Por qué responder preguntas antes de estudiar puede mejorar la memoria, incluso si hay errores

Una investigación realizada en España comparó distintas formas de aprender información desconocida. Los resultados muestran cuándo intentar adivinar puede ayudar a recordar y qué limitaciones tiene esta estrategia

Ilustración de una joven con tarjetas en dos actitudes, piezas de rompecabezas, ramificaciones de neuronas y un dibujo de cerebro.
Intentar responder preguntas antes de conocer la solución puede favorecer la memoria, incluso cuando se cometen errores, siempre que después se reciba la información correcta (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Equivocarse antes de estudiar puede parecer una pérdida de tiempo. Sin embargo, intentar responder una pregunta sin conocer todavía la solución podría facilitar que esa información se recuerde después. La idea cuestiona la costumbre de leer y copiar repetidamente un contenido antes de comprobar cuánto se aprendió.

El llamado efecto de la evaluación previa forma parte de las investigaciones sobre memoria y aprendizaje. Consiste en pedirle a una persona que arriesgue una respuesta, mostrarle luego la correcta y evaluar cuánto recuerda más adelante. En ese proceso, una equivocación inicial no necesariamente se transforma en un obstáculo.

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Un estudio publicado en Memory & Cognition, elaborado por Yeray Mera, Nataliya Dianova y Eugenia Marin-Garcia, de la Universidad del País Vasco, examinó esta estrategia mediante tres experimentos. El artículo apareció en línea en noviembre de 2025 y forma parte del volumen de 2026 de la revista.

Qué ocurre cuando la respuesta llega después del intento

El primer experimento reunió a 93 estudiantes universitarios, distribuidos en tres grupos. Todos trabajaron con pares de palabras poco relacionadas. Unos intentaban adivinar la segunda antes de conocerla; otros estudiaban las asociaciones y luego respondían; el grupo restante se limitaba a copiarlas, sin realizar pruebas.

Al finalizar, los participantes recibieron pistas para recordar las palabras correspondientes. Quienes habían respondido antes de estudiar acertaron aproximadamente el 63%, frente al 52,7% del grupo que copió. Los que hicieron una prueba después de estudiar llegaron al 65,9%. No hubo una diferencia estadísticamente significativa entre las dos modalidades de evaluación.

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La comparación sugiere que participar activamente en una prueba puede favorecer el recuerdo, incluso si el primer intento está lleno de respuestas incorrectas. No demuestra, en cambio, que adivinar previamente sea siempre superior a examinarse después de leer.

Ilustración de dos jóvenes sentados en escritorios con libros; uno transcribe apuntes y el otro sostiene una tarjeta rodeado de diagramas.
Un experimento con 93 universitarios mostró que quienes respondieron preguntas antes de estudiar recordaron más información que aquellos que solo copiaron las respuestas, aunque no superaron a quienes fueron evaluados después del aprendizaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un segundo experimento, los científicos incorporaron otra secuencia: estudiar, responder y volver a estudiar. Participaron 123 estudiantes, y las modalidades que incluían evaluaciones mostraron ventajas generales frente a la copia pasiva. La posición exacta de la prueba no produjo un vencedor claro entre esas estrategias.

Los errores no se trasladaron automáticamente al recuerdo

Uno de los temores habituales es que una respuesta equivocada quede grabada y reaparezca al rendir un examen. Los investigadores analizaron precisamente ese riesgo y encontraron una proporción reducida de errores repetidos. Los intentos iniciales erróneos no generaron la interferencia importante que podría esperarse.

Eso no significa que convenga estudiar información falsa. En los experimentos, después de cada intento se proporcionaba la respuesta correcta. La corrección inmediata es una parte esencial del procedimiento y diferencia esta técnica de repetir suposiciones sin verificar los datos.

Los autores también observaron una distancia entre resultados y percepciones. Los participantes solían subestimar cuánto habían aprendido cuando se equivocaban durante las pruebas. Copiar podía resultarles más cómodo, aunque esa sensación no garantizaba un recuerdo superior.

Qué mostró la prueba con adultos mayores

El tercer experimento incorporó a 47 adultos mayores sanos, sin deterioro cognitivo detectado en la evaluación inicial. Un grupo respondió antes de estudiar; el otro utilizó la copia como método. En la evaluación final, el primero recordó aproximadamente el 60,2% de las asociaciones, frente al 49% del segundo.

Este resultado amplía la evidencia a otra franja etaria, pero no permite afirmar que la técnica prevenga enfermedades neurodegenerativas ni que produzca beneficios duraderos. Los ejercicios utilizaron asociaciones de palabras y las evaluaciones ocurrieron tras intervalos breves, no después de meses de aprendizaje.

Un hombre y una mujer recorren un laberinto de tarjetas con cruces y marcas de verificación hacia una puerta iluminada con la palabra SALIDA.
Un estudio con 47 adultos mayores mostró que quienes respondieron preguntas antes de estudiar recordaron el 60,2% de la información, frente al 49% de quienes solo copiaron, aunque no se comprobaron beneficios a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Como aplicación práctica, alguien podría leer primero las preguntas de un capítulo, intentar contestarlas y comprobar después las respuestas en el material. Otra posibilidad consiste en utilizar tarjetas de estudio con una pregunta en una cara y la solución en la otra.

La investigación aporta un mensaje concreto: equivocarse mientras se aprende no siempre perjudica la memoria. Cuando existe una corrección posterior, el esfuerzo de intentar responder puede ser más útil que limitarse a transcribir información. Para trasladarlo a materias complejas o retener contenidos durante largos períodos, todavía hacen falta investigaciones adicionales en situaciones específicas de aprendizaje cotidiano.

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