Este lunes, algunos minutos antes de las 23, efectivos de la Policía de la Ciudad detuvieron a un hombre de 51 años y un joven de 25 por haber intentado ingresar a dos edificios en el barrio porteño de Recoleta con llaves codificadas bañadas en cera de vela, un viejo truco delictivo para falsear cerraduras. El dúo era ciertamente extraño para el hampa local. Los viejos delincuentes -51 ya es viejo para delinquir- suelen salir a robar con viejos compañeros, quizás formados en los mismos códigos, prefieren engaños telefónicos, cuentos del tío que pueden garantizarles dinero rápido y penas bajas si es que caen. Los jóvenes prefieren métodos más calientes, arrebatos, amenazas a punta de pistola, manchar de sangre lo que se llevan.
Sin embargo, algo los unió.
Rodolfo Fabián Sánchez, nacido en Entre Ríos, ex empleado de varias empresas, ex preso del penal de Ezeiza, padre de una hija, con domicilio en Montserrat; y Leonardo Germán Nahuel Guerrero, oriundo de Berazategui, también domiciliado de ese barrio, a pocas cuadras de su cómplice, también había estado preso en una cárcel federal a mediados de la década pasada, cuando apenas era un mayor de edad. Los dos llegaron este lunes por la noche a la calle Peña al 3100, a pocas cuadras del Parque Las Heras, a bordo de un auto, con un manojo de llaves y un paquete de parafina color rosa, el cebo que se utiliza en la fabricación de velas, dentro de una bolsa de filtros para tabaco.
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Ese tipo de llaves -fácilmente reconocibles, con dos hileras de aproximadamente 10 pequeños agujeros cada una- son las más vulnerables a ser clonadas. Los delincuentes cubren los orificios con parafina -a veces también con jabón- y las introducen en las cerraduras para obtener la codificación y así generar una copia exacta de la llave.
Leonardo y Rodolfo pretendían hacer eso mismo para, una vez sorteada la puerta principal, tener acceso directo a los departamentos, según la acusación en su contra.
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Sin embargo, un vecino de la cuadra -que aún a esa hora tiene un gran caudal de tránsito y mucha circulación peatonal- los vio cuando realizaban su maniobra e intentaban ingresar a dos edificios contiguos sobre la calle Peña, entre la avenida Coronel Díaz y Billinghurst.

El hombre dio aviso de inmediato al 911 y, algunos minutos más tarde, efectivos de la Comisaría Vecinal 2A e la Policía de la Ciudad se trasladaron hasta el lugar y rápidamente los detuvieron antes de que pudieran lograr su cometido. Los efectivos secuestraron dos celulares que tenían en su poder y un auto Chevrolet Cruze color blanco en el que habían llegado hasta el lugar, registrado a nombre del padre de Guerrero.
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No era la primera vez que Rodolfo y Leonardo cometían un delito, ni la primera vez que los atraparon. Ambos tuvieron varias condenas por robo con armas y fueron beneficiados con libertad condicional en 2017 y 2019, respectivamente.
Rodolfo Sánchez fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 26 de la Ciudad en abril de 2015 a seis años de prisión tras haber sido encontrado culpable del delito de robo doblemente agravado por el uso de armas y de “violencias que causaron lesiones graves” en un hecho ocurrido en septiembre de 2013.
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Si bien la pena que cumplió tenía fecha de vencimiento en septiembre de 2019, la Justicia le concedió la libertad condicional a Sánchez en mayo de 2017 con la obligación de comparecer todos los meses no sólo ante el juzgado sino también ante la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal y la Dirección de Readaptación Social que depende del Ministerio de Justicia de la Nación, según documentos judiciales a los que accedió Infobae.

Su cómplice, más de veinte años menor, había corrido una suerte similar, pero cuenta con un prontuario más frondoso que él mismo. Leonardo Guerrero, de 25 años, domiciliado en el partido bonaerense de Berazategui durante su adolescencia, había sido procesado por una tentativa de robo agravado por el uso de arma de fuego por primera vez en octubre de 2014 junto a un cómplice diez años mayor, un mes antes de su cumpleaños número 19.
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Un año más tarde, en octubre de 2015, Guerrero fue procesado nuevamente en una causa por lesiones leves a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N° 14 y luego otra vez por amenazar y provocar lesiones leves a una pareja que lo denunció en julio del año anterior ante la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia.
En 2016, Guerrero fue condenado a una pena de cuatro años de prisión por los delitos de robo agravado, encubrimiento agravado, y portación ilegal de un arma de guerra.
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Entre octubre de 2015 y agosto de 2016, Guerrero tuvo su primer y único empleo en blanco registrado dentro del Servicio Penitenciario Federal y cobró el sueldo que cobran los presos por tareas dentro de la cárcel. Luego fue beneficiado con libertad condicional, supervisado por el Juzgado de Ejecución Penal N° 3.
Sin embargo, en junio de 2019 Leonardo volvió a delinquir. Fue imputado esta vez por abuso de arma de fuego, y el juez Adrián Martín del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 15 revocó el régimen condicional y le impuso una condena única de cuatro años y cuatro meses por los dos hechos, que cumplió un período corto de tiempo más en una celda del Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz. En octubre de 2019 quedó en libertad.
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Un año y medio más tarde, Leonardo intentó robar de nuevo, esta vez sin armas, con una técnica más sofisticada, el auto de su papá y un cómplice que lo dobla en edad. La investigación de su robo frustrado quedó ahora en manos de la doctora Marcela Sánchez, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 30.
Se espera su indagatoria para las próximas horas.
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