En la madrugada del domingo 8 de septiembre, Eugenio Veppo, periodista y productor de 31 años, tras hacer varias cuadras a alta velocidad y perder el control de su Volkswagen Passat, atropelló y mató a la agente Cinthia Choque, de 28 años, e hirió a su compañero Santiago Siciliano, de 30, quienes realizaban un control a la altura de Figueroa Alcorta y Tagle, en el barrio de Palermo. Después escapó.
Cinthia murió en el acto. Siciliano quedó en coma. Recién el martes de esta semana, a días de cumplirse tres meses del accidente, tras pelear por su vida y ser sometido a diferentes operaciones, el agente abandonó en silla de ruedas el Hospital Fernández. Sigue con tratamientos y deberá además someterse a una nueva intervención.
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Gabriela Choque, la hermana mayor de Cinthia, la agente a la que atropelló y mató Veppo, desde mayo de 2017 y hasta julio de este año trabajó en la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Era coordinadora en la oficina que se encarga de asistir a las víctimas de accidentes de tránsito y también a sus familiares.
Ese 8 de septiembre Gabriela miraba desvelada una película en su casa de Avellaneda, cuando el sonido del celular la hizo volver a su habitación. Le sorprendió ver en la pantalla el nombre de su cuñado, Christian, al que en ese momento imaginaba junto a Cinthia, en un evento familiar. Atendió y del otro lado él le dijo eso que tantas veces ella había temido tener que escuchar.
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Parte de su trabajo diario durante los últimos años había sido hablar con padres, madres, hijos, hermanos, conocer sus historias y ayudarlos a lidiar con las consecuencias de un accidente de tránsito. Después de esos encuentros, un pensamiento era recurrente: “Vos decías ‘no quisiera estar nunca en ese lugar’, o pensabas ‘¿cómo hizo?’, ‘yo no sé lo que haría’, o ‘no sé cómo esta persona está acá parada’”. Preguntas que ese domingo se volvieron sobre ella como una sombra.
Esa madrugada
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“Mi marido se quedó con mis hijos, él no quería que yo fuera al lugar, se puso en la puerta y me dijo ‘no, no, no’, le dije ‘sabés cómo soy, sabés que voy a saltar por donde sea, me voy a ir a ver a mi hermana’”, compartió la escena de esa madrugada en su casa de Avellaneda.
Cuando llegó a la esquina de Figueroa Alcorta y Tagle, sintió que todo lo que creía saber por haber sido también agente, por su trabajo en la Agencia, había desaparecido. “Vos me preguntás con la experiencia, con las herramientas, no tenía nada. En ese momento cero, de la cabeza se me fue todo", pone en palabras la ironía de encontrarse del otro lado.
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De los primeros minutos recuerda que no la dejaron llegar hasta su hermana, pero que alcanzó a verla, inmóvil, sobre el pavimento. “La hicieron volar como un muñeco”, le dijo a su marido durante uno de los muchos llamados. “La imagen que te daba es que el auto pasó volando y siguió, porque eso era lo peor, que siguió”, sostiene.
Lo siguiente que se le viene a la cabeza es haberse acercado a un policía que estaba junto al único patrullero en el lugar y no poder dejar de hacerle preguntas. Automáticas, constantes, sin esperar respuestas. A unos pocos metros de ella Christian rompía en llanto junto a tres amigas de Cinthia, también agentes, Rosalía Cruz, Verónica Navarro y Claudia Almirón.
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Después de un accidente
Una de las primeras personas con las que Gaby intentó hablar la madrugada del accidente fue Daniela Ortiz. Juntas ingresaron en 2005 al cuerpo de agentes de tránsito porteño. Ortiz dirige actualmente la Red de Asistencia a Víctimas y Familiares de víctimas que coordinó Choque hasta hace unos meses.
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“¿Estás mejor?”, le preguntó Ortiz durante un llamado algunos días después. “No. Hoy me di cuenta de que esto no es una pesadilla”, le respondió su ex compañera y amiga, una frase que la directora de la Red todavía no logra sacarse de la cabeza.
“Fue shockeante, era como muy contradictorio, era un lugar que nunca quise ocupar y de repente lo estaba ocupando”, admite Gaby a Infobae, que junto a su familia se vio obligada a hacerles frente además a otras situaciones inesperadas. Secuencias para las que no la habían preparado en ninguna de las capacitaciones.
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“No nos esperábamos los medios ahí, queriendo sacar fotos o queriendo entrar al velorio, mismo cuando llegamos al cementerio y ver flashes y flashes, que vos decís, es momento de intimidad”, la angustió a la distancia el recuerdo de esas horas que siguieron al hecho, el asedio de los periodistas y de las decenas de abogados que intentaban contactar a la familia por todas las vías posibles.
En ese momento, parada en el centro de la vorágine, rescata su experiencia en la Red y sobre todo la ayuda de sus ex compañeros. “Que te digan que tenés tiempo”, fue una de las cosas que –dice– más le sirvieron en medio de la confusión.
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“No sé de dónde sacan los teléfonos. La mayoría de los abogados venían y decían ‘tenés que presentarte ya como querella, o si vos no podés firmame este poder y yo avanzo, porque si vos no ponés un abogado ahora va a salir en libertad o la causa va a quedar en nada’. Entonces es como que te corren”, relató.
“Nosotros les decíamos que íbamos a hablar más adelante, cuando pudiésemos. Porque la realidad era esa, no queríamos salir mal, ni quebrados, porque después los chicos veían eso en las noticias. Lo más fuerte que nos pasó es que el video del hecho lo vieron primero mis hijos y mis sobrinas”, según dejó saber, una de las cosas que todavía hoy más le duelen.

“La más grande, de 8, es como que en el momento empezó a cuestionar y a preguntar, a hablar y todo en relación a su mamá. En cambio la más chiquita, de 4, no. La más chiquita decía que la odiaba, que la había dejado o cosas terribles. De repente lloraba y decía ‘mamá bajá del cielo a hacerme upa’, cosas así. Estábamos todos en jaque porque vos qué le decís. No tenés palabras”, comparte las consecuencias puertas adentro.
Eugenio Veppo continúa detenido en el penal de Ezeiza por orden la Sala V de la Cámara Criminal y Correccional en el marco de su procesamiento con prisión preventiva. Está acusado del delito de “homicidio simple con dolo eventual”. Gabriela sigue de cerca cada instancia del proceso, en parte por miedo a que las influencias del periodista puedan torcer las cosas. “Hasta que haya una sentencia no vamos a estar tranquilos y vamos a seguir pidiendo justicia”, asegura.
La Red de Asistencia a Víctimas y Familiares de Víctimas funciona través de la línea telefónica nacional y gratuita 0800-122-7464. De lunes a viernes de 8 a 20 hs. La atención es directa a cargo del equipo multidisciplinario. Fuera de ese horario, se pueden dejar los datos y la Red se contactará el primer día hábil inmediato. La Red de asistencia interviene en la instancia post emergencia. En situación de emergencia se debe llamar siempre al 911.
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