
Tensa calma: mientras un grupo de casi 100 agentes armados de la Policía Bonaerense hacían sonar sus bombos en reclamo por una mejora salarial y mejores condiciones de trabajo en la puerta de la Quinta de Olivos, la Policía Federal articuló un operativo de seguridad con varios móviles y 30 efectivos destinados a custodiar el paso en un radio de dos cuadras sobre cada calle que bordea la residencia presidencial. Prefectura se sumó al operativo, fuera de su elemento usual, con 35 efectivos del Grupo Albatros.
Por estas horas, nadie puede acercarse salvo que tenga algún motivo. El miedo a que la situación suba de temperatura se desplegó en forma de operativo policial.
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Mientras tanto, el grupo de bonaerenses se agrupó frente a uno de los ingresos, sobre la avenida Maipú. Allí formaron una hilera con unos 30 patrulleros del Comando de San Isidro y Vicente López y de las Policías Locales de esos distritos y encendieron sus sirenas para hacerse oír.
La idea de dirigirse hacia la Quinta comenzó hoy a las 8 de la mañana. Todo empezó con el boca en boca entre los efectivos de esos distritos sobre qué medidas tomar frente a la protesta. Tras dos días de observar las masivas manifestaciones de los policías a lo largo del territorio bonaerense entendieron que era su turno de salir a las calles a reclamar. “Algo tenemos que hacer”, se autoarengaban. Entonces los agentes del Comando de San Isidro dieron el primer paso. “Vamos a la Quinta de Olivos y nos quedamos ahí”, dijeron.
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Ese mensaje se esparció en todos los teléfonos de los agentes de ese distrito y sin más se apostaron en la puerta de la residencia con sus uniformes, de civil, cargando sus armas reglamentarias y acompañados de bombos y tambores.
“Hasta que no haya una respuesta favorable a nuestra situación en La Matanza no nos vamos de acá”, contó un Teniente Primero del Comando de San Isidro parado frente a la residencia presidencial con su uniforme y su Bersa Thunder 9mm colgada al cinturón, una protesta de funcionarios públicos armados frente a donde vive el presidente.
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Esta actitud fue repudiada por buena parte de la oposición y el oficialismo.
Las negociaciones para apaciguar el conflicto que se producen en el Puente 12 en la Matanza, donde el ministro provincial Sergio Berni y el jefe de la fuerza, Daniel García, tienen su centro de comando, son las que marcan el pulso de la protesta. Lo que allí suceda determinará el accionar de todos los efectivos a lo largo de la provincia.
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“Nuestro ojo está puesto en La Matanza, porque acá ya se perdió la cadena de mando. Nuestro jefes ya no nos pueden ordenar más nada. Nosotros queremos una mejora salarial urgente. El conflicto es por dinero. Yo tengo 26 años de servicio y gano 36 mil pesos. Tuve que buscarme dos trabajos más. Laburo en un country y en comercio de seguridad privada. Así junto 30 lucas más”, contó el teniente.

Frente a la puerta de ingreso colgaba un cartel donde se decía “el pueblo apoya a la Policía”, otra agente sostenía una pancarta con el mensaje: "¡Aumento salarial ya!”. En el centro de la escena, siete policías repiqueteaban sus tambores y otros tres hacían flamear banderas argentinas. Mientras el resto los acompañaba aplaudiendo.
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De un momento a otro, un hombre sigilosamente se acercó al lugar y les gritó: “Ustedes tienen los huevos así de chiquitos -y gesticuló con las manos-, con Vidal no se la bancaban y ahora hacen esto, ¡hijos de puta!”. Inmediatamente comenzaron a insultarse. El hombre corrió y varios agentes lo siguieron hasta que escapó.
La tensión emergió del atípico reclamo que comenzó el lunes pasado con un pequeño grupo de policías en la Plaza Adrogué. Las imágenes de esa protesta se viralizaron en distintos grupos de Facebook y Whatsapp de los policías y terminó en una de las mayores protestas policiales de la historia reciente.
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“Nosotros vemos que tenemos el apoyo de la sociedad civil. Pero de repente aparecen esta clase de gente que no sabes de donde sale”, contó un agente que saluda a una de las personas que pasa en su vehículo por el único carril habilitado de esa parte de la avenida.
Infobae le preguntó a uno de los agentes que brindó su testimonio si no entendía como un gesto de violencia que se acerquen a protestar armados a la residencia presidencial cuando además el conflicto es provincial. “No me parece porque nosotros damos la vida por el que está adentro y por la sociedad. Somos conscientes de lo que hacemos”, concluyó.
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Cada vez se acercaban más agentes a la puerta de la residencia y entre los policías se presentó Juan Carlos Blumberg , cuyo hijo, Axel Blumberg, fue secuestrado el 17 de marzo del 2004 y posteriormente asesinado por sus captores. El falso ingeniero respaldó a los efectivos frente a los medios mientras ellos le respondieron con aplausos.
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