
“Los adultos mayores son un grupo desatendido en esta pandemia. En España, por ejemplo, simplemente no les han dado la atención que se merecen. Al comienzo de la crisis, las residencias prácticamente no recibieron asistencia y gran parte del personal y las personas que allí viven quedaron especialmente descuidados. Por eso sabíamos que teníamos que actuar y ayudar en lo que pudiéramos", así comienza su relato la médica argentina Ximena Di Lollo, coordinadora para Médicos sin Fronteras el trabajo en residencias para adultos mayores en España y Portugal.
Ximena nació en Córdoba hace 44 años y es médica general egresada de la Universidad Nacional de su provincia. Su vocación siempre fue muy clara: eligió su carrera para poder aliviar el sufrimiento de las personas y acompañarlas tanto en la vida como en la muerte. Comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras en 2005 y desde entonces ha estado en misiones en países como Honduras, Congo, Colombia, Haití y Níger. La pandemia del COVID-19 la encontró en Europa, con la difícil tarea de ayudar a las personas más vulnerables.
Di Lollo da apoyo en más de 200 hogares en España, asistiendo en la prevención y control de infecciones y en el uso adecuado de equipos de protección personal. También brinda contención al personal de las residencias. “Si bien todo esto es un trabajo de vital importancia, creo que una de las acciones más importantes que hemos tomado durante esta pandemia ha sido promover los cuidados paliativos adecuados para los residentes que no sobrevivirán a la enfermedad", detalla Ximena.

“Muchas personas han muerto solas, asustadas y en un estado terrible”, cuenta la medica. Estos adultos mayores han sido aisladas de sus familias y han enfrentado el final de sus vidas sin apoyo y casi sin contacto con sus seres queridos. “Eso es totalmente inaceptable. Nadie debería tener que morir así", dice afligida.
Las muertes en soledad tuvieron y tienen un terrible efecto en sus familias y en el personal de los hogares. Algunos residentes muy enfermos estaban completamente aislados y no tuvieron ningún contacto con sus familias en sus últimos días. Muchas veces las familias ni siquiera sabían si sus seres queridos habían sido trasladados a otra institución u hospital. Todo era confusión, desinformación y dolor. Había que actuar.
“Tan pronto como nos dimos cuenta lo que estaba sucediendo, comenzamos a ayudar a los hogares de adultos mayores a organizarse para que los residentes pudieran mantenerse en contacto con sus esposos, esposas, hijos y nietos. Los ayudamos a establecer sistemas de videollamadas para que las familias pudieran despedirse de sus seres queridos y tener contacto en esos momentos finales”, explica la médica.

“Muchos de los pacientes se aferran a nuestras manos como si fueran las de aquella persona que aman y que está del otro lado de la pantalla del teléfono”, detalla con dolor.
Ximena cuenta que el impacto de este contacto por video ha sido increíble. Se puede ver la transformación de un paciente cuando se siente cerca de su familia. “Pueden estar adormecidos, débiles e indiferentes, pero cuando escuchan hablar a su esposo o esposa, hijos o hijas, nietos o nietas, de repente responden y están alertas. En algunos casos, incluso, su salud comienza a mejorar. Es algo asombroso. Como médica, nunca he visto algo así”, se emociona frente a Infobae.

Brindarles atención de calidad al final de la vida y garantizarles que se puedan mantener en contacto con sus familias es algo que Ximena y sus ayudantes creen que le deben a estas personas. “Son muy mayores y no tienen tiempo para esperar a que lo pensemos. Tenemos que hacerlo ahora mismo”, afirma.
“Como sociedad, creo que tendremos que pensar bien en el futuro sobre por qué la prioridad en esta pandemia han sido los hospitales y otras instalaciones médicas, y por qué apenas se ha pensado en los más vulnerables. Eso tendrá que cambiar. Desde el comienzo de esta crisis, he dicho que esto no es una emergencia médica, es una emergencia logística y humanitaria”, dice enfática.

“La escasez de los equipos de protección en las residencia significa que no se tiene lo necesario para protegerse a uno mismo ni a su personal. Pero lo que es tan complicado en esta emergencia es que, incluso si tenés todo el equipo pero no se sabe cómo usarlo, es inútil. Por eso también hemos estado tan enfocados en capacitar al personal de las residencias sobre su uso adecuado. Utilizarlos apropiadamente les da confianza, y esa confianza es otra herramienta para combatir el miedo que rodea a esta pandemia. El miedo al coronavirus es contagioso y debemos hacer todo lo posible para contenerlo. Vamos a superar esto”, concluye la médica.
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