
Cerca de las dos de la mañana del lunes pasado, Carla marcó desesperada el teléfono y avisó mientras lloraba que su mamá de 57 años había sido víctima de una brutal golpiza y estaba descompensada en el piso de su habitación. Denunció que su tío había entrado de prepo en su casa de la calle Florentino Ameghino al 1000, en San Nicolás de los Arroyos, y le había dado golpes de puño y patadas a su propia hermana en el suelo de una forma brutal.
Un móvil policial fue de inmediato hasta su casa y una ambulancia trasladó de urgencia a Liliana Josefa Farías, todavía consciente, al Hospital Interzonal General de Agudos San Felipe, donde finalmente falleció.
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Algunas horas más tarde, ya de día, su hija seguía llorando en la comisaría.
Carla Natividad Belingheri, de 31 años, llegó a la dependencia aferrada a una carpeta con copias de más de una decena de denuncias por violencia de género contra Claudio Edelmo Farías, su tío materno, y lo responsabilizó directamente por la muerte de su madre.
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Aseguró en su declaración ante el fiscal Patricio Múgica Díaz, titular de la UFI Nº 1 de San Nicolás, que tanto ella como su hijo de 12 años habían visto con sus propios ojos cómo Farías tiraba de la cama a su mamá y la golpeaba en el suelo. Dijo también que su tío era profesor y cinturón negro de karate y que la jueza de familia Regina Cucit había dispuesto una perimetral “de exclusión absoluta” contra él. Le endilgó un móvil, también: dijo que Liliana y su hermano tenían una larga disputa por la herencia del terreno y la casa de la calle Ameghino.
Las denuncias existían y la orden de restricción también, por lo que, frente a ese panorama y ante la aparente muerte violenta de Liliana, el fiscal Múgica Díaz pidió la detención de Farias al juez de garantías Ricardo Pratti. Cuando el Comando de Patrullas de San Nicolás y el personal de la DDI local entraron a su casa, Farías, de 46 años, se sorprendió y les preguntó a los efectivos qué pasaba porque, decía, no entendía de qué lo acusaban.
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A partir de ese momento, algo en la historia de violencia de género y femicidio violento que denunció Carla empezó a debilitarse.
En su declaración ante el fiscal Múgica, a la que tuvo acceso Infobae, Farías -un empleado histórico de empresas de seguridad que actualmente está sin trabajo y estudia en simultáneo la carrera de coaching ontológico y teología en una iglesia evangélica de la zona- habló, defendió su inocencia y presentó una coartada.
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Dijo que a la hora en que supuestamente ocurrió el crimen él estaba durmiendo en su casa. Que se había quedado jugando a la Playstation con el amigo con el que convive hasta que él se durmió, después envió algunos mensajes desde su celular, se fue a acostar y se despertó a las 11 de la mañana. Farías aseguró también que recién mientras lo esposaban supo que su hermana había muerto y que le resulta difícil procesar esa situación y empezar a hacer el duelo desde su celda en la DDI de San Nicolás. Reconoció que había una disputa por el terreno pero no se sorprendió por la acusación de su sobrina y remarcó que la verdadera discordia era entre él y ella y no con su hermana, con quien prácticamente ya no tenía vínculo y que además tenía graves problemas de salud.
Farías sostuvo también que no practica karate desde su adolescencia, que sólo llegó a ser cinturón azul y jamás dio clases. El allanamiento que se llevó a cabo en su casa de alguna manera lo respalda: los efectivos encontraron trofeos y diplomas de competencias de karate de hace más de 30 años. La más reciente era de 1988, cuando Farías tenía apenas 14 años.
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En el medio de todo, hay una disputa por otra cosa.
El terreno de la calle Ameghino en torno al cual gira la causa contra Farías es un predio con tres construcciones ubicado en un barrio de clase media y cercano a las arterias principales de la ciudad del norte de la provincia de Buenos Aires, que pertenecía originalmente a los padres de Claudio y Liliana y que, tras la muerte de su padre en julio del año pasado, fue heredado por los dos. Para entonces Claudio vivía en una construcción del fondo y Liliana vivía junto a su hija y sus nietos en la casa principal. Esa dinámica ocasionó durante muchos años problemas recurrentes y cada vez más graves con su sobrina, que solo mermaron cuando Carla fue presa.
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Belingheri, según confirmaron fuentes judiciales a este medio, pasó efectivamente nueve años detenida en la Unidad Penal Nº 3 de San Nicolás. Había sido condenada por el homicidio de una ex pareja, un sujeto de nombre Eduardo Alfredo González, y luego beneficiada con prisión domiciliaria. Pero, mientras debía cumplir el arresto en su casa, Carla fue detenida e imputada por un robo en poblado y en banda, por lo cual recibió una pena única por los dos delitos y dejó sus hijos al cuidado de su madre.
En enero de 2018 salió en libertad condicional y la pena se agotó definitivamente en mayo de 2019. Ahora Carla vive en pareja con una mujer, su bebé de tres meses y sus otros dos hijos de 12 y 10 años en la misma casa que Liliana.
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Su tío sostuvo en su declaración que Carla es una persona “brava” y “manipuladora”, que tiene problemas de abuso de sustancias y que él sabe que quiere quedarse con la casa. Que cree que por eso orquestó “denuncias falsas” de violencia de género contra él. La acusó de no hacer nada por sus hijos y aseguró que, a pesar de que cobra subsidios para los niños, a veces los manda a mendigar dinero. La consideró capaz de inventar una historia y de una acusación grave como esta para “sacarlo del medio”.
Si fuera preso por un homicidio, Farías sería considerado “indigno” en el trámite de la sucesión, perdería el derecho a heredarlo, y, con su madre ya fallecida, el terreno efectivamente quedaría en manos de ella.
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La declaración del único acusado por el crimen de Liliana Farías dio algunas de las claves para el avance de la causa. Los investigadores volvieron a hablar con su hija y confirmaron algo que ya había empezado a notarse: en las sucesivas repeticiones del relato sobre lo que pasó en la noche del lunes, Carla modificó varias partes del episodio y tuvo contradicciones evidentes. También volvieron a hablar con su hijo menor de edad, quien también había tenido inconsistencias y discordancias en su relato. “Lo manipuló por completo”, apuntó a este medio una fuente cercana al expediente y en diálogo con los profesionales que lo entrevistaron.

Los psicólogos y trabajadores sociales involucrados en el caso empezaron a notar un nivel muy extremo de fabulación en casi todas las afirmaciones de Carla: desde los pormenores de la muerte de su madre hasta los detalles más mínimos de la vida cotidiana. Llegó a mencionar incluso que en la escuela de su hijo le dijeron que el niño evidenciaba problemas psicológicos por haber visto el asesinato de su abuela y no supo qué decir cuando le respondieron que en San Nicolás todas las escuelas están cerradas desde marzo por la pandemia de coronavirus.
Los resultados preliminares de la autopsia al cuerpo de Liliana Farías despejaron dudas: la mujer, determinó el estudio, no fue asesinada.
En primer lugar, el informe forense reveló que la mujer tenía diversos problemas de salud, en especial una hernia grave en la zona abdominal dentro de la cual tenía partes putrefactas del intestino que terminaron de complicar su situación. Si bien el informe oficial todavía no fue entregado al fiscal, los forenses creen que tal vez tenía también un cáncer incipiente.
La mujer fue encontrada además en un estado de descuido absoluto, no estaba aseada ni había recibido la atención médica que necesitaba. Por otra parte, no encontraron marcas externas ni internas de ningún tipo que reflejen golpes o patadas en ninguna parte del cuerpo, salvo una serie de raspones en los codos que generaron dudas al principio pero corresponderían al momento en que se descompensó y cayó de su cama contra el piso rugoso de su habitación.
Este jueves por la tarde, los investigadores llevaron a cabo una inspección ocular en la casa de la calle Ameghino: encontraron una vivienda bien construida pero abandonada, con mucha suciedad y desorden, muebles viejos y deteriorados. Lo más importante, sin embargo, fue el hallazgo de dos cámaras de seguridad vecinales que apuntan directamente a la puerta de entrada y a la parte trasera. El análisis de esas imágenes podrá determinar si el lunes a la madrugada Claudio Farías estuvo o no en la casa de su hermana.
Los videos de seguridad, el informe final de la autopsia y la declaración de algunos nuevos testigos terminarán así de definir la situación procesal de Farías, hoy imputado por homicidio agravado. Una vez que todas las pruebas respalden su declaración y su coartada, el fiscal Múgica Díaz podrá optar por pedir su libertad y que se dicte una falta de mérito. El estigma en su ciudad será tal vez un tema más difícil de resolver.
La situación de Carla Belingheri, sin embargo, es un poco más complicada. La liberación de Claudio podría abonar la teoría de que aprovechó la muerte natural de su madre para acusar a su tío de un crimen que no cometió y obtener como beneficio la titularidad del terreno que le pertenece. Carla podría en ese caso ser denunciada por falsa denuncia agravada, un delito que reviste como pena una multa económica o prisión de dos meses a un año y es excarcelable, pero que no lo sería en su caso con la pena por homicidio que tiene como antecedente.
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