
Alberto Fernández se aprestaba a subirse al helicóptero rumbo a Quilmes cuando observó a más de veinte patrulleros apostados sobre la avenida Maipú. Se paró en seco, llamó a un colaborador y le pidió que saliera de Olivos e invitara a los oficiales y suboficiales que frente a la quinta presidencial exigían un aumento salarial y mejores condiciones profesionales. A los pocos minutos, su asesor regresó con una respuesta que sorprendió al jefe de Estado: “No quieren. Dicen que sólo vinieron a protestar y tienen miedo a las represalias".
La respuesta de los policías bonaerenses enojó a Alberto Fernández, que pretendía un contacto directo para conocer las exigencias sindicales, al margen de la información que recibe de Axel Kicillof y de los intendentes del Conurbano. El Presidente ya sabía de las demandas de aumentos salariales, pero fue sorprendido por el volumen de las protestas que ahora se extendieron en el interior del país.
El Presidente se subió al helicóptero y masticó su respuesta rumbo a la empresa Quilmes, que cumplió 130 años. Elogió su cerveza, sus gaseosas y su política agroexportadora. Y luego se cobró el maltrato de los policías que estaban con los patrulleros estacionados en la avenida Maipú casi esquina Villate.
“Esto no se resuelve escondidos en patrulleros tocando sirenas. El gobierno nacional no se va a hacer el distraído, va a afrontar el problema como lo hacemos siempre junto al gobernador, Axel Kicillof. Somos dos amigos en la misma causa y estamos comprometidos con lo mismo", aseguró Alberto Fernández.
Horas más tarde, hubo un segundo intento. El vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, y el Secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, salieron a la puerta de la residencia para intentar dialogar con los efectivos que encabezaban la protesta. Mantuvieron una breve conversación, en la que transmitieron la idea del Presidente, de que “ocho o diez representantes” ingresen a la residencia para hablar con el mandatario. Sin embargo, la respuesta también fue negativa.
El jefe de Estado trabaja para desarticular una ofensiva policial que puede funcionar como un efecto dominó. Alberto Fernández ya sabía que había reclamos también en Chaco, Jujuy, Río Negro, Chubut y Santa Fe, y su decisión política es ayudar a las provincias y contener una crisis institucional que tiene múltiples antecedentes.
En este contexto, Alberto Fernández prioriza la oferta final que se presentará para contener las exigencias de la policía bonaerense, que fueron expresadas en una propuesta de 14 puntos que analiza Kicillof con su staff. El Presidente y el gobernador ajustan el lápiz, mientras consideran lógicos los reclamos vinculados a la obra social, la capacitación y el plus salarial para comprar los uniformes de la fuerza.
La iniciativa espontánea de convocar a los policías que protestaban en Olivos iba dirigida a conocer las necesidades propias de los oficiales y suboficiales que padecen la crisis económica y el COVID-19. Alberto Fernández tiene cierta desconfianza de los partes de inteligencia, o de la información que puede llegar a su WhatsApp vía un intendente del Conurbano, y por eso optó por el contacto directo.
El jefe de Estado asume que está rota la cadena de mando de la policía bonaerense y quiere tener todas las cartas en la mano antes de decidir qué hará con su conducción política e institucional. No quiere desgastar a Kicillof, y decidió empoderar –de nuevo– a Sergio Berni para que enfrente la negociación con los policías que cuestionan sus métodos institucionales y su fascinación por los medios de comunicación.

Cuando concluya la crisis policial, Alberto Fernández junto a Cristina Fernández y Kicillof decidirán cómo sigue la partida. Si aplican el manual político, la cúpula de la Bonaerense debería pasar a retiro y Berni dejaría su búnker del Puente 12 para preparar su próxima etapa como eventual candidato a gobernador de Buenos Aires.
Pero CFK protege a Berni y no tiene intenciones de soltarle la mano. Alberto Fernández y Kicillof piensan al revés, y no descartan nombrar a un intendente del Conurbano que conozca la lógica de poder de la policía provincial. Si hay cambios, sucederán cuando los efectivos regresen a las comisarías y los patrulleros se vayan de la quinta de Olivos.
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