
Un estudio publicado recientemente analizó, entre 2019 y 2021, el comportamiento de machos de salamandra gigante en cajas nido instaladas en arroyos del oeste de Pensilvania y el este de Ohio, y halló que la temperatura, los sedimentos y la conductividad del agua se relacionan con el esfuerzo que dedican a proteger huevos y larvas.
De acuerdo con la investigación científica publicada en Journal of Zoology y divulgada por The Wildlife Society, los especialistas registraron durante cinco o seis horas seguidas la actividad dentro de 14 refugios artificiales.
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Las imágenes permitieron observar que algunos machos abandonaban los nidos poco después de la puesta, una decisión que deja a los embriones expuestos a peces y otros depredadores.
Los machos custodian los huevos durante meses

Las salamandras gigantes, cuyo nombre científico es Cryptobranchus alleganiensis, viven bajo rocas sumergidas y resultan difíciles de seguir en su ambiente natural. Esta característica llevó a los equipos científicos a instalar cajas nido, que ofrecen madrigueras donde pueden observar la reproducción sin retirar a los animales de los arroyos.
Las hembras depositan los huevos en esos espacios y luego se alejan. La vigilancia queda a cargo de los machos, llamados guardianes, que permanecen junto a las puestas durante meses, incluso después de la eclosión, hasta que las crías se dispersan.
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La función de esos adultos incluye abanicar los embriones con la cola, ya que ese movimiento ayuda a oxigenarlos y a retirar residuos; mientras que el balanceo y desplazamiento de las nidadas podría evitar problemas durante el desarrollo de los embriones.
La conductividad afecta el cuidado de los huevos

El trabajo comparó nidos ubicados en cursos de agua con distintas condiciones. Los padres tendían a invertir más esfuerzo en los huevos y larvas en arroyos más cálidos y con mayor conductividad del agua, una medida de la cantidad de sales y minerales disueltos.
La conductividad del agua mide su capacidad para conducir electricidad y está relacionada con la concentración de sales y minerales disueltos. Sus valores dependen de factores naturales, como la geología, pero también pueden verse alterados por actividades humanas, incluida la incorporación de sal utilizada en las carreteras.
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En una investigación anterior, el equipo encontró que una conductividad elevada afecta la supervivencia y el desarrollo de huevos y larvas.
El canibalismo observado no alcanzó a toda la puesta

Las grabaciones también documentaron que ciertos machos consumían parte de sus propios huevos. En la mayoría de los casos registrados en Pensilvania, la ingesta se limitó a unos pocos ejemplares viables dentro de nidadas de aproximadamente 200 a 500 puestas.
Matthew Kaunert, director del Instituto de Agua Limpia del Lycoming College en Pensilvania, señaló que los guardianes solían abanicar durante varios minutos antes de detenerse y comer uno o dos embriones. “Según la observación, parecía que necesitaba comer algo”, explicó el investigador en la publicación.
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El consumo de crías en desarrollo puede contribuir a mantener al macho durante el período de cuidado. Otra posibilidad planteada por Kaunert es que los adultos eliminen huevos no viables, lo que mejoraría la higiene de la madriguera y las posibilidades de supervivencia de los restantes.
Tras la eclosión, las larvas continúan dependiendo del movimiento de agua generado por el padre porque sus branquias todavía no están desarrolladas por completo. Las salamandras gigantes conservan esas estructuras respiratorias hasta aproximadamente un año y medio de edad.
El abandono también depende de cada macho

La calidad del agua no explicó por completo el éxito reproductivo. Algunos machos permanecieron en sus refugios pese a condiciones adversas, mientras que otros abandonaron nidos ubicados a pocos metros de aquellos que lograron mantenerse, incluso en sectores con parámetros ambientales favorables. Para Viorel Popescu, profesor de análisis de datos de biodiversidad en la Universidad de Columbia y coautor del estudio, todavía existen interrogantes sobre las causas de estas diferencias.
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El investigador consideró que el gasto de energía puede ser un factor central: si las temperaturas más elevadas o la conductividad dificultan la obtención de alimento o aumentan las necesidades energéticas, los machos podrían no tener capacidad para mantener la vigilancia de las puestas.
Los resultados aportan nuevas pistas sobre las dificultades reproductivas de una especie cuyas poblaciones disminuyen en el este de Estados Unidos desde la década de 1970 y en la que todavía persisten numerosos ejemplares de edad avanzada.
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