
Un artículo publicado por Healthline informó que las mujeres posmenopáusicas que realizaron ejercicio aeróbico durante seis meses mejoraron más sus funciones ejecutivas que quienes siguieron una rutina de estiramientos y tonificación.
El estudio publicado, encabezado por la psiquiatra Sharon Sanz Simon y difundido en la revista científica Journal of Alzheimer’s Disease, examinó ese resultado. El hallazgo se vincula con habilidades como la planificación, la atención sostenida y la capacidad de cambiar de una tarea a otra.
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La investigación reunió a 93 mujeres sanas de entre 20 y 67 años que no practicaban actividad física regular al inicio. Según detalló Journal of Alzheimer’s Disease, el 43% de las participantes era posmenopáusica y el programa comparó actividad aeróbica con ejercicios de estiramiento y tonificación, cuatro veces por semana.
El artículo explicó que la mejora se concentró en las funciones ejecutivas (procesos que permiten organizar prioridades, sostener el foco y corregir errores) y no se replicó de igual forma en la memoria ni en la velocidad de procesamiento.
Dung Trinh, médico consultado por Healthline y ajeno a la investigación, señaló que los resultados requieren confirmación, ya que se basan en un análisis secundario y una muestra reducida.
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Kecia Gaither, ginecóloga obstetra y especialista en medicina materno fetal consultada por Healthline, diferenció los efectos de los dos tipos de actividad comparados. Indicó que los estiramientos y el trabajo de movilidad pueden aportar flexibilidad, equilibrio y reducción del estrés, mientras que el ejercicio aeróbico genera un estímulo cardiorrespiratorio y metabólico más sostenido.
La mejora se concentró en la planificación y el control de la atención

Según informó Journal of Alzheimer’s Disease, las participantes realizaron evaluaciones cognitivas al inicio del programa, a los tres meses y al completar los seis. Las mujeres posmenopáusicas asignadas al plan aeróbico mostraron una mejora mayor en las funciones ejecutivas que aquellas que realizaron estiramientos y tonificación. También obtuvieron mejores resultados que las participantes premenopáusicas sometidas al mismo tipo de actividad.
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En la vida cotidiana, estas habilidades intervienen al organizar obligaciones, retomar una tarea después de una interrupción o modificar una decisión ante información nueva. El estudio evaluó aspectos como la rapidez para alternar entre consignas y el manejo de errores, por lo que sus resultados no permiten concluir que el ejercicio mejore todas las capacidades cognitivas por igual.
Trinh advirtió, además, que la menopausia y el envejecimiento están estrechamente relacionados. Aunque el análisis ajustó los resultados por edad, el especialista señaló que ambos factores no pueden separarse por completo, lo que impide atribuir los cambios observados exclusivamente a la transición menopáusica o al tipo de entrenamiento.
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En la misma línea, el National Institute on Aging de Estados Unidos señala que distintos estudios relacionan la actividad física regular con la salud cerebral, aunque todavía se necesita más evidencia para precisar su papel en la prevención del deterioro cognitivo. Esa cautela también debe aplicarse a este trabajo, limitado a una muestra, una intervención y un período determinados.
Las pautas generales de actividad física no son una receta para la menopausia

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que los adultos acumulen 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. El organismo también señala que el ejercicio físico regular puede contribuir a preservar capacidades relacionadas con el pensamiento, el aprendizaje y el juicio con el paso de los años.
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Estas pautas están orientadas a la salud general y no fueron diseñadas como tratamiento para la menopausia ni como una fórmula específica para mejorar las funciones ejecutivas. Por eso, la rutina evaluada en el estudio no debe interpretarse como una recomendación universal ni como una estrategia probada para prevenir enfermedades neurodegenerativas.
El programa incluyó sesiones aeróbicas moderadas de 45 minutos, cuatro veces por semana. Healthline mencionó entre las opciones la caminata rápida, la bicicleta, la natación, los ejercicios en el agua, el trote suave y el baile cardiovascular. La investigación no identificó una modalidad superior a las demás.
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