
Apenas pasado el mediodía del lunes 3 de febrero, con temperaturas cercanas a los 40°, Olga Perón vio pasar una yegua exhausta tirando de un carro por una de las calles de Lanús. Al acercase notó que allí iban dos adultos pero también un niño pequeño, y que el animal estaba en condiciones lamentables. La mujer de 73 años, iba camino al mercado de su barrio cuando dejó todo de lado y decidió frenarlos: desde junio de 2023 la tracción a sangre está prohibida en ese municipio y los caballos son considerados “seres sintientes”. Ella lo sabía, por eso les pidió que entregasen al animal.
No pudo seguir de largo, dice, y con pena cuenta que muchas veces las personas deciden no involucrarse por temor a represalias, pero Olga nunca tuvo miedo porque “siempre hay que hablar desde el respeto”, asegura.
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También cuenta que aunque comprende la realidad de quienes usan a los caballos para cartonear, es necesario ver el maltrato, el dolor y el cansancio en los ojos de esos animales, todo lo que vio en la yegua que estaba protegiendo.
Mientras habla con Infobae sobre esa experiencia, la jubilada recuerda cómo se le erizó la piel al ver el estado físico del animal que tenía el lomo cubierto de heridas y la piel marcada por el esfuerzo extremo.
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“Vi el carro y lo paré, y les pedí que bajaran a la criatura porque estaba al rayo del sol. ¡No podía quedarme de brazos cruzados!”, asegura su sensación. Simplemente se acercó y les hizo notar a las personas que la yegua estaba mal, que no podían seguir con ella y que, además, estaban infringiendo la norma porque no podían andar por allí.
Mientras lo hacía notó que una cuadra había un móvil del municipio. Lo llamó haciéndole señas y pronto estuvieron a su lado. Luego llegó el apoyo de la comisaría 7ª de Villa Industriales, de Lanús, donde los agentes respondieron de inmediato. “A los diez minutos ya estaban ahí”, cuenta.
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El rescate
Cuando la policía intervino, la gravedad de la situación quedó en evidencia. La yegua estaba muy cansada, desnutrida y cubierta de llagas. “Estaba en un estado lamentable, con sangre en varias partes del cuerpo. No podía seguir tirando ese carro”, describe Olga.
Al describir el momento en que se acercó a hablar con los carreros, recuerda: “No se trata de temer que reaccionen mal, no hay que hablarle mal a nadie. Sólo hay que decirles que no pueden seguir. Yo les hablé y dije que el caballo ya no podía más, les pedí que tomaran conciencia. En ese momento fue cuando vi el móvil municipal que vino a darme apoyo, y con ellos fue mucho más fácil. Las personas se niegan a dejar el carro y a entregar sus caballos, es la vida de ellos, yo lo reconozco y por eso trato de empatizar. Me dijeron que tenían hambre, les di algo de dinero para que se compraran algo. Yo hago lo que puedo dentro de este esquema, donde algunos están afuera de todo”, lamenta y cuenta que apenas bajaron del carro, uno de ellos llamó a otra persona para que se llevara al niño, que no vivió nada de la situación.
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Esta no es la primera vez que la mujer se involucra ayudando a los equinos. Lo hizo antes de que existiera la ordenanza de Lanús que prohíbe la tracción a sangre en toda su jurisdicción territorial.

“En esos tiempos todo era cuesta arriba y hasta recibí hasta amenazas de muerte por meterme, y como no había ordenanza todo era más engorroso. En cambio, ahora está todo mucho más aceitado, pero también hay poca empatía de las personas que no se involucran. Esto que te cuento fue al mediodía y había un montón de gente en la calle, incluso algunas señoras se acercaban a decirnos que ese era el trabajo de ellos. Bueno, yo lucho por los animales y sé que estos chicos también necesitan. Yo soy jubilada y dentro de mis posibilidades, con lo que pude los ayudé y ayudo cada vez que puedo. Si todos hacemos un poquito, la cosa podría cambiar”, se ilusiona.
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El carro y las personas fueron trasladadas a la comisaría junto con el animal, que fue desmontado del arnés. Entonces, sucedió algo que sorprendió a la salvadora de Bárbara, como bautizaron a la yegua. “En la comisaría nos recibieron con mucha empatía. A la yegua le dieron agua, frutas y verduras. Nos ayudaron a acomodarla en la sombra y estuvieron atentos todo el tiempo. A nosotras nos dieron agua fresca, silla y el trato fue sumamente cordial”, cuenta la rescatista.
Apenas ingresaron, se activó el protocolo. Miriam Ortellado, directora de Zoonosis de Lanús, recibió el mensaje de alerta y de inmediato envió al veterinario Adrián Asta. “El informe veterinario era clave. Había que documentar el estado del animal para que la fiscalía pudiera actuar”, explica Olga.
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Mientras esperaban la orden para trasladar a la yegua a un lugar seguro, llegó Dulce, la hija de Olga, que junto a otras voluntarios permanecieron junto a ella. “Estuvimos todo el tiempo a su lado. Compramos verduras, zanahorias, lo que fuera para que se hidratara. Se la veía muy cansada, sin fuerzas”, relata.
El momento decisivo llegó cuando la fiscalía especializada en maltrato animal, creada recientemente en Lanús por iniciativa del intendente Julián Álvarez, dio luz verde para que la yegua fuera trasladada a un refugio. Un vehículo especializado la llevó a un espacio donde ahora recibe cuidados y alimentación adecuada.
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Aunque protagonizó un momento heroico, para Olga, lo que hizo es un deber ciudadano. “No creo que haya hecho nada del otro mundo. Hice lo que corresponde”, dice con humildad. Sin embargo, su intervención marcó la diferencia entre la vida y la muerte para Bárbara, llamada así en honor a la primera voluntaria del refugio Rescate equino Cinco corazones (RECC) que llegó para asistirla.

Este caso pone en evidencia un problema aún vigente: la explotación de caballos por la tracción a sangre, una práctica que en Lanús está prohibida por ordenanza. Sin embargo, aún se ven por sus calles animales extenuados tirando carros bajo el sol, muchas veces sin agua ni descanso.
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“Hay que cumplir la ley. Como sociedad, tenemos que involucrarnos y dejar de subyugar a quienes no tienen voz”, enfatiza Olga.
Bárbara, la yegua rescatada, ahora inicia una nueva vida lejos del sufrimiento en el refugio Rescate Equino Cinco Corazones (RECC), en el sur del Conurbano. Allí convive con cientos de animales rescatados de la crueldad. Por eso, su historia es una muestra más de que la intervención de una sola persona puede cambiar el destino de un ser vivo. Y también un recordatorio de que la lucha contra el maltrato animal es una responsabilidad colectiva.
La ordenanza
El 14 de junio de 2023, el Concejo Deliberante de Lanús aprobó por unanimidad una ordenanza que prohíbe la tracción a sangre en todo el municipio y declara a los caballos como “seres sintientes” y sujetos de derechos. Esta normativa convirtió a Lanús en el primer municipio de Argentina en reconocer legalmente a los equinos de esta manera.
La ordenanza establece la prohibición de la circulación de vehículos de cualquier naturaleza que utilicen tracción a sangre animal en toda la jurisdicción de Lanús.
Además, busca proporcionar alternativas sostenibles para aquellos que dependían de esta práctica para sus actividades laborales, asegurando que no vean afectada su fuente de ingreso. Para ello, el municipio se compromete a sustituir estos vehículos por otros medios de transporte más amigables con el ambiente para quienes entreguen voluntariamente a los equinos.
En junio de 2023, el Municipio de Lanús prohibió la tracción a sangre (TAS) y declaró a los caballos “seres sintientes”

La normativa también contempla la creación de un censo para registrar a todas las personas que sean tenedoras, tutoras o responsables de animales de la especie equina. Asimismo, ordena establecer un Observatorio de Protección Animal No Humano y un sector destinado a la policía ambiental dentro del área de Seguridad y Movilidad Sustentable del municipio.
Esta iniciativa fue impulsada por Diego Kravetz, entonces Jefe de Gabinete y responsable del área de Seguridad del Municipio de Lanús, en colaboración con organizaciones proteccionistas de animales y científicos de las áreas veterinarias. Al momento de su sanción, Kravetz destacó que con esta medida, “los animales serán respetados y tratados con dignidad, y se buscarán alternativas sostenibles para quienes utilizaban la tracción a sangre en sus labores”.
La aprobación de esta ordenanza representó un paso histórico en la protección y reconocimiento de los derechos de los animales en el ámbito municipal, por eso es importante el compromiso ciudadano para hacerla cumplir.

Herencia familiar
El árbol genealógico de Olga dice que Juan Domingo Perón, un defensor de los derechos animales, era primo de su abuelo paterno. Detrás del líder político se escondió un hombre que adoptó y cuidó a tres generaciones de caniches, pero no se detuvo ahí: gracias a su intervención hoy los animales tienen una norma que los protege: desde que asumió su vida política tomó el legado de Ignacio Albarracín —el primer defensor de los derechos animales en Argentina— e impulsó, en 1954, la Ley de Protección Animal (14.346), aún vigente.
“Para mi es un orgullo llevar este apellido”, asegura y cuenta la historia familiar. “Mi abuelo y el General eran primos. Cuando mis abuelos vinieron de España, te hablo del otro siglo, llegaron a Rojas y Lobos. Y mi papá trabajó en la fundación con Eva Perón durante muchos años, después eso fue la Secretaria de Trabajo y Previsión. Y mi viejo estuvo trabajando 40 años con ella”.
“Yo soy militante desde que tengo uso de razón. Cuando yo tenía seis años, los domingos eran otras épocas del vermut, y mi papá ponía los discos de pasta con los discursos de Eva y de Perón. Así que imaginate que yo ya estaba politizada desde chiquita. Vivía en un comedor que tenía los cuadros de Eva y de Perón en plena Revolución Libertadora. A mí no me querían anotar en el colegio, las maestras no me llamaban por mi apellido: me decían Olga o me chistaba. Peor era para mi hermano se llama Juan Perón... Yo entendía la situación de las maestras, era una época difícil”.
Lo que lamenta es no haber conocido a su familiar. “Yo no tuve contacto con Perón. Mi papá lo conocía al General y realmente lo quería mucho. Creo que a la empatía la llevo en la sangre porque siempre abogo por la justicia social, para que sea todo un poquito más justo. Hoy soy jubilada y, la verdad, la estoy pasando más o menos porque aunque tuve un sueldo digno hoy no gano ni el 40% de lo que ganaba como trabajadora, pero tengo tiempo para dedicarle a los animalitos”, finaliza.
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