Qué muestra la evidencia sobre la dieta y su efecto en el estado de ánimo

Una especialista detalló qué nutrientes se asocian al sistema nervioso y la microbiota, mientras un estudio con nueces arrojó resultados acotados

Ilustración de una mujer sentada a una mesa de madera que sostiene una nuez, junto a un cuenco de nueces y una taza humeante en una cocina.
La nutricionista Júlia Farré sostiene que el bienestar emocional depende de la dieta habitual y no del placer inmediato de un alimento dulce (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La relación entre lo que se come y cómo se siente una persona suele pensarse desde la sensación inmediata. Un alimento dulce puede resultar agradable en el momento, pero esa sensación no responde por sí sola a una pregunta más amplia sobre alimentación y bienestar emocional.

Esa diferencia abre un debate que excede a un producto puntual. ¿Qué puede aportar una dieta habitual al ánimo y qué conclusiones resultan prematuras?

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Una investigación reciente sobre nueces y las explicaciones de una nutricionista permiten ordenar esa discusión sin convertir un hallazgo acotado en una recomendación para todas las personas.

El trabajo fue publicado en la revista científica Food & Function. Sus autores analizaron si una porción diaria de nueces podía modificar mediciones relacionadas con el ánimo y algunos compuestos presentes en la orina.

Vista cenital de mujer joven con ojos cerrados, rodeada de pequeños bowls con espinacas, frambuesas, aguacate, salmón, huevos, frutos secos y semillas.
Un estudio publicado en la revista Food & Function analizó el impacto del consumo diario de nueces en el estado de ánimo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutricionista Júlia Farré, especialista en nutrición humana y dietética, explicó en declaraciones a Men’s Health que la sensación de placer tras comer algo dulce no equivale al efecto de una dieta habitual sobre el ánimo.

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Farré menciona alimentos con nutrientes vinculados al sistema nervioso y la microbiota

En esa misma entrevista, Farré incluyó al pescado azul entre los alimentos relevantes dentro de una dieta habitual. La especialista destacó su aporte de ácidos grasos esenciales, que son grasas que el organismo necesita obtener a través de la dieta.

Según indicó, esos nutrientes se relacionan con el sistema nervioso y con las funciones cognitivas, como la atención y la memoria.

Primer plano de filete de caballa cocinado en tabla de madera, con hierbas frescas, pimienta, sal gruesa, un gajo de limón y aceite de oliva.
El consumo de pescado azul aporta ácidos grasos esenciales que se vinculan con el sistema nervioso y las funciones cognitivas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutricionista también se refirió al chocolate, que contiene compuestos fenólicos, magnesio y otros minerales. Farré vinculó esos componentes con beneficios para el cerebro, sin presentarlo como una respuesta inmediata para modificar el ánimo.

Las bayas fueron otro de los grupos señalados por su aporte de vitamina C y flavonoides, sustancias de origen vegetal asociadas con efectos antioxidantes. La vitamina C también está presente en el kiwi y las naranjas, que la especialista mencionó como otros ejemplos.

Farré incluyó además a las legumbres por su contenido de vitaminas del grupo B y fibra. La fibra es una parte de los alimentos vegetales que el organismo no digiere por completo.

La profesional vinculó a las legumbres con la microbiota, el conjunto de microorganismos que habita en el intestino, y con la relación entre el intestino y el cerebro.

Una nuez partida con su fruto expuesto y una nuez entera reposan sobre una superficie de madera, con fondo difuminado.
Un estudio publicado en la revista Food & Function analizó el impacto del consumo diario de nueces en el estado de ánimo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El kéfir apareció en la misma explicación. La nutricionista lo asoció con la microbiota intestinal, como había hecho con las legumbres.

Estas menciones describen los nutrientes y las características que la profesional destacó sobre cada alimento, pero no equivalen a una recomendación universal ni a la demostración de un efecto clínico en todas las personas.

El ensayo comparó dos períodos de alimentación en las mismas personas

La investigación reunió a 31 adultos sanos, con una edad promedio de 24 años. El 90,3 % de la muestra eran mujeres.

Cada participante atravesó dos etapas de ocho semanas: en una consumió 40 gramos diarios de nueces y en la otra evitó las nueces y otros frutos secos. Entre ambas hubo dos semanas sin intervención.

Primer plano de una mujer joven con cabello oscuro, sonriendo mientras sostiene media nuez cerca de su boca. Varias nueces enteras y una partida están sobre una mesa de madera.
El ensayo clínico comparó a 31 adultos jóvenes durante dos etapas de ocho semanas con y sin ingesta de frutos secos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diseño, denominado ensayo cruzado, permitió comparar a cada persona en dos momentos distintos, con y sin el alimento que se estudiaba. El orden de las etapas se asignó al azar.

Sin embargo, los participantes sabían qué dieta seguían, una condición que puede influir en las respuestas de los cuestionarios.

Durante las 18 semanas de seguimiento, el equipo utilizó cuestionarios validados para evaluar ánimo, estrés percibido y bienestar. También analizó muestras de orina. El trabajo no incorporó un grupo distinto de personas que recibiera un producto similar sin nueces.

La diferencia se registró en una escala general del estado de ánimo

Según el estudio, la puntuación general de alteración del estado de ánimo fue 4,85 puntos menor durante el período de consumo de nueces que en la etapa de control.

Esa escala reúne dimensiones como fatiga, tensión e irritabilidad. El resultado no implica que cada una de esas dimensiones haya cambiado del mismo modo.

Vista trasera de una mujer con suéter beige que levanta ambos brazos al amanecer frente a un paisaje urbano con montañas al fondo
La alteración general del estado de ánimo descendió 4,85 puntos en la escala de medición durante el período con nueces (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores no encontraron diferencias en bienestar, estrés percibido ni cortisol urinario entre las dos etapas. El cortisol es una hormona que el organismo produce como parte de su respuesta al estrés. El equipo sí observó un aumento de 5-HIAA en la orina durante el período con nueces.

El 5-HIAA es un compuesto que se forma cuando el organismo procesa serotonina. Una medición en orina no permite conocer de manera directa qué ocurre en el cerebro.

Los investigadores señalaron que el aumento de ese compuesto coincidió con una menor alteración general del ánimo, pero aclararon que esa asociación no demuestra cuál fue la causa del cambio.

Mujer sonriente de cabello rizado rodeada por un círculo de alimentos flotantes: salmón, aguacates, nueces, semillas, espinacas y kale.
El predominio de mujeres jóvenes y el tamaño reducido de la muestra limitan la extensión de las conclusiones a toda la población (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tamaño y el perfil de la muestra limitan las conclusiones

La investigación incluyó a un número reducido de personas jóvenes y sanas, por lo que no permite anticipar qué ocurriría en adultos mayores, adolescentes, personas con enfermedades o quienes atraviesan un problema de salud mental.

La mayoría de la muestra estaba integrada por mujeres y el seguimiento fue breve. Además, la etapa de control exigía no consumir ningún fruto seco, una condición que pudo diferir de los hábitos habituales de los participantes.

Los autores indicaron que serán necesarios ensayos con más participantes, grupos de edades y características diversas, y seguimientos más largos para establecer si la diferencia observada se mantiene fuera de las condiciones de este estudio.

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