
(Desde Rosario) Hay una decena de efectivos de las Tropas de Operaciones Especiales, el grupo táctico de la Policía de Santa Fe, con cascos en la cabeza y la cara tapada en la sala del Juzgado Penal de Sentencia N°1 de Rosario. Hay otros cien policías fuertemente armados dentro del edificio, unos quince móviles que rodean el perímetro, una pareja de francotiradores en uno de los techos con un par de binoculares y un rifle de asalto.
El despliegue se explica. El clan Cantero, la columna vertebral de Los Monos, la banda narco que marcó a sangre y fuego a Rosario durante la última década, que alistó la protección de policías, que ordenó la muerte de enemigos y se gastó el dinero en lujo de autos y propiedades, hoy tuvo su día de sentencia en el Centro de Justicia Penal de Rosario tras un juicio de cuarenta audiencias, acusados de integrar una asociación ilícita a gran escala e instigar cinco homicidios con una imputación a cargo de los fiscales Luis Schiappa Pietra, Gonzalo Fernández Bussi y la fiscal de Cámara María Eugenia Iribarren, un procedimiento que condensa cuatro expedientes y cinco años de investigación.
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Estuvieron los Cantero, los lugartenientes, algunas de sus parejas, trece ex policías acusados de encubrirlos y venderles información. Habían intentado demorar el juicio en su contra al comienzo, desnudándose en la audiencia inicial en diciembre de 2017. Sus abogados presentaron cerca de 70 recursos a lo largo del proceso. Pero nadie grita, nadie llora, nadie hace ridiculeces, nadie habla de más ni hace un escándalo.
Los Cantero habían dormido bien la noche anterior en sus catres en la cárcel de Piñero, a unos 35 kilómetros de Rosario. No tienen ojeras grises calándoles la cara, gestos tensos. Ariel Máximo Cantero, "Guille", hermano de Claudio, "El Pájaro", el histórico jefe, el mártir, asesinado a balazos el 6 de mayo de 2013, lleva el pelo mojado, un poco más largo que de costumbre, con anteojos de diseño chic y una remera de manga larga con una estampa de ramas de laurel detrás del chaleco antibalas. Se ríe mientras su abogado, Fausto Yrure, lo saluda con un leve abrazo.
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Su padre, también llamado Ariel Máximo, "El Viejo", de 52 años, se sienta junto a él, con sus rulos negros sin canas, vestido en un equipo Adidas de jogging. También se ríe, dejando ver un hueco negro en su fila superior de dientes. A veces mira fijo a alguien por algunos segundos, luego suelta la vista.

Jorge Emmanuel Chamorro es, básicamente, un sobreviviente: recibió un puntazo a centímetros del corazón en una riña en una cárcel neuquina en febrero de 2016, de parte de otro tumbero que le disputaba el rango dentro del pabellón. Chamorro está algo nervioso en su silla. No para de agarrarse el cuello de su camisa blanca perfectamente planchada. Panea la sala de audiencias con la mirada, de un lado al otro. Hay periodistas en la bandeja superior de la sala: Chamorro los mira, pero no es amenazante ni desafiante, quizás está curioso.
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Leandro Alberto Vilches, con menos papada que en sus días en libertad, hombre de la logística narco, partícipe en el homicidio del "Tarta" Demarre, el dueño del boliche Infinity Night en donde fue acribillado el "Pájaro" Cantero, le guiña a un periodista en especial, con un incisivo enfundado en oro que le reluce. No asusta tanto como debería.
Mariano Salomón, "El Gordo", otro hombre de logística, acusado de tomar dinero narco y lavarlo en la compraventa de autos, se veía mejor que en junio de 2016 cuando en un operativo conjunto miembros del TOE de la Policía de Santa Fe y el Grupo GEOF de la PFA lo obligaron a ponerse panza abajo en la casa de una familia gitana donde se refugiaba en Lomas del Mirador. Vestido en un jogging gris y una chomba negra arratonados de tanto lavar, "El Gordo" es el que peor la pasa. No se aguanta a sí mismo en el chaleco antibalas extra large, en su silla, con las manos libres, sin esposas.
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Ramón Machuca, "Monchi", hermano de crianza de "Guille", acusado de instigar cuatro homicidios, está en la punta de la hilera, un supuesto cerebro, un brazo ejecutor. Saluda abogados que le circulan un paquete de mentitas, se ríe, un poco menos que su hermanastro y padrastro. Su camisa azul se ve impecable.
Los fiscales tuvieron una especial atención para él: le pidieron 41 años de cárcel, unos 29 para "Guille", otros diez para "El Viejo". Silvana Gorosito, pareja de "Monchi", está también en la sala. Llegó libre al juicio, imputada como miembro de la banda: le pidieron seis años. Lorena Berdún, la viuda del "Pájaro", la madre de sus dos hijos, con los senos y los brazos tatuados con el apellido Cantero, también está. Le pidieron otros seis años como cómplice y presunta testaferro.
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Los fiscales se fueron felices al final de la mañana. Las condenas para la banda narco más célebre de la Argentina no estuvieron tan lejos de lo que querían.
A las 10:59, un minuto antes de la hora designada, los jueces del tribunal, Ismael Manfrín, María Isabel Más Varela y Marisol Usandizaga, comenzaron la lectura del fallo. Todos los recursos de la defensa de la banda habían sido denegados. "Guille" fue condenado a 22 años, "El Viejo" a otros seis; no se lo tomó mal, precisamente. Puso una cara agria, que cambió casi al instante.
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Vilches fue condenado a once años tras una unificación con una pena previa, Chamorro a otros doce. Jésica Gorosito recibió unos tres años y una prohibición de drogarse y beber alcohol bajo supervisión de un patronato.
"El Gordo" Salomón rió con una ironía triste al escuchar la pena y le pasó una factura inaudible a "Guille" sentado justo a su lado. Para "Monchi" hubo 37 años como jefe de la asociación ilícita y como la mente detrás de las muertes de Lourdes Cantero, una adolescente acribillada en mayo de 2013, sin relación con el clan, baleada por error y en una vendetta contra un búnker narco, así como el triple crimen de Nahuel César, Norma César y Marcelo Alomar, cometido un día antes de la muerte del "Tarta" Demarre.
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La condena es excepcionalmente dura: ni capos peruanos de las villas porteñas como "Marcos" Estrada González o "Ruti" Mariños, uno condenado varias veces por narcotráfico, el otro ideólogo de una masacre en la Villa 1-11-14. Sin embargo, Machuca no se lo tomó tan mal. Agradeció a sus abogados con un saludo y dejó que lo esposaran de vuelta, sin retobes, sin decir nada.
"Monchi" volvió a su celda poco después de las 14 junto al resto de su familia, en un traslado a la cárcel de Piñero con un helicóptero policial sobre sus cabezas. Si las apelaciones de sus abogados fracasan, "Monchi", hoy de 35 años, saldrá como un viejo a la calle. "Guille" Cantero saldrá con poco más de 50. Está inquieto en su celda, aparentemente. Fue procesado por montar un secuestro desde el penal de Coronda en octubre del año pasado. La banda que habría comandado se llevó por error al hijo de un carnicero. "Pedile dos kilos de asado", dijo, riéndose resignado desde su celular en su celda, con su teléfono intervenido que lanzó por la reja minutos antes de una requisa. Lorena Berdún, su cuñada, quedó absuelta por lo que el tribunal consideró pruebas insuficientes. "Duda razonable" fue el término jurídico empleado.
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Algunos de los seis policías que quedaron absueltos aprovecharon que la prensa no los miraba y se fueron a fumar al baño. "Rajemos che, que ahí vienen los periodistas", decía uno de los imputados. Gustavo Pereyra, alias "Gula", ex comisario inspector de la Secretaría de Delitos Complejos de Santa Fe, que fue acusado de hacerse reformar su celda de detención en una unidad policial rural porque no le gustaba su lugar de encierro, apuraba el paso tras apagar un cigarrillo con el chorro de la canilla. Los fiscales habían pedido seis años de cárcel para Pereyra. Su absolución y todas las otras absoluciones, adelantaron los acusadores, serán apeladas.

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