Hemofilia: una terapia subcutánea amplía las alternativas de prevención de sangrados

La investigación clínica informó resultados favorables, aunque especialistas remarcan la necesidad de seguimiento médico individualizado

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La hemofilia afecta a más de un millón de varones en el mundo por la deficiencia de factores de coagulación. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La hemofilia es un trastorno hereditario de la coagulación, por lo general ligado al cromosoma X. Se produce por la falta o la disminución del factor VIII, en la hemofilia A, o del factor IX, en la hemofilia B. Esa alteración puede provocar hemorragias prolongadas después de lesiones o cirugías, además de sangrados internos espontáneos en articulaciones y músculos. La repetición de hemorragias articulares puede causar daño articular, dolor crónico y limitaciones de movilidad.

Según la Fundación de la Hemofilia, la prevalencia mundial estimada es de 1.125.000 varones, de los cuales cerca de 418.000 presentan la forma grave de la enfermedad. La falta de diagnóstico afecta tanto a quienes tienen hemofilia como a personas con otros trastornos de la coagulación que también permanecen subdiagnosticados.

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Afecta principalmente a varones. Los casos en mujeres con niveles de factor VIII o IX inferiores a 40 IU/dL son poco frecuentes. A las mujeres con un cromosoma X afectado se las denomina portadoras.

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La frecuencia anual de hemorragias disminuyó un 35,5 por ciento en pacientes con profilaxis previa de factores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante décadas, la administración del factor de coagulación faltante constituyó uno de los pilares terapéuticos y transformó la expectativa y la calidad de vida de las personas con esta enfermedad.

La investigación de los últimos años permitió desarrollar tratamientos que previenen los sangrados sin reemplazar directamente el factor VIII o IX. Entre ellos se encuentra marstacimab.

Se trata de un anticuerpo monoclonal aprobado por ANMAT que bloquea la actividad de una proteína llamada TFPI (inhibidor de la vía del factor tisular), que funciona limitando la coagulación. Al bloquearla, favorece la generación de trombina, una proteína necesaria para formar coágulos.

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La investigación internacional de fase 3 BASIS, publicada en Blood, comparó el estado de cada participante antes y después de recibir el medicamento de Pfizer, sin un grupo paralelo asignado al azar. De los 128 participantes que ingresaron en la etapa de observación, 116 recibieron luego marstacimab; la evaluación contrastó los resultados con los seis meses previos de cada persona.

Una mujer con bata blanca y guantes sostiene un tubo con muestra de sangre frente a un microscopio en un laboratorio.
Según la Fundación de la Hemofilia, la prevalencia mundial estimada es de 1.125.000 varones, de los cuales cerca de 418.000 presentan la forma grave de la enfermedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre quienes recibían tratamiento a demanda, la tasa anualizada estimada, que expresa la frecuencia de sangrados en un año, pasó de 39,86 a 3,20 episodios durante el uso de la terapia. El estudio calculó una reducción aproximada del 92% en ese grupo.

Entre quienes ya seguían una profilaxis regular con factores de coagulación, la tasa anualizada estimada de sangrados que requirieron tratamiento descendió de 7,90 a 5,09. La investigación informó una reducción del 35,5% frente al esquema preventivo anterior, con diferencia estadísticamente significativa.

“En lugar de reemplazar el factor VIII o IX que falta, este tratamiento actúa sobre otro componente del proceso de coagulación para ayudar a recuperar su equilibrio. Para las personas con hemofilia, contar con tratamientos con mecanismos diferentes amplía las posibilidades de individualizar la terapia y prevenir los sangrados”, explicó el médico hematólogo Mauro Dávoli, expresidente de la Asociación Argentina de Hemofilia y Desórdenes Asociados.

La aplicación semanal sin acceso venoso

Primer plano de una mano sosteniendo una pluma de inyección médica de color blanco y transparente. El fondo es una pared clara con patrones de luz y sombra.
El fármaco se administra una vez por semana mediante una inyección subcutánea que no requiere acceso venoso ni reconstitución. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La terapia se administra una vez por semana por vía subcutánea mediante una lapicera prellenada. A diferencia de los concentrados de factores aplicados por vía intravenosa, no requiere acceso venoso ni reconstitución previa del medicamento.

Tras una capacitación adecuada, la inyección puede ser aplicada por el paciente o un cuidador. La médica hematóloga infantil Andrea Cocca, integrante del staff del Grupo Hemos para Hemofilia y Sangrados Congénitos, indicó: “Prevenir los sangrados es uno de los grandes objetivos del tratamiento moderno de la hemofilia, porque cada hemorragia, particularmente cuando afecta repetidamente a una articulación, puede tener consecuencias que se acumulan con el tiempo. Contar con alternativas de administración sencillas y con distintos mecanismos de acción permite pensar el tratamiento cada vez más de acuerdo con las características y necesidades de cada persona”.

“La calidad de vida también se relaciona con cuánto tiempo y esfuerzo demanda sostener el tratamiento. La necesidad de realizar infusiones intravenosas frecuentes, preparar la medicación y resolver las dificultades de acceso a las venas puede interferir con las actividades cotidianas. Una alternativa subcutánea semanal puede ayudar a reducir esa carga y facilitar la organización de la rutina del paciente y su familia”, completó la doctora Cocca.

Los efectos adversos y la vigilancia clínica

Un médico con bata blanca sostiene una caja de medicamento y una jeringa frente a un paciente. Sobre un escritorio se ven un estetoscopio, una carpeta y un frasco.
La hemofilia es un trastorno hereditario de la coagulación que provoca hemorragias prolongadas y sangrados articulares por el déficit de los factores VIII o IX. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las reacciones en el lugar de inyección, dolor de cabeza, fiebre, dolor articular, diarrea, picazón y erupciones cutáneas figuraron entre los efectos adversos registrados con la nueva medicación. Durante el período principal de tratamiento del ensayo BASIS no se informaron eventos tromboembólicos, aunque los autores advirtieron que ese resultado no permite descartar el riesgo cuando el fármaco se utilice en poblaciones más amplias.

Dávoli, también director médico de la Fundación de la Hemofilia de Santa Fe, señaló que la elección de una terapia preventiva debe considerar su seguridad, la edad, los antecedentes, la presencia de inhibidores, otros tratamientos necesarios y las preferencias de cada persona.

“El acompañamiento del equipo de salud es fundamental para resolver dudas y dificultades que puedan aparecer durante el tratamiento. También es necesario acordar qué hacer ante un sangrado, porque recibir una terapia preventiva no elimina la necesidad de reconocerlo y atenderlo”, concluyó la doctora Cocca.

Marstacimab recibió aprobación en 2024 de la autoridad sanitaria de Estados Unidos, la FDA, y de la Agencia Europea de Medicamentos, EMA.

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