El auge de los deepfakes impulsa la creación del “notario de la realidad”

La proliferación de fraudes digitales y manipulaciones con inteligencia artificial ha dado origen a una nueva profesión clave para certificar la autenticidad de fotos, videos y documentos en la era digital

Guardar
La verificación de la realidad
La verificación de la realidad se convierte en un desafío central frente al auge de los deepfakes en el mundo digital (Imagen ilustrativa Infobae)

Un nuevo desafío se impone en el mundo digital: la verificación de la realidad ante el avance de los deepfakes. Mientras las fronteras entre verdad y ficción se desdibujan, surge la figura de los “notarios de la realidad”, protagonistas de una batalla tecnológica y legal por determinar qué es auténtico y qué puede sostenerse ante un tribunal, informa Scientific American.

En la era de los contenidos generados por inteligencia artificial, la cantidad de deepfakes y fraudes digitales ha crecido de manera exponencial. A partir de 2024, se registró un intento de fraude de este tipo cada 5 minutos, y ataques como el cambio de rostro se multiplicaron por 7 en apenas medio año.

Esto impulsó la creación de una nueva profesión: el notario de la realidad. Desde una oficina, estos expertos reciben solicitudes para certificar la autenticidad de una amplia gama de archivos: fotos, videos, correos electrónicos, contratos, capturas de pantalla, grabaciones de audio, hilos de mensajes y publicaciones en redes sociales. El objetivo es resguardar no solo la reputación y el patrimonio de las personas, sino también su libertad.

Proceso forense de verificación de archivos digitales

El análisis forense digital inicia bajo estrictos protocolos de protección de la evidencia. El primer paso consiste en evitar cualquier alteración del archivo original. Para ello, el notario utiliza un ordenador sin conexión a internet y un dispositivo de bloqueo de escritura que impide modificaciones accidentales.

El análisis forense digital requiere
El análisis forense digital requiere estrictos protocolos para garantizar la protección de la evidencia electrónica (Imagen Ilustrativa Infobae)

A continuación, se realiza un “hash” criptográfico del archivo, un código único que cambia drásticamente ante la más mínima alteración, incluso la supresión de un solo píxel. Esta medida garantiza la integridad del material y permite comparar la huella digital del archivo con la registrada oficialmente.

Después, se crea una copia exacta y se compara su código hash con el original. Solo entonces se guarda el archivo genuino y se trabaja sobre la copia, que será sometida a un análisis forense en profundidad.

Limitaciones de los sistemas actuales de autenticidad y metadatos

La verificación recurre a estándares como el C2PA (Coalition for Content Provenance and Authenticity), que busca rastrear el historial de los archivos digitales mediante “credenciales de contenido”, semejantes a los sellos en un pasaporte. Sin embargo, la adopción de estos sistemas ha sido lenta. Las plataformas suelen eliminar estas credenciales al compartir archivos, dificultando el rastreo de su procedencia.

En el análisis de metadatos, es frecuente encontrar información alterada o incompleta. Las marcas de tiempo y los datos de origen pueden reiniciarse o borrarse durante el procesamiento en redes sociales. Así, muchas veces el rastro digital se pierde, lo que complica la autenticación del material.

Análisis técnico para detectar manipulaciones y deepfakes

Las técnicas de análisis forense
Las técnicas de análisis forense digital utilizan OSINT y herramientas especializadas para detectar manipulaciones en videos y fotos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El examen forense va más allá de los metadatos. Se emplean técnicas de inteligencia abierta (OSINT) y herramientas especializadas para identificar manipulaciones. Entre ellas, la búsqueda de marcas de agua invisibles, como la tecnología SynthID de Google DeepMind, permite rastrear contenido generado o alterado por inteligencia artificial.

También se analizan las características físicas del video. Por ejemplo, la presencia de un parpadeo o “shimmer” indica que una pantalla fue grabada con un teléfono móvil, debido a la desincronización entre la frecuencia de actualización de la pantalla y el escaneo del sensor de la cámara. Esta anomalía puede revelar que el video fue manipulado y luego grabado para dificultar su rastreo.

El análisis incluye la comparación de texturas, granulado digital y desenfoque característico de cámaras de seguridad. Incongruencias, como diferencias en el ruido digital entre el rostro y el fondo, o desalineaciones en el contorno de la cara, pueden evidenciar la superposición de un rostro a través de inteligencia artificial.

Caso práctico: desmontando una falsa prueba incriminatoria mediante técnicas forenses digitales

Un caso ilustrativo expone a una mujer cuyo hijo es acusado de asesinato mediante un video de supuesta cámara de seguridad. El archivo llega sellado y acompañado de un hash criptográfico. A través de un riguroso proceso forense, el notario descubre que la secuencia fue difundida primero en redes sociales y que los metadatos no corresponden al momento del crimen.

La evidencia digital y los
La evidencia digital y los metadatos de los archivos se posicionan como elementos críticos en investigaciones penales actualizadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación revela que el video original ya no existía en el sistema de vigilancia, cuyas grabaciones se sobrescriben cada 72 horas. Al analizar fotograma a fotograma, el especialista detecta un parpadeo característico de una grabación de pantalla, así como diferencias en la textura del rostro del supuesto tirador frente al resto de la imagen.

Al comparar la altura del tirador y la mano con la que sostiene el arma, se concluye que el video muestra el rostro del hijo superpuesto digitalmente sobre el cuerpo de otra persona, utilizando inteligencia artificial y grabando luego la pantalla para eliminar rastros de manipulación.

El rol futuro de los especialistas en realidad y la necesidad de nuevas profesiones

La figura del “notario de la realidad” emerge como una necesidad en un entorno donde lo verdadero y lo falso se confunden con facilidad. Su labor, más cercana a la de un técnico de laboratorio que a la de un detective, es clave para garantizar la confianza en los archivos digitales y proteger a las personas de manipulaciones que pueden costarles su libertad.

Con la proliferación de deepfakes y la sofisticación de las herramientas de edición, la demanda de estos especialistas crece, consolidando una nueva área profesional dedicada a la defensa de la autenticidad en la era digital.