
La carrera por transformar la exploración espacial suma un nuevo capítulo con el ambicioso proyecto de General Galactic, una startup fundada por dos exingenieros de SpaceX y Varda Space que busca demostrar que el agua puede convertirse en el combustible clave para cohetes y satélites.
La apuesta de la compañía no es una simple teoría: este otoño lanzarán, con el apoyo de SpaceX, el satélite Trinity, que intentará maniobrar en órbita utilizando únicamente agua como propelente. Si la prueba tiene éxito, podría marcar un antes y un después en la ingeniería aeroespacial y facilitar los viajes interplanetarios.
La relevancia de este experimento reside en su potencial para cambiar las reglas del juego en la industria espacial. Frente a los riesgos y costos de los combustibles tradicionales, el agua ofrece ventajas técnicas, de seguridad, eficiencia y abundancia. La iniciativa busca, además, sentar las bases para un futuro en el que repostar en la Luna o Marte sea posible y cotidiano.
Cómo es la tecnología que transforma agua en combustible
General Galactic nació de la visión de Halen Mattison, exingeniero de SpaceX, y Luke Neise, con pasado en Varda Space. Ambos aprovecharon su experiencia en lanzadores orbitales y experimentación en microgravedad para diseñar un sistema de propulsión que combina dos tecnologías.
Por un lado, emplean electrólisis para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno y quemarlos, como en los cohetes clásicos pero sin el peligro del metano. Por otro, usan un propulsor Hall que convierte el oxígeno en plasma para movimientos de larga duración, una técnica que promete eficiencia casi indefinida en el espacio.
Mattison describe este método como “un eructo en el espacio”, minimizando la complejidad pero resaltando el salto de eficiencia respecto a los sistemas convencionales. El agua, además de abundante, elimina muchas complicaciones técnicas: no requiere refrigeración extrema, es estable y no presenta riesgos de explosión.
El uso de agua como combustible ha sido un sueño recurrente desde la era de las misiones Apolo, pero nadie lo ha probado en una nave de gran tamaño. Desde General Galactic aspiran a ser los primeros en lograrlo, con el objetivo de multiplicar la capacidad de maniobra, el llamado delta-V de los satélites, por cinco o incluso por diez respecto a tecnologías actuales.

Esto permitiría que misiones de largo alcance tengan más control sobre trayectorias y velocidad, clave para la exploración del sistema solar.
La idea de extraer agua de la Luna o Marte para obtener hidrógeno y oxígeno y repostar naves es vista como una evolución lógica en la carrera espacial. Empresas como la NASA y la japonesa Pale Blue también exploran esta vía, pero General Galactic está a punto de someterla a la prueba definitiva con Trinity.
Cuáles son los desafíos técnicos y riesgos del proyecto
El proceso tiene sus riesgos. El oxígeno ionizado, usado en la propulsión eléctrica, es altamente reactivo y puede corroer los sistemas eléctricos, lo que exige materiales y componentes especialmente diseñados. Ryan Conversano, extecnólogo del Jet Propulsion Laboratory, destacó que no es un reto menor y que la ingeniería debe extremar precauciones.
A pesar de los desafíos, expertos como Mark Lewis, ex científico jefe de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, consideran que el experimento vale la pena y podría ser una solución ingeniosa para satélites pequeños.

En General Galactic cuentan con 10 millones de dólares de capital para esta primera misión de demostración, una cifra modesta pero suficiente para poner a prueba el concepto.
El sueño de Mattison y Neise va más allá de Trinity. Quieren desarrollar una red de infraestructuras en la Luna, Marte y otros planetas que permita a las naves repostar, haciendo los viajes interplanetarios tan accesibles como un viaje por carretera. Si la misión resulta exitosa, sería el primer paso real para convertir el agua en la base de la movilidad espacial y abrir nuevas rutas para la exploración del sistema solar.
El lanzamiento de Trinity marcará un hito en la industria espacial: si General Galactic demuestra que el agua puede ser el combustible del futuro, la dinámica de los viajes y misiones espaciales podría transformarse para siempre. La comunidad científica y tecnológica sigue con atención este experimento, que podría acercar la colonización lunar y marciana a una realidad más cercana y segura.
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