La historia, cuenta Ana Claudia, arrancó "bien Susanita": se puso de novia joven, se casó a los 25 años y, al poco tiempo, comenzaron a buscar un embarazo. Pero pasó más de una década y el embarazo no llegó, y Ana Claudia se separó cuando el bendito "reloj biológico" la marcaba de cerca. Ya había pasado los 40 años cuando la angustia se instaló: había vuelto a formar pareja aunque no era lo suficientemente sólida como para pensar en ser padres.

"¿Podría haber tenido un hijo con esa segunda pareja? Tal vez sí, pero forzar al otro a asumir un compromiso que no desea no es formar una familia. Tampoco quería tener un hijo y darle un padre que no había querido ser padre. La verdad es que prefería tener un hijo y luego explicarle 'no hay papá' a tener que decirle 'hay un papá pero está ausente'", dice Ana Claudia Ceballos (50) a Infobae mientras atiende su inmobiliaria, en San Telmo.

Era 2012 y estaba por separarse cuando leyó una entrevista en la que hablaban de las "madres solteras por elección": mujeres que recurren a la donación de gametas y forman las llamadas "familias monoparentales". Decía que las mujeres más jóvenes, con buena reserva ovárica, podían recurrir a una donación de semen y hacer un tratamiento de baja complejidad (inseminación). Las más grandes, como ella, también podían aunque era probable que necesitaran "doble donación de gametas" (de semen y también de óvulos).

"Todavía no existía la Ley de fertilidad y había que pagar todo, era un tratamiento de alta complejidad", cuenta. Ana Claudia, que es hija única, fue con su papá (que en aquel entonces tenía 74 años) a consultar a un banco de esperma y óvulos. "Él sabía que yo estaba ahorrando peso por peso, así que un día fue a cobrar un retroactivo de su jubilación y, cuando volvió, me dijo: 'Esto es para que puedas ser mamá'".

Antes de arrancar con el tratamiento para ser madre sola, Ana Claudia habló hasta con sus clientes: "Algunos te dicen que sos egoísta, que por querer ser madre condenás a un chico a no tener padre. Pero la verdad es que los hijos de las madres solteras por elección son muy buscados, muy deseados, muy luchados. No son fruto del egoísmo sino de un amor inmenso", dice. "Otros te dicen: ¿Por qué no te conseguís un tipo, quedás embarazada y después ves? Pero la verdad es que no está en mi esencia engañar a nadie".

De su experiencia lidiando con esos comentarios, Ana Claudia terminó sacando algo positivo: ahora coordina el grupo de "Madres solteras por elección" de la Asociación Civil Concebir y uno de los talleres que dicta se llama, precisamente, "Frases que duelen". Las mujeres que ahora van a sus talleres corren con una ventaja. La ley de fertilidad vigente y las resoluciones posteriores garantizan la cobertura de la totalidad de los costos de los tratamientos y de la medicación (aunque muchas prepagas y obras sociales pongan trabas).

Fueron tres intentos a lo largo de tres años eternos hasta que Ana Claudia quedó embarazada. Jorgito, su hijo, lleva el mismo nombre que su abuelo, el hombre que le regaló el tratamiento a su única hija. Nació el 21 de diciembre de 2015, cuando su mamá ya tenía 47 años. Un mes después de su nacimiento, Juana Repetto contó públicamente que estaba embarazada. También había recurrido a un donante anónimo, con la diferencia de que ella tenía 27 años.

"Las primeras que se animaron fueron las mujeres más grandes pero desde que la ley cubre los tratamientos, empezaron a llegar mujeres más jóvenes que eligen ser madres con un donante, incluso de ciudades más conservadoras", explica a Infobae la psicóloga perinatal Estela Chardon, autora del libro "Mamá por donación".

"Ellas diferencian el deseo de tener pareja al deseo de ser madres. Cuando aparece el deseo de tener un hijo pero no están en pareja o están con alguien pero no coinciden en un proyecto familiar, toman la decisión de formar una familia monoparental", agrega. "Creo que es un enorme cambio cultural. Así como la pastilla anticonceptiva nos permitió decidir tener un hijo o no, ahora las mujeres pueden iniciar su proyecto familiar independientemente de quién les provea el semen. Así como a las parejas de dos mamás no les sobra una mamá, a estas familias tampoco les falta un papá".

No es un proyecto "anti hombres", o anti pareja: "Para nada, nuestra idea es formar una familia con nuestro hijo. Si después se suma una pareja, bienvenida", dice Ana Claudia. Y enumera lo que las "madres solteras por elección" tienen en común: "Somos muy previsoras y formamos redes. Si algún día nos pasa algo sabemos quién va a ocuparse de nuestros hijos".

Ana Claudia perdió a su mamá cuatro meses antes del nacimiento de su hijo. Tampoco tiene hermanas ni hermanos y su papá está cerca de los 80 años. Lo que hizo, entonces, fue elegir cuatro padrinos entre sus amigos más cercanos y firmar un documento ante escribano que indica que, en caso de que ella falleciera, Jorgito puede quedar a cargo de ellos.

"Esas redes ayudan con los miedos más comunes que tenemos. '¿Y si me muero, con quién se va a quedar?', '¿y si me enfermo y no puedo trabajar, quien lo va a mantener?'". Ana Claudia ya registró al menos 2.000 mujeres en Argentina que son mamás solteras por elección.

Su hijo, que ya tiene dos años y medio, es chiquito para entender todo pero, Ana Claudia tomó algunas decisiones previas. Por un lado, eligió una donación de "identidad abierta", lo que significa que Jorgito, a los 18 años, podrá tener acceso a una carpeta con datos de los donantes si quiere conocer sus orígenes biológicos.

Por otro lado, empezó a leerle cuentos distintos a los clásicos, en donde hay mamás y papás. Le lee otros, que forman parte de un libro llamado "Una historia especial. Para hijos de madres solteras por elección", en donde el niño pregunta: "Pero mami, ¿cómo llegué al mundo yo, que no tengo papá?", y la madre arranca: "Yo te voy a contar. Nuestra historia es especial…".