Los ejercicios que combinan movimiento y memoria pueden reducir el riesgo de caídas en adultos mayores

Un ensayo clínico con 216 participantes evaluó los beneficios de realizar actividades físicas y mentales simultáneamente. Los investigadores identificaron mejoras en la estabilidad y el rendimiento cognitivo mediante un programa de 12 semanas

Ilustración de un adulto mayor apoyado en un pie con los brazos abiertos, junto a números, engranajes y figuras geométricas.
Caminar y realizar tareas mentales al mismo tiempo requiere coordinación entre el cerebro y los músculos, una capacidad que puede disminuir con la edad y elevar el riesgo de caídas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Caminar mientras se mantiene una conversación, subir escaleras o desplazarse por una habitación mientras se recuerda una tarea pendiente son situaciones que exigen coordinación entre el cerebro y los músculos. Con el envejecimiento, responder a varias demandas simultáneas puede resultar más difícil y aumentar la vulnerabilidad ante las caídas.

Una investigación publicada en Journal of Physical Activity and Health encontró que combinar ejercicios de equilibrio con tareas cognitivas puede reducir la frecuencia de caídas en adultos mayores. El estudio, publicado en julio de 2026, evaluó una estrategia denominada entrenamiento de doble tarea, que exige realizar una actividad motora mientras se procesa información.

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Los resultados plantean una alternativa para fortalecer la autonomía durante el envejecimiento, aunque sus beneficios deben interpretarse según las características de las personas estudiadas.

Un estudio encontró una menor frecuencia de caídas

Investigadores de instituciones académicas de Hong Kong y Singapur realizaron un ensayo clínico aleatorizado con 216 adultos de 65 años o más que vivían de manera independiente y habían experimentado al menos una caída durante los seis meses anteriores.

Los participantes fueron distribuidos en dos grupos. Uno reunió a 99 personas que realizaron entrenamiento de doble tarea autoadministrado, mientras que el otro incluyó a 117 participantes que practicaron ejercicios centrados en una sola actividad.

Ambos grupos completaron 36 sesiones durante 12 semanas, incluidas seis instancias supervisadas. El objetivo principal consistió en comparar la cantidad de caídas, aunque también se evaluaron el equilibrio dinámico, las capacidades cognitivas, el temor a perder la estabilidad y la calidad de vida.

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Hombre de más de 70 años con polo azul y pantalón beige sube una escalera de madera, sosteniéndose del pasamanos en un living de casa urbana.
Las caídas se presentan como un problema a atender por parte de los adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados mostraron una disminución de estos episodios en ambos grupos. Sin embargo, quienes combinaron demandas motoras y cognitivas registraron una tasa de caídas aproximadamente un 53% menor que los participantes del programa convencional.

La diferencia fue estadísticamente significativa. Los investigadores también observaron mejoras inmediatas en indicadores de salud general y cognición global. En el grupo de doble tarea se registraron progresos en equilibrio dinámico y rendimiento cognitivo, incluidos resultados evaluados durante el seguimiento posterior.

Por qué entrenar el cerebro y el movimiento al mismo tiempo

El entrenamiento de doble tarea busca reproducir situaciones cotidianas en las que el organismo necesita distribuir la atención entre distintas actividades. Mantener el equilibrio mientras se responde una pregunta o se realiza un cálculo mental representa un desafío diferente al de ejecutar cada acción por separado.

Estas prácticas requieren coordinar información visual, corporal y cognitiva para conservar la estabilidad. El interés científico reside en determinar si entrenar esa combinación mejora la respuesta frente a exigencias habituales.

La investigación no establece que cualquier actividad mental realizada mientras se camina produzca los mismos beneficios. El programa fue estructurado y evaluado en personas con antecedentes de caídas, por lo que sus resultados no deben trasladarse automáticamente a toda la población.

Además, los autores señalaron una limitación: el estudio no incluyó un grupo que recibiera únicamente la atención habitual, sino que comparó dos modalidades activas. Por eso, recomendaron nuevas investigaciones para precisar el alcance de la intervención.

Qué ejercicios ayudan a mejorar el equilibrio

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA) recomienda incorporar actividades que favorezcan la estabilidad, como caminar apoyando el talón delante de la punta del otro pie, levantarse de una silla o sostenerse sobre una pierna.

Estas prácticas pueden adaptarse al nivel físico individual, con apoyos firmes y supervisión cuando resulte necesaria. La incorporación de tareas cognitivas representa una posibilidad adicional, pero debe evaluarse profesionalmente en personas con dificultades para caminar o antecedentes de caídas.

Un hombre mayor apoyado con ambas manos sobre una mesada de madera mientras se eleva sobre las puntas de sus pies.
Los especialistas recomiendan adaptar las actividades físicas a las capacidades individuales y contar con supervisión profesional cuando existen dificultades de movilidad o antecedentes de caídas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) aconsejan que los mayores de 65 años combinen actividad aeróbica, fortalecimiento muscular y ejercicios de equilibrio durante la semana.

La institución también recomienda revisar medicamentos que produzcan mareos, evaluar posibles problemas visuales y reducir riesgos ambientales dentro del hogar.

La prevención requiere una evaluación individual

El ensayo no registró acontecimientos adversos durante la intervención, aunque ese resultado no garantiza que cualquier persona pueda reproducirla sin asistencia.

Los especialistas del NIA aconsejan consultar ante episodios frecuentes de inestabilidad y solicitar orientación profesional antes de comenzar actividades que comprometan el equilibrio.

La evidencia sugiere que integrar desafíos físicos y mentales puede complementar las estrategias tradicionales de prevención, especialmente entre adultos mayores que ya experimentaron caídas. La elección de ejercicios, intensidad y supervisión debe responder a las necesidades particulares.

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