
En un momento, Julián Eduardo López decidió que su hija mayor ya no iría más a la escuela, que ya era suficiente educación y que no le hacía más falta. Su hija, básicamente, ya no tenía adónde ir. Su hermana menor, que padecía un retraso mental, ya había muerto a los 12 años, enferma de leucemia. Su madre estaba postrada, enferma del corazón. Su padre tampoco le permitía ir a ver a un cardiólogo.
Así, eran ella y su mundo, con su padre, un tambero analfabeto que hoy tiene 63 años. Su padre, y los hijos que, según ella misma, su padre le engendró. Tres, y uno en camino, con un embarazo de cinco meses.
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A López lo detuvo ayer la Comisaría de San Miguel del Monte: lo encontraron con su tradicional boina blanca puesta en la cabeza en su casa de la pequeña ciudad bonaerense de San Vicente, acusado tras una investigación de la UFI N° 2 de Cañuelas con la fiscal Norma Pippo y el secretario Pablo Ober.
La prueba principal para arrestarlo fue, precisamente, el testimonio de su hija mayor.
El 23 de diciembre de 2019, D. hizo su declaración testimonial en una dependencia del Ministerio Público Fiscal en San Miguel del Monte. Ya no vivía con su padre, había logrado huir, mudarse a otro lado: su padre, dijo ella, la había embarazado por última vez. Dos meses de gestación, calculaba en ese entonces. El funcionario que tomó su testimonio le advirtió la pena y el castigo por faltar a la verdad. D. comprendió y habló.
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“Todo empezó cuando cumplí 11 años”, dijo: “Mi papá me empezó a alejar de mis amigos, de mis primos. Era violento, me pegaba, me decía que no lleve ropa corta, me tiraba besos, tenía actitudes raras". Una mañana, D. tenía que ir al colegio. Su padre no le dejó. “Vamos al tambo”, me dijo, un campo camino a la ciudad de Berra, donde vivían en ese entonces.
Allí, a metros de las vacas, D. fue violada por su padre por primera vez. Luego vinieron otras veces. Su padre, un hombre de campo, llevaba el facón al cinto. Con el tiempo se lo llevaría a la garganta, a su propia hija. “Me dijo que si decía algo iba a matar a toda mi familia, y me iba a quedar con él solo”, aseguro D.
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Tres años después, cuando D. tenía 14, López mudó a su familia a otro tambo en la ciudad de Navarro. Allí, en Navarro, la embarazó, según el relato de la joven, por primera vez. “No me dejaba estar con ningún chico, solo podía tener sexo con él”, declaró. Su madre no estaba con ella en aquel entonces, tuvo que trasladarse a La Plata para el tratamiento de su hermana menor. Luego volvió. D. se lo dijo: el embarazo ya llevaba 36 semanas. Su mamá le preguntó: “¿De quién es?” López no le dejaba responder. “De cualquier chico”, dijo el tambero, que con el tiempo comenzó a tratar a D. de “puta y trola”.
Así, nació su primera hija, una nena, que hoy tiene once años, luego otra nena, hoy de siete, luego un nene, y este embarazo. D., aseguró bajo juramento, nunca tuvo sexo con otro hombre que no fuese su propio padre. Hoy tiene 24 años.
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La última vez fue el quiebre para ella. “¿El papá del nene se va a hacer cargo?", le preguntó su propia madre, mientras vivían en la casa de su madrina. Entonces, D. se lo dijo. Su madrina y una tía realizaron la denuncia. Se negó a declarar en un primer momento. Su padre, dijo, ya la había amenazado otra vez. La llamaba a su celular.
También la llamó una mujer, la actual pareja de su padre, con otra amenaza explícita. “Te voy a sacar la tenencia de los nenes”, dijo.
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Esta mañana, López fue llevado a la UFI N° 2 de Cañuelas para ser indagado. Se negó a declarar. Su hija recibió una custodia de cara a las amenazas. La fiscalía pidió los test de ADN para los chicos: los resultados llegarán en agosto, calculan investigadores.
Su caso es idéntico al de Hugo Aguirre, el albañil de Arequito, Santa Fe, que enfrentó un tribunal en enero de este año también acusado de violar y embarazar cuatro veces a su hija, un caso a cargo del fiscal Juan Pablo Baños, abusos que comenzaron cerca de sus once años con una violación en un descampado. Convivió con ella hasta que la hija denunció al padre. Cada hijo tenía el nombre de un profeta bíblico, de un arcángel, de una virgen. Los abusos continuaron hasta días antes de la denuncia.
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Así como López, Aguirre trataba a su hija de “puta y trola”. Llegó a decirle, según el testimonio de la víctima: “Si te llenás de hijos, ningún pibe te va a querer”.
López y Aguirre están acusados de exactamente el mismo delito: abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante agravado por la paternidad, la guarda y la convivencia con la menor. Si un tribunal oral los juzga y los condena, podrán recibir hasta 35 años de cárcel, la chance de morir en una jaula en un penal atestado.
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