
Gabriel Garvizú (29) y Alejandro Ibarra (33) son pareja desde hace más de 5 años y asistieron este último fin de semana largo para asistir a la San Martín Fest, una reconocida fiesta de la comunidad LGBTQ, en el barrio porteño de Congreso, sin imaginarse que serían el blanco de un feroz ataque homofóbico en patota.
“Nos apedrearon gritando ‘putos de mierda’ con la clara intención de matarnos” y que “salían de festejar el reencuentro de la amistad, del amor que nos tenemos y expresamos”, relató Gabriel en su cuenta de Instagram para visibilizar lo ocurrido a la salida de la fiesta en la calle Sarmiento.
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Según el joven mismo, no pudieron identificar a sus agresores dada la rapidez del hecho. De acuerdo al sumario policial posterior, fueron agredidos por entre tres y cinco desconocidos con golpes de puño, patadas y elementos contundentes. En redes sociales y en diálogo con Infobae, Gabriel aseguró que los agresores fueron ocho.
“Nos golpearon salvajemente por ser gays, en clara señal de odio por nuestra expresión, todo el cuerpo a patadas. A Alejandro le rompieron la cabeza, tiene suturas y se está recuperando en su casa”, señaló la víctima sobre su pareja. Gabriel, por su parte, resultó con su cara y su boca lastimada.
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Además de describir la violencia física que tuvieron que soportar, acusaron a las instituciones que deberían cuidarlos. “Nunca llegó el SAME. Tuvimos que movernos por nuestros propios medios al Hospital Ramos Mejía y nos negaron la atención primaria de salud alegando que no había tomógrafo, que teníamos que tomar un taxi e ir hasta el Argerich en ese estado de vulnerabilidad”, recordó Gabriel, quien aseguró que sus súplicas recién fueron escuchadas cuando Alejandro se descompuso en el lugar.
“Nos atendieron cuando Alejandro empezó a vomitar sangre en la sala de guardia y casi pierde la conciencia. Recién ahí intervinieron los médicos”, indicó. Incluso, dijo que llamó a una línea gratuita de la Justicia para denunciar lo ocurrido y que “no atendieron nunca”. Todos nos ignoraron, fue horrible. No nos sentíamos personas”, describió el joven tras su pedido de auxilio.
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Luego, al ver que la ambulancia del SAME tardaba en llegar, Gabriel le pidió a la policía que los alcanzara hasta el hospital más cercano pero se negaron. “Ningún taxi nos quería parar porque estábamos ensangrentados. Fuimos a una pizzería que queda sobre la avenida Callao para higienizarnos y estar un poco más presentables pero nos negaron la entrada. Entonces nos cruzamos hasta un café y nos metimos al baño sin preguntar”, recordó.

En cambio, fuentes policiales aseguraron a Infobae que “ambos se encontraban lúcidos sin representar riesgos de vida aparente” y les sugirieron que aguardaran el arribo del servicio de emergencias, pero no les hicieron caso y se retiraron por sus propios medios. Incluso, les pidieron que hicieran la denuncia una vez que recibieran asistencia médica. También, según el sumario de la Policía de la Ciudad, los efectivos le brindaron a Gabriel y Alejandro los datos de la comisaría de la zona.
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Ante esta situación, la policía consultó con la Unidad de Flagrancia Unidad Fiscal Este, Secretaría Única a cargo del fiscal Carlos Caputto, que determinó labrar actuaciones por lesiones leves. La denuncia hasta ahora no fue realizada y la causa continúa de oficio. Gabriel asegura que hará
Gabriel y Alejandro lleagaron al Ramos Mejía alrededor de las 9 de la mañana. “El médico que estaba en la guardia hizo abandono de persona. Se negó a atendernos y nos echó del hospital. Un guardia de seguridad que vio todo se acercó y le dio un vaso de agua a Alejandro. Ahí fue cuando se puso a vomitar sangre y fue corriendo a llamar a otro médico, que finalmente sí lo asistió y tras hacerle las saturaciones y los chequeos correspondientes lo derivó al Sanatorio Colegiales por su obra social”, contó Gabriel.
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En tanto, fuentes del Ministerio de Salud de CABA señalaron que “las personas indicadas en los posteos de las redes sociales fueron atendidas por clínicos cirujanos y por traumatólogos, tal cual figuran en los libros de guardia de la institución” negando la versión de la pareja. “No hubo malos tratos a los pacientes”, alegaron.
Según el parte médico, Alejandro ingresó con traumatismos leves como consecuencia de la agresión: “Se le realizaron estudios de laboratorios y ecografías, se le brindaron analgésicos y un plan de hidratación. Quedó en Guardia y luego fue evaluado por Cirugía, como consecuencia de una herida cortante en el cuero cabelludo. Se le realizó una sutura y evolucionó favorablemente”. Gabriel, en tanto, fue evaluado por traumatología, se le realizaron placas y quedó unas horas en observación.
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Mientras Alejandro se recupera de las lesiones físicas en su domicilio, aún no puede controlar los altibajos emocionales que le generó este ataque de odio. De todas maneras, su pareja contó que este lunes van a ir personalmente a hacer la denuncia ante la fiscalía porque “en esa zona hay muchas cámaras de seguridad y comercios que deben tener sus propias filmaciones”.
“No vamos a parar hasta que los identifiquen. Fue un ataque desmedido. Nadie se merece ser víctima de una agresión de esa magnitud por su condición sexual”, concluyó Gabriel.
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Más allá de sus ganas de hacer justicia, los ataque homofóbico ocurridos a principio de año; uno con gas pimienta a una fiesta LGBTQ en el Bar Dark, en el centro porteño; y otro en el Maricafé, de Palermo, aún siguen sin esclarecerse a pesar de que todo quedó registrado en videos.
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