social inicialmente pensada para estudiantes del campus. Ese proyecto se convertiría en Facebook.
En 2004, apenas unos meses después de lanzar la plataforma, Zuckerberg abandonó sus estudios y se mudó a California para centrarse en el crecimiento de la compañía. Con el tiempo, la red social se expandió más allá de las universidades y se transformó en una de las mayores plataformas digitales del mundo.
Hoy, el fundador de Facebook apuesta por la inteligencia artificial como uno de los ejes centrales de su estrategia tecnológica, con inversiones millonarias y proyectos que incluyen dispositivos inteligentes y nuevas herramientas impulsadas por IA.
Sam Altman, un adolescente apasionado por la tecnología
Cuando la burbuja puntocom estalló, Sam Altman tenía apenas 15 años. Aunque todavía era un adolescente, ya mostraba un fuerte interés por la informática y la programación, habilidades que había comenzado a desarrollar desde los ocho años.
En 2003 ingresó en la Universidad de Stanford para estudiar Ciencias de la Computación, pero abandonó la carrera dos años después para dedicarse a su primera startup: Loopt, una aplicación de geolocalización móvil. La empresa sería vendida años más tarde por unos 43 millones de dólares.
El salto definitivo en su trayectoria llegó en 2015, cuando cofundó OpenAI junto a varios empresarios tecnológicos, entre ellos Elon Musk. La organización nació inicialmente como una entidad sin fines de lucro orientada al desarrollo de inteligencia artificial segura para la sociedad.
El momento que consolidó la visibilidad global de la compañía llegó el 30 de noviembre de 2022, cuando OpenAI lanzó ChatGPT, un chatbot basado en inteligencia artificial capaz de mantener conversaciones con usuarios. La herramienta superó el millón de usuarios en sus primeros días y se convirtió en uno de los productos tecnológicos de mayor adopción en la historia reciente.
Dario Amodei, de la física a la seguridad en la IA
Al igual que Altman y Zuckerberg, Dario Amodei se encontraba iniciando su etapa universitaria cuando el auge de las puntocom llegó a su fin. Comenzó sus estudios en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), donde trabajó en proyectos académicos relacionados con la física.
Posteriormente se graduó en Física en la Universidad de Stanford en 2006 y obtuvo un doctorado en biofísica en la Universidad de Princeton en 2011. Tras completar su formación, trabajó en investigación en Google Brain antes de incorporarse en 2016 a OpenAI como responsable de seguridad en inteligencia artificial.
Amodei defendía un enfoque centrado en la seguridad y el control de los modelos de IA. Las diferencias estratégicas dentro de la organización terminaron provocando su salida en 2020. Un año después fundó Anthropic junto a su hermana Daniela Amodei y otros investigadores.

Desde entonces, Anthropic se ha convertido en uno de los principales competidores de OpenAI en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial. Ambas empresas comparten algunos inversores, entre ellos Peter Thiel, además de grandes compañías tecnológicas como Microsoft y Nvidia.
Anthropic también cuenta con el respaldo de empresas como Amazon, Salesforce y Alphabet, mientras que OpenAI ha atraído inversiones de SoftBank y fondos vinculados a la familia del expresidente estadounidense Donald Trump.
A más de dos décadas del colapso de las puntocom, los tres empresarios que hoy lideran la carrera de la inteligencia artificial vivieron aquel momento desde posiciones muy distintas: como estudiantes, investigadores o jóvenes emprendedores. Ahora, sus compañías están en el centro de una nueva etapa de transformación tecnológica que vuelve a poner a prueba las expectativas del mercado.
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