
Hay dos prófugos en la larga lista de recompensas del Ministerio de Seguridad Nacional. La cartera con base en Recoleta ofrece $5 millones por cabeza para quien delate a Dyonathan Leonardo da Silva y Ernesto Lioenl Godoy, con capturas internacionales pedidas desde el 19 de noviembre del año pasado. El delito: narcotráfico, un movimiento masivo de pastillas de éxtasis, con una causa en su contra a cargo del Juzgado Federal N°2 de San Martín.
Ambos son jugadores curiosos para el negocio:
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- Da Silva tiene 31 años, es oriundo de Oberá, provincia de Misiones. Hijo de un pastor evangélico, según medios de su ciudad, cobró un plan social para acceder a una garrafa de gas en el pasado. Nunca tuvo un empleo en blanco en su vida, siquiera una inscripción en la vieja AFIP.
- Godoy, de 39 años, es porteño, con un último domicilio registrado en la zona de Congreso. Tuvo más de una decena de empleos en blanco en su vida; hay conocidos supermercados, empresas lácteas, bingos y firmas de logística en la lista.
Los más de mil kilómetros de distancia entre ambos son un punto aquí. Para la jueza Alicia Vence y el secretario Juan Ignacio Furia, los prófugos y su banda representan una nueva ruta para las pastillas de éxtasis en Argentina, que hoy atraviesan un nuevo boom en ventas de la mano del nuevo auge de las fiestas electrónicas en todo el país.

En la década pasada, las drogas de diseño llegaban por avión, ocultas en encomiendas desde Asia y Europa. El Aeropuerto de Córdoba se convirtió en un punto caliente años atrás. En 2016, un misterioso ciudadano belga cayó en un micro en La Quiaca con 40 mil pastillas de éxtasis.
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La banda que investigan Vence y Furia cayó con 18 kilos y medio de comprimidos de alto poder, como las pastillas Royal Salute, altamente buscadas en el mercado dealer. La fuente parece ser otra. El origen de estas pastillas, sospechan los investigadores, es Paraguay y Brasil, la Triple Frontera.
Y en el medio de toda esta historia, que va desde Misiones a San Martín, investigada por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, hay un gendarme, usado por los narcos como remisero.
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Primero hay que entender al resto del elenco. Hay dos procesados en la causa, que comenzó el 29 de mayo pasado. Se trata de Ruth Engel, de 26 años, y su novio Juan Sandobal, ambos oriundos de Puerto Esperanza, Misiones.

Precisamente, Puerto Esperanza es la zona cero del caso. Desde allí, se despachó en un conocido expreso de micros una encomienda vinculada a Engel y Sandobal. La remitente, en los papeles, era una mujer formoseña. La destinataria tiene 25 años.
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El DNI provisto en el expreso coincide con el nombre. La destinataria, que cobra planes sociales, tiene un domicilio en Corrientes y más de un millón de pesos en deudas con billeteras virtuales. La dirección final para ese paquete, sin embargo, era una casa en la calle Moreno, zona de San Martín. Así, el camión salió a Buenos Aires, vía Entre Ríos.
“El 29 de mayo de 2025, se procedió al hallazgo de dichos estupefacientes, por parte del personal del Escuadrón IV Concordia de la GNA, en el puesto de control ubicado a la altura del kilómetro 240 de la Ruta Nacional N°14, que procedió a inspeccionar el vehículo de transporte de cargas", asegura un documento de la causa.
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Un perro de Gendarmería olfateó la carga. Allí se encontraron las pastillas. El lote fue valuado por los investigadores en $650 millones de pesos, o 450 mil dólares, a precio minorista de dealer de Telegram.
Los datos que se usaron para registrar la encomienda, a simple vista, eran sospechosos. El nombre de la remitente no coincidía con el número de DNI aportado. Los testimonios en la oficina del expreso hicieron el resto: los empleados señalaron a Engel y a su novio.
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Engel se regaló desde el comienzo: su firma era casi idéntica a la empleada en el despacho del envío, aunque las pericias caligráficas fueron inconcluyentes. Ruth y su novio terminaron bajo prisión preventiva, con un embargo de $15 millones cada uno.
El gendarme, por su parte, esperaba en la otra punta.
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Servicio de paquetería
El gendarme, un hombre de 37 años, vecino de San Miguel y nacido en Misiones, trabaja en la fuerza hasta hoy. Como muchos otros agentes federales, había decidido conducir como chofer de aplicación para suplementar sus ingresos. Su misión, básicamente, era retirar el paquete de 18 kilos de droga.
“Sandobal fue quien coordinó con el gendarme la entrega final de la encomienda a un tercero”, asegura un documento de la causa. El propio efectivo lo blanqueó en su declaración indagatoria. “Mencionó que conocía a Sandobal desde el año 2010, que tenían una relación de amistad y que solían comunicarse por teléfono, a través de WhatsApp”, continúa el documento.
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“Relató que, al saber que en el mes corriente no iba a cobrar un suplemento salarial de aproximadamente $700.000, y en virtud de ser el único sostén económico de su familia, decidió descargar la aplicación Uber para generar ingresos adicionales durante sus vacaciones de invierno”, sigue el fallo.
A pesar del valor de la droga, Sandobal le ofreció $50 mil pesos por el trámite. Le dijo que se trataba de una caja de perfumes. Así, el gendarme se presentó en la sucursal del expreso en San Martín. Allí, lo esperaba la PSA para detenerlo. Lejos de correr, colaboró con el procedimiento.
Terminó procesado con prisión preventiva, al ser considerado -en principio- “autor mediato del delito de transporte de estupefacientes agravado por haber sido cometido por un funcionario público”. Sin embargo, la jueza Vence le dictó la falta de mérito en diciembre del año pasado. Su colaboración fue la clave. No solo entregó su teléfono desbloqueado: también dio los datos de Sandoval.
Dyonathan y la fábrica de pastillas
Después, están los prófugos, conectados al circuito de fiestas electrónicas en Misiones. Da Silva, por ejemplo, es vinculado al envío de los 18 kilos a través del IMEI de su teléfono, que corresponde al número registrado para la recepción de la encomienda.
Ese mismo IMEI, por ejemplo, se vinculó a otra línea, que fue empleada para la importación de una máquina para fabricar pastillas desde Hong Kong, una posible marca de la ambición de la banda.
La PSA lo filmó junto a Godoy en CABA a fines de agosto, mientras subía a una camioneta: la jueza Vence y el secretario Furia detectaron múltiples movimientos migratorios hacia Brasil. Sin embargo, elude a la Justicia hasta hoy.
La pista de la Triple Frontera se fortalece aquí. Ambos se movían en una camioneta con patente paraguaya, la misma que se usó para retirar la máquina en un courier privado. De Brasil o de Paraguay, precisamente, vendría la droga de la banda.
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