
Estados Unidos gastó más de 30 mil millones de dólares en dotar de tecnología a las escuelas, pero psicólogos y expertos advierten que la expansión digital ha debilitado el aprendizaje entre los jóvenes, con la Generación Z mostrando peores resultados cognitivos que sus predecesores.
El objetivo de cerrar la brecha digital que motivó la iniciativa pionera de Maine en 2002 se enfrenta ahora a la paradoja de una generación que, pese a tener acceso sin precedentes a computadoras y tabletas, registra puntajes más bajos en pruebas estandarizadas y una menor capacidad de concentración.
Qué dicen los expertos sobre este problema que atraviesa la Generación Z
La advertencia más contundente surge de testimonios como el del neurocientífico Jared Cooney Horvath. En su informe al Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos, Horvath sostuvo que la Generación Z es la primera en obtener peores resultados académicos que la generación anterior.

El experto concluyó que el acceso ilimitado a la tecnología no solo no ha fortalecido sus capacidades sino que, según su análisis, las ha atrofiado. Sostuvo que la tecnología, lejos de facilitar el aprendizaje, fomenta la dispersión y dificulta la consolidación de conocimientos.
Las consecuencias de esta tendencia ya son evidentes en el mercado laboral. Un estudio de la Universidad de Stanford detectó que la irrupción de la inteligencia artificial (IA) perjudica de forma desproporcionada a los trabajadores jóvenes y con menos habilidades, limitando sus oportunidades y comprometiendo su capacidad de adaptación ante desafíos futuros.
Cómo ha sido la apuesta en Estados Unidos por la digitalización en las escuelas
Al inicio de la tendencia está el ejemplo de Maine, que en 2002 se convirtió en el primer estado en lanzar una política pública a gran escala para repartir computadoras portátiles en las escuelas.
El programa, impulsado por el entonces gobernador Angus King, distribuyó 17 mil computadoras Apple entre estudiantes de séptimo grado en 243 escuelas. En 2016, el número de dispositivos entregados había ascendido a 66 mil.

Sin embargo, la Evaluación Internacional de Estudiantes (PIA) y otras pruebas estandarizadas confirmaron que los puntajes académicos no acompañaron la inversión tecnológica, como informó Fortune en 2017. El exgobernador Paul LePage llegó a tildar la política de “fracaso rotundo”, aun cuando el estado seguía ampliando contratos con Apple.
Qué impacto ha tenido la tecnología en las aulas de clase
A partir de la expansión de computadoras y tabletas, el uso de tecnología en las aulas de Estados Unidos se multiplicó en la última década. Una encuesta del Centro de Investigación EdWeek, realizada en 2021 a 846 docentes, reveló que el 55% utilizaba herramientas digitales entre una y cuatro horas por día. Otro 25% superaba las cinco horas diarias.
La percepción docente no siempre coincide con el uso real que hacen los alumnos. Un estudio de 2014, basado en observación y encuestas a 3.000 estudiantes universitarios, señala que buena parte de ese tiempo en dispositivos se destina a tareas no educativas. De hecho, dos tercios de las horas frente a la pantalla tienen fines ajenos a la clase.

El propio Horvath atribuyó esta dispersión atencional a las múltiples tentaciones que ofrece la tecnología. Sostuvo a Fortune que la atención fragmentada dificulta el aprendizaje y afecta la memoria, aumentando la probabilidad de errores.
Cambiar constantemente de tarea y evitar la dificultad concreta de una materia impide el aprendizaje profundo. Según él, “la facilidad nunca ha sido una característica definitoria del aprendizaje. Aprender requiere esfuerzo, es difícil y, a menudo, incómodo. Pero es la fricción la que hace que el aprendizaje sea profundo y transferible al futuro”.
Cuáles iniciativas estatales se han impuesto para este problema
La respuesta institucional frente a los efectos adversos de la tecnología en la educación no ha sido homogénea. Desde la proliferación de celulares, algunos estados y distritos han desplegado políticas restrictivas para limitar su uso en horario escolar.
Hasta agosto de 2025, 17 estados habían implementado prohibiciones sobre teléfonos celulares en las escuelas y 35 estados mantenían leyes que limitaban su uso en las aulas.

De acuerdo con el Centro Nacional de Estadísticas Educativas, más del 75% de las escuelas afirman tener políticas para impedir el uso de celulares con fines no académicos, aunque existen diferencias en la eficacia de su implementación.
En este sentido, como solución a largo plazo, Horvath pidió promover estándares de eficacia antes de adoptar herramientas digitales en el aula y limitar la recopilación y el procesamiento de datos de los menores.
Sugirió que el Congreso financie investigaciones sobre la verdadera utilidad pedagógica de cada dispositivo y que la legislación exija límites estrictos en el seguimiento del comportamiento de los estudiantes.
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