
Un número desconocido hace sonar el teléfono. Un mensaje llega reclamando una deuda inexistente. La pantalla muestra la foto de un amigo, pero el tono resulta ajeno. En apenas segundos, esa mínima duda puede abrir la puerta a un fraude digital.
En 2025, estas escenas no solo representan anécdotas: son el día a día de millones de usuarios de todos los continentes. Las nuevas estrategias de cibercrimen, potenciadas por inteligencia artificial y deepfakes, han convertido la desconfianza digital en la norma, y el Consumer Cyber Readiness Report 2025 expone la magnitud global de este fenómeno.
La era de las estafas: más de la mitad de las llamadas son potenciales fraudes
El informe, elaborado por Consumer Reports, Aspen Digital y Global Cyber Alliance, revela que más de la mitad de las llamadas telefónicas recibidas en Estados Unidos tienen fines fraudulentos.
De acuerdo con el estudio, los estadounidenses enfrentan unos 100 intentos de estafa al mes, y el 74% de estos ataques se origina a través de email, redes sociales, mensajes de texto o aplicaciones de mensajería.

Aunque el reporte posee foco mayoritario en mercados anglosajones, advierte que la sofisticación de los ataques y la propagación de técnicas como el phishing o la suplantación de identidad no reconocen fronteras.
En América Latina, y concretamente en Argentina, la consultora de referencia para el estudio incluye al país en el grupo de naciones donde el incremento de fraudes digitales es notorio, aunque no ofrece una cifra puntual de intentos mensuales para usuarios argentinos. Sí remarca que, al igual que en el resto del mundo, las principales vías de estafa digital son mensajes de texto, WhatsApp, correos electrónicos y redes sociales.
La sofisticación del engaño: IA, deepfakes y clonación de voz
Uno de los datos sobresalientes del Consumer Cyber Readiness Report es la integración de herramientas emergentes como la inteligencia artificial y los deepfakes en el arsenal de los ciberdelincuentes.
El 39% de los encuestados que sufrió un intento de estafa digital reportó casos de phishing avanzado, mientras que el 32% mencionó ataques con deepfakes y el 31% reconoció haber recibido intentos de fraude mediante clonación de voz o videos manipulados. El uso de apps falsas y sitios clonados también afecta a más de un tercio de las víctimas detectadas.

El informe resalta que la inmediatez con la que se comparten datos personales y financieros, sumado al crecimiento de la autenticación digital y las billeteras virtuales, potencia la efectividad de estos ataques en distintas franjas etarias.
¿Quiénes son más vulnerables? Jóvenes, adultos y la ilusión de la inmunidad
La investigación revela que la Generación Z y los adultos jóvenes se han transformado en un blanco prioritario cuando se realizan por mensajes. Solo en el último año, las estafas que comienzan como mensajes de texto aumentaron un 27% entre los más jóvenes.
El uso intensivo de mensajería instantánea en grandes grupos, la falta de experiencia y el acceso inmediato a fondos monetarios convierten a estos usuarios en víctimas recurrentes. Unas 3 de cada 10 estafas actualmente inician por SMS, WhatsApp o chats similares, una cifra que, según el informe, sigue en ascenso.
Pérdidas, respuestas y grietas en la confianza digital
El 24% de quienes enfrentaron un ataque digital en Estados Unidos admite haber perdido dinero, proporción que se agudiza en los sectores de menores ingresos y entre las comunidades menos protegidas. Además, solo un 23% de los usuarios asegura sentirse “muy seguro” para distinguir entre un mensaje genuino y uno manipulado.

A nivel defensivo, la mayoría tiende a bloquear remitentes o eliminar mensajes sospechosos, aunque menos de la mitad revisa de manera regular sus configuraciones de privacidad y seguridad.
El Consumer Cyber Readiness Report 2025 resalta una preocupación transversal: la respuesta defensiva sigue siendo limitada frente a la velocidad de innovación de los estafadores. A pesar de la magnitud de los riesgos, solo una minoría de usuarios utiliza gestores de contraseñas o autenticación multifactor, medidas recomendadas por especialistas para reducir el impacto del fraude digital.
Al mismo tiempo, los especialistas insisten en que la batalla no puede recaer solo en los consumidores. “Las contraseñas por sí solas no bastan para proteger los datos; los atacantes incluso suplantan solicitudes de autenticación”, advierte Darryl Jones, vicepresidente de estrategia en Ping Identity, una de las firmas consultadas en el reporte.
El futuro: confianza y hábitos en juego
La confianza en el ecosistema digital está en juego. El informe señala que la percepción de inseguridad creció de forma sostenida en los últimos cinco años, y que la modernización de los hábitos digitales —como la revisión periódica de la privacidad, el uso consciente de los datos personales y el escepticismo ante solicitudes inesperadas— será determinante para reducir la vulnerabilidad frente a estafas.
El fraude digital es ya parte del paisaje cotidiano. Adaptar las defensas y promover la cooperación entre usuarios, empresas y gobiernos será clave para enfrentar esta realidad.
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