
Las migraciones de grandes animales están desapareciendo a una tasa alarmante en el planeta: la construcción de barreras en los caminos migratorios como rutas, alambrados, represas hidroeléctricas, ciudades o campos de explotación de hidrocarburos están haciendo desaparecer muchas de ellas y ponen en jaque otras tantas, que al perderse son muy difíciles de recuperar porque los procesos migratorios se transmiten de progenitores a descendientes a través del aprendizaje. Esto lo están sufriendo los guanacos de la Patagonia argentina y también huemules, pero el trabajo para intentar revertirlo ha comenzado.
De ese trabajo se hizo eco la prestigiosa revista Science, que en la edición del 7 de mayo, publicó un informe del que participó un grupo internacional conformado por 90 investigadores, conservacionistas y tomadores de decisiones vinculados a la preservación de procesos migratorios de grandes herbívoros referido a la idea (ya en desarrollo) de crear un atlas global de migraciones diseñado para apoyar y guiar las acciones necesarias e implementar una legislación que aseguren el mantenimiento de las grandes migraciones a nivel local, nacional e internacional.
Entre ellos, biólogos del CONICET y de la Fundación Rewilding Argentina que resaltan la oportunidad de restaurar procesos migratorios de guanacos, y quizás huemules, en grandes áreas de la Patagonia.

“Por primera vez, se pone en un contexto mundial y se tienen en cuenta las migraciones de grandes animales de Latinoamérica. Nunca antes se había hablado de ellas porque si bien las habían estudiado no se les había dado este tipo de relevancia”, le dijo a Infobae Emiliano Donadío, director Científico de la Fundación Rewilding Argentina y destacó: “Que investigadores de todo el mundo nos hayan invitado a participar de esta publicación porque tenemos estos proyectos en marcha y piensen que podemos generar información importante nos enorgullece”.
Sucede que hace un año y medio, los investigadores argentinos lograron delinear las rutas migratorias de estos mamíferos y conocer sus movimientos. “Hasta entonces se sabía nada, pero comenzamos a utilizar collares con GPS con conexión satelital que marca sus posiciones en tiempo real. Siguiéndolos, supimos que hay poblaciones de guanacos que aún migran. El primero en verlo fue Andrés Novaro, en el sur de Mendoza y nació la idea de averiguar qué otras poblaciones lo estaban haciendo. Mientras tanto, evaluamos las migraciones existentes y las condiciones en las que sucedían”, explicó Donadío y se refirió a los corredores al sur de Mendoza y norte de Neuquén, y a toda la zona de los Andes Patagónicos donde las rutas migratorias se ven afectadas por la explotación ganadera, petrolera y minera.
La amenaza que afrontan, según explica, es que al intentar cruzar la ruta 40, los animales quedan atrapados en las que para los dueños de las tierras son simples divisiones de terrenos. “Los datos que obtuvimos durante el primer año y medio fue gracias a la implementación de esos collares que indican por dónde migran y también nos hizo saber que los alambrados son una amenaza para sus movimientos, que ocurren en primavera-otoño”.
Mapeando el camino para la conservación de las migraciones de grandes herbívoros en el mundo
Las migraciones de los grandes mamíferos herbívoros son espectáculos naturales magníficos. Decenas de miles de animales trasladándose en grupos en busca de mejores pasturas o climas más benignos maravillan desde tiempos remotos. Incluso, moldearon muchas culturas originarias como sucedió en la Patagonia argentina, donde los primeros habitantes se desplazaban siguiendo a los grupos de guanacos.

Ese extraordinario fenómeno es también un proceso ecológico fundamental e indispensable para el buen mantenimiento de los ecosistemas naturales ya que al migrar, los grandes herbívoros realizan un mejor uso de las pasturas, dejando descansar a los vegetales durante las épocas más desfavorables, evitando la sobreexplotación del recurso y la erosión de los suelos.
Ello no sucede cuando esas rutas son convertidas en campos de pastoreo que se sobreexplotan y entonces los animales deben buscar dónde ir. “Cuando la ruta migratoria se pierde —lo que sucede por la inferencia humana— hay que volver a enseñarles el recorrido a las poblaciones animales que la realizaban a fin de que puedan recuperarla. Esto representa procesos complejos porque involucra territorios muy grandes, bajo diferentes modalidades de uso y de tenencia de la tierra que, a veces, también abarcan diferentes países”, sostiene Donadío y compara con las migraciones de ñúes y cebras en el Parque Nacional Serengueti (Tanzania) o de renos en Norteamérica donde su conservación también enfrenta un desafío singular: muchas de ellas no se encuentran mapeadas con el suficiente detalle para guiar medidas efectivas de conservación.
Las primeras informaciones analizadas en el Parque Nacional Patagonia dieron lugar a acciones de conservación que alientan a favor de los resultados esperados para los guanacos que aún están amenazados.
“Los guanacos saltan los alambrados y algunos quedan enganchados, por eso si solo eliminan el último hilo de alambre se baja algunos centímetros de altura y con solo eso podrían saltar sin peligro. El problema lo sufren las crías que no tienen el porte para saltar. Por eso, nuestra misión es modificar el alambrado de manera que a mitad de altura se separen y los animalitos puedan pasar por esa ventana”, explica el biólogo.

Hasta el momento, lograron implementar esa solución en algunas zonas y retiraron parte de los alambrados que interrumpían esas rutas. También modificaron otros para facilitar el paso de los animales mientras se desplazan entre las altas mesetas y los cañadones ubicados a menor altitud.
Esas medidas se implementan en Santa Cruz, más precisamente en los Parques Patagonia y Monte León donde la Fundación además acaba comenzar un proyecto similar con huemules, otra especie en peligro crítico de extinción en Argentina.
“Capturamos de manera momentánea a cinco huemules y les colocamos collares con tecnología satelital. Esperamos poder marcar más individuos en Santa Cruz y también en Chubut en el transcurso de este año”, fundamentó.

“Si bien ellos no saltan, sí pasan entre líneas de alambres y los machos suelen quedar enganchado por las astas, por eso el Parque Nacional ideó esta forma de separarlos 70 cm para que puedan pasar y, por ejemplo, las vacas no pasan. Esto es una buena solución que se está probando”, dice sobre el proyecto que se está utilizando con huemules en la zona del Parque Nacional los Glaciares.
Respecto a la prevención, dice que también planean comenzar a poner cartelería vial sobre los puntos calientes de cruce en algunos sectores de la Ruta Nacional 40.
El desafío de conservar y recuperar este increíble proceso natural ya ha comenzado en la Patagonia Argentina.
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