Reiz llegó desde Venezuela a la Argentina en 2015, con 19 años y sólo 300 dólares en el bolsillo. Trabajó en un call center en Buenos Aires, lo despidieron, probó otras opciones, viajó a Chile, volvió, nada funcionó. El último plan era el subte. El rap, las rimas y la improvisación arriba de un vagón a cambio de lo que los pasajeros quisieran darle. No lo había hecho nunca y empezó a hacerlo para sobrevivir en un país que no conocía.

Dos años después Reiz RM, como lo conocen todos, como figura en redes sociales y lo tienen agendado sus amigos en el celular, está apoyado contra una de las barandas de la estación Santa Fe de la Línea H. Transpira y respira hondo para recuperar el aire, se apuró para llegar a horario al encuentro con Infobae y afuera hacen 30 grados. Abajo, en el andén, muchos más. Se acomoda la correa del parlante de 30 watts que lleva colgado, el que usa para trabajar y que se ganó rapeando en una competencia en Colegiales. Le sonríe a una vendedora que se acerca con una caja de alfajores abajo del brazo, ella lo reconoce, lo saluda y desaparece adentro de un vagón.

Reiz es un derivado de Reinaldo, su verdadero nombre. Al principio le decían Rei, pero el sonido le resultaba demasiado grandilocuente, sonaba a "rey", lo incomodaba, así que le sumó una "z" al final. El RM es por "Reiz Music", como se llamaba el estudio de grabación que tenía en su casa de Caracas y en el que producía las composiciones de muchos de sus amigos, esos que le fueron enseñando consciente o inconscientemente lo que eran el freestyle y el rap. Para él, en Venezuela, en su habitación, en su cabeza, jugaba a rimar, hacía combinaciones, nunca enfrente de nadie, hasta que la necesidad lo dejó sin alternativas.

"Realmentea yo cuando me vengo a Argentina era un niño, me había comido esta película de decir 'voy a poder conseguir dos laburos, voy a poder trabajar a la mañana y a la noche, también voy a poder estudiar' y cuando llegué la realidad era otra", admite el rapero que acaba de cumplir 22 años, que rima en el subte nunca menos de 6 horas por día, de lunes a lunes y que no vuelve a su casa hasta que no junta los $800 al día que se puso como objetivo. La semana pasada estuvo enfermo y por eso esta trabaja más horas, tiene que compensar, no volver al menos hasta llegar a los $1200. "En mi casa cuentan con eso", dice.

Ahora Reiz vive con su mamá, su papá y su hermana en el barrio porteño de Belgrano. Él se hizo cargo de los pasajes para traerlos desde Caracas y no fue fácil. Con lo que había ahorrado a fuerza de palabras, ingenio y rimas, compró tres aéreos. Cuando ya estaba todo listo, cuando sólo restaba esperar, se suspendieron los vuelos en medio de las preocupaciones de seguridad relacionadas a los hechos de violencia e interrogantes políticos que en el último tiempo se habían visto acrecentados en el país caribeño. Perdió la plata y los tickets. Finalmente, después de varios cambios de planes, de que su familia vendieran sus cosas en Venezuela, de que él juntara un poco más, pudo hacerlos llegar por tierra en septiembre pasado.

"Hoy solamente está trabajando mi papá, pero están también mi mamá, mi hermana, es una familia y tengo que aportar a la casa y al alquiler. Por eso también le estoy metiendo así, tanto tiempo, quizás cuando mi familia esté mejor baje las horas un poco y pueda dedicarme a lo que quiero, que es hacer más música. Tengo mi estudio en mi casa, me gustaría quedarme a grabar, que me conozcan por mis temas, mostrar que tengo algo que decir", comparte con Infobae.

"Mi papá está laburando, mi mamá, que es educadora de Ciencias Sociales en secundaria sigue buscando y mi hermana está por empezar a estudiar", repasa sobre la actualidad de la familia hoy instalada en Buenos Aires. Lo hace con una tonada a la que aprendió a sumarle ribetes del lunfardo porteño, argentinidades adoptadas que usa también para sus composiciones arriba del vagón. Identifica con un solo golpe de ojo camisetas y escudas de los equipos del fútbol argentino, personajes, marcas, famosos, información que necesitó aprender para hablar el mismo idioma que su público, para manejar sus códigos, para hacerlo reír.

Reiz se para en medio del vagón y apenas las puertas se cierran detrás de él, empieza a hacer lo que sabe:  "Cómo está la gente que salió de laburar y piensan a este gordo demente hay que soportar, pero vengo al vagón sólo con una misión, de sacarles una sonrisa y quitarles la cara de bajón", dice mientras el parlante que lleva colgado marca el ritmo y él con la mano derecha baja y sube el volumen, deja silencios, cambia el track, convertido en un DJ de a pie.

"Señora está elegante y las rimas le van, usted se vino más elegante que la Mirtha Legrand. De verdad ese cabello así le queda muy bueno, parece Mirtha Legrand con 70 años menos", "Como esta señorita parada y nadie se preocupa, si me da 30 pesos yo la llevo a upa", "Como esta señorita la encuentro que está a mil, me parece que al marido le está stalkeando el perfil", redes sociales, ropa, edad, lo que sea le sirve a para hacer su show, un espectáculo levantado en el momento, en un vagón de subte, a partir de los que azarosamente lo rodean.

"Entrenar el rap es algo muy difícil, a veces la gente no lo entiende, yo por ejemplo lo entreno todo el tiempo. A veces me podés encontrar por acá esperando el tren y estoy rimando. La gente dice 'está hablando solo', pero tienes que estar practicando todo el tiempo, buscando palabras, esta esto que se llaman 'estructuras', que son esctructuras poéticas, hacer que vayan rimando unas con otras o hacer juegos de palabras, eso es el freestyle, una constante práctica", explica.

La línea en la que más le gusta rimar es la H, porque al tener más combinaciones puede actuar con la gente sentada. También se lo ve por la D -donde rapeó por primera vez- e inclusive en la A. Intentó actuar en el Sarmiento, pero en el tren las cosas son diferentes. Los vendedores lo vieron desde un primer momento como una competencia, como una amenaza. Le dijeron varias veces que se fuera, él siguió improvisando, rapeando, tratando de hacerse un lugar en el que poder trabajar, pero la última vez, cuenta sin dar detalles, las cosas se pusieron pesadas y decidió no ir más.

"Yo vengo de un país donde un aplauso para un artista es como que no lo hacen mucho, lo hacen casi que como por hacerlo y que aquí te lo den porque te lo mereces te motiva. Esto hizo que yo no dejara mi sueño a un lado, que siguiera luchando por lo que quería, que es mi música. Como que la vida me encaminó y me dijo no te vayas por ahí porque vas a llegar a los 40 y vas a decir 'pude haber hecho esto y no lo hice'. Ahora si llego a los 40 y no se dio, puedo decir que 'lo intenté'", sostiene con la seguridad de estar hoy en el lugar en el que tiene que estar, pero en el que espera no quedarse mucho tiempo.

"El subte es algo a lo que yo siempre voy a estarle agradecido. Al principio cuando llegué pensaba o fantaseaba: 'cuando yo sea famoso voy a venir al subte a buscar artistas que estén sintiendo lo que yo estoy sintiendo', porque no todo es color de rosas, hay días duros, la cuestión económica que te deprime, el preguntarte por qué no te alcanza. Si algún día cumplo mi sueño, voy a volver", asegura Reiz, que aunque no quiere verse de aquí a algunos años caminando todavía los andenes, actuando en los vagones, tiene algo en claro: "Esto es lo que le dio inicio a todo lo que yo sueño".

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