Diego A., un músico de 41 años con domicilio en el barrio porteño de la Paternal, fue detenido en los últimos días luego de descubrirse que, además dedicarse al arte, vendía droga en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y bajo un particular método de reparto: hacía un curioso circuito en el que iba cambiando de taxis cada vez que hacía las entregas a los clientes.
La investigación para dar con el dealer comenzó hace tres meses y fue liderada por la fiscalía del Área de Casos Especiales de la Unidad Fiscal Norte, a cargo de Cecilia Amil Martín, luego de que obtuvieron el dato de que habría un hombre que se dedicaba al narcomenudeo en los barrios de Núñez, Saavedra y Villa Urquiza. Además –según dijeron fuentes de la investigación a Infobae– los investigadores tenían la información de que el sospechoso distribuía la droga a bordo de un taxi y establecía citas previas para encontrarse con sus compradores a lo largo de un recorrido que ya tenía elaborado con antelación.
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Finalmente, después de distintos seguimientos, la Policía de la Ciudad pudo dar con el sospechoso y determinar, incluso, que también vendía droga desde su propio departamento, ubicado en un edificio de la avenida Donato Álvarez. Fue por esto que se estableció una vigilancia en las inmediaciones del lugar hasta poder capturarlo.

Con los elementos obtenidos hasta ese momento, el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas Nº 13, cuya titular es la jueza María Tula del Moral, ordenó la inmediata detención de D.A. aunque debía concretarse mientras realizara una de sus ventas. Fue así que efectivos del Departamento de Contravenciones y Faltas, perteneciente a la División Investigaciones Delictivas de la Policía de la Ciudad, y con la presencia del Cuerpo de Investigación Judicial (CIJ), realizaron un cerco alrededor del edificio donde vivía el sospechoso y esperaron a que algún comprador saliera.
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Cerca de las 13 horas, el cliente salió del edificio y fue detenido en plena calle. Casi en simultáneo, los efectivos de la Policía de la Ciudad irrumpieron en el lugar y arrestaron al músico. De acuerdo con las fuentes, el dealer no llegó a subir hasta su departamento y fue detenido en las escaleras. En la vivienda de Diego A. incautaron una balanza de precisión mancha de polvo, bolsas con cocaína, un ladrillo de la droga y una caja con dinero. En el lugar también había varios instrumentos, sus tambores, una vieja guitarra y un amplificador Fender. Por orden de la jueza, se dispuso el secuestro del material y la detención del imputado y su traslado a la alcaidía de la Policía de la Ciudad de la zona.


El método para despistar a la Policía
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De acuerdo con las fuentes de la investigación consultadas por Infobae, el músico citaba a cada comprador en un punto diferente cada vez que realizaba una venta. Por ejemplo, si tenía cinco clientes, se tomaba cinco taxis distintos para engañar a la Policía.
El costo del taxi lo cargaba al precio de la venta, algo que los compradores aceptaban de antemano. De acuerdo con la investigación, la dosis tenía un costo de 700 pesos, pero según las fuentes, el músico le agregaba el “impuesto de logística”.
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El método de venta y reparto era bastante elaborado. El teléfono lo encendía entre las 9 y las 12 del mediodía y tomaba los pedidos. A partir de las 19 comenzaba el circuito y entregaba el producto. Otro de los elementos que usaba para despistar estaba relacionado con su otra pasión, la música. Según supo este medio, siempre salía con la guitarra en su estuche.

Los investigadores creen que ahí llevaba la droga ya fraccionada en bolsitas para entregar. Algunas veces salía con una camioneta utilitaria y la estacionaba en el barrio de Núñez y ahí empezaba a tomarse los taxis.
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De acuerdo con los vecinos, el hombre daba clases de música en su casa y a domicilio. Incluso arreglaba todo tipo de instrumentos. Se presume que podría ser esa su fachada para también recibir a los clientes de confianza que se quedaban a consumir en su casa, o incluso para llevar la droga y hacer las entregas a domicilio.

La casa de D.A.M. quedaba muy cerca de la Villa La Carbonilla, por lo que los investigadores creen que la comparaba a un mayorista de ese barrio. Un dato que sorprendió a los investigadores es que no se encontraron sustancias de corte para estirar la droga, algo que acostumbra a hacer todo vendedor al menudeo para ganar más dinero. Esto supone que el producto que vendía era de máxima pureza.
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