
El cambio de nombre del Encuentro Nacional de Mujeres viene siendo tema de debate hace tiempo. Para simplificarlo: ¿alcanza con que sólo exista la categoría “mujer”? Si la premisa es "lo que no se nombra no existe”, la respuesta es no. Por eso, desde la campaña “Somos Plurinacional” lo que se propuso es cambiar el nombre y, en definitiva, su identidad: “Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Bisexuales, Travestis, Trans y No Binaries”.
La semana pasada entonces, alguien escribió en Twitter: “¿Separar mujeres de lesbianas? Otra que tres hombres y un boliviano”. Adriana Carrasco, periodista e histórica activista lésbica, le contestó: “Te diría que estás un poco atrasada de noticias. Desde Monique Witting (1976) un amplio sector del movimiento de liberación de lesbianas considera que las lesbianas no somos mujeres (....)”.
Lo de nombrar por separado -en las convocatorias, en las banderas- viene ocurriendo cada vez que los feminismos salen a reivindicar sus derechos a las calles de todo el país. Y muchas veces despertó la misma pregunta: ¿hay lesbianas que no se consideran mujeres? ¿Por qué? ¿Desde cuándo?
Monique Wittig -la pensadora feminista francesa que Adriana Carrasco citó en su tuit- planteó, hace unas cuatro décadas, que "la heterosexualidad obligatoria, que para muchos es solamente una práctica sexual, es en realidad un régimen económico y político”, explica a Infobae Amanda Alma, periodista parlamentaria y lesbiana. Es decir, un régimen que, como tal, supone la división sexual del trabajo: si sos varón te ocupás de la productividad, si sos mujer, de las tareas de cuidado (de niños y adultos mayores).

“Las lesbianas decimos ‘ese es un problema de las mujeres heterosexuales, que están dentro de ese régimen’. De hecho, esa es la discusión del feminismo, por ejemplo, cuando habla de la desigualdad entre los géneros y de las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Las lesbianas somos fugitivas de ese sistema. Lo que decimos es que ser lesbiana no es solamente una forma de amor entre nosotras sino una posición política, una renuncia a ese lugar dentro de la división sexual del trabajo. Si ser mujer es producir y cuidar para los varones, entonces no soy mujer”, continuó Alma (42).
No es entonces la genitalidad (tener vagina, útero, mamas) lo que determina qué es sentirse parte de la categoría “mujer” sino una construcción social de lo que, precisamente, implica ser varón o ser mujer. Canela Gavrila, 35 años, profesora de historia e investigadora de la Universidad de La Plata, fue por primera vez a un Encuentro hace 15 años. En diálogo con Infobae, sumó: “Muchas lesbianas nos desmarcamos, nos corremos de un eje de dominación. El hecho de no considerarnos mujeres tiene que ver con una salida de ese juego binario de ser mujer o varón”.

Sin embargo, quienes todavía no entienden que no existe un solo feminismo y ven en estas discusiones el estereotipo de “conventillo de minas”, las acusan de “separatistas”. “Mucho de lo que se plantea como separatismo, a mí entender, es negar experiencias particulares que tienen una lucha específica. Por ejemplo, las lesbianas sufrimos otro tipo de violencia: económica, de exclusión, invisibilidad e incluso las llamadas ‘violaciones correctivas’, un delito que pretende curar o corregir la orientación sexual”, sigue Gavrila.
Se refiere, también, a los crímenes de odio que padecen, como el de “La Pepa Gaitán”, una lesbiana asesinada de un escopetazo por el padrastro de su novia. “Su asesino dijo que la mató porque sentía que atentaba contra su masculinidad”. Por eso su posición es clara: no es separatismo sino “una forma de autonomía de las luchas y un modo de mostrar las rupturas frente al código binario de género".
Hace 15 años que Gavrila milita -en la organización de actividades por la visibilidad o en contra de la violencia hacia las lesbianas y travestis, por ejemplo- y fue en ese proceso que logró salir de “la heterosexualidad dominante” y reconocerse como lesbiana.

“Esa salida tiene un montón de costos para las lesbianas, no sólo las violaciones correctivas. Me ha pasado en distintos espacios, donde se sabía que era lesbiana e igualmente algún chongo me seguía encarando, una y otra vez. Eso es un intento de disciplinamiento. La autoridad masculina fue construida de un modo en el que se considera que es el hombre quien siempre tiene la voz cantante y que, incluso, tiene el poder de hacerte cambiar”, explica. Una forma de decir “no te gustan los hombres porque no probaste uno como yo”.
Amanda Alma agrega que también las lesbianas más masculinas son castigadas, “por ejemplo, no dándoles trabajo o metiéndolas presas con distintas excusas. Muchos soportan a las lesbianas mientras sean femeninas y cumplan las fantasías sexuales de los varones. Ahora, si tu pinta o tus modales no corresponden con la feminidad, te condenan”.
En esta 34° edición del Encuentro hay un cronograma de talleres sobre el tema: “Lesbianismos”, donde se abordarán la multiplicidad de identidades lésbicas (translesbianas, es decir, las mujeres trans que gustan de mujeres; lesbianas; mujeres lesbianas; lesbianas masculinas; lesbianas no binaries; lesbianas femeninas), “Activismos Lésbicos”, donde se debatirá también sobre lesboodio, lesbocidios, abusos y violencias correctivas.
También habrá otros llamados “Mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, no binares y la relación con sus cuerpos”, “Mujeres, disidencias y relaciones afectivas y/o sexuales” y “Mujeres, disidencias y acceso a la salud”. También se podrá participar de otro taller llamado “violencias entre lesbianas, translesbianas, travestis, mujeres trans y no binaries”.

En paralelo, seguirá también hoy el “Encontrolazo” y por ahí andarán Alma y Canela. Es un espacio para recibir a “las identidades más ‘mostris’, es decir, quienes se corren de los binarismos y encuentran resistencias en los Encuentros, como las maricas, trans, travestis, lesbianas que se referencian como no mujeres, bisexuales”, concluye Gavrila.
En ese marco se harán 19 talleres teóricos y prácticos (de electricidad, peluquería, bicicletería). También habrá fiesta permanente, un clásico de la “resistencia torta”, como la llama Amanda Alma en su podcast “Territorio liberado”. “Eso: mucho baile y mucho chape”, se ríe, y se despide.
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