Un estudio de Harvard sugiere que el corazón trasplantado se ajusta a la edad biológica del receptor: qué implica este hallazgo

La investigación, publicada como preimpresión en bioRxiv, documenta que el entorno del cuerpo que aloja al órgano puede revertir o acelerar los marcadores de envejecimiento del corazón injertado, independientemente de la edad del donante original

Una mujer joven y una mujer mayor con batas blancas sostienen un modelo anatómico de corazón entre un prado verde y un bosque otoñal.
La escasez de órganos limita la disponibilidad de trasplantes y descarta de manera habitual a los donantes de edad avanzada (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cada año, miles de personas esperan un trasplante de corazón que nunca llega. La escasez de órganos donados es crónica, y la edad del donante reduce aún más las posibilidades: la práctica clínica consolidada descarta los corazones de personas mayores porque se asocian con peores resultados para el receptor.

Sin embargo, una investigación reciente sacude esa premisa con una hipótesis tan inesperada como prometedora: los corazones trasplantados podrían adaptarse biológicamente a la edad del cuerpo que los recibe, y no a la del cuerpo del que provienen.

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El órgano, según estos hallazgos, no mantiene fija su edad biológica: responde al entorno del receptor y parece seguir su ritmo.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El equipo de la Facultad de Medicina de Harvard midió la metilación del ADN para estimar la edad biológica de los órganos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado como preprint en bioRxiv, servidor de acceso abierto para investigaciones científicas que aún no cuenta con validación de pares, documenta estos resultados con datos de ratones y de humanos.

El equipo, liderado por Jesse Poganik, profesor de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard, trasplantó corazones entre roedores de distintas edades —jóvenes, de mediana edad y ancianos— sin retirar el corazón original del receptor, lo que permitió comparar el órgano trasplantado con el nativo sin interferencias.

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La medición central fue la metilación del ADN, proceso por el que ciertas marcas químicas en el material genético cambian de manera predecible con el paso del tiempo. Para cuantificar esos cambios, el equipo empleó tres relojes epigenéticos, herramientas computacionales que estiman la edad biológica de un tejido a partir de esos patrones químicos.

Ilustración de un ratón gris de perfil con el torso transparente que deja ver sus huesos, vasos sanguíneos y cerebro en un laboratorio.
Los corazones de ratones viejos trasplantados a cuerpos jóvenes registraron un retroceso en sus marcadores de envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los corazones envejecen o rejuvenecen según el cuerpo que los aloja

Los resultados fueron consistentes en todos los indicadores analizados. Los corazones jóvenes trasplantados a ratones viejos mostraron una edad biológica superior a la cronológica, mientras que los corazones viejos en cuerpos jóvenes registraron el efecto contrario: sus marcadores de envejecimiento retrocedieron.

“Mi interpretación de estos resultados es que el entorno sistémico joven puede revertir ciertos aspectos de la edad biológica, pero otros pueden ser irreversibles”, afirmó Poganik, según Scientific American, revista científica de divulgación.

El mecanismo exacto que desencadena los cambios en los marcadores de edad de los órganos aún no está claro.

Rostro humano dividido por la mitad: un lado con arrugas y cabello canoso, el otro con piel tersa y cabello oscuro, fusionado con formas celulares abstractas.
La actividad de los genes vinculados a las mitocondrias aumentó en los órganos viejos colocados en receptores de menor edad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Poganik sospecha que el entorno general del cuerpo, más que un factor aislado, podría contribuir a eliminar el daño acumulado o a exponer el órgano a componentes del sistema inmunitario propios de un organismo más joven.

El estudio también registró cambios en la actividad de genes vinculados a las mitocondrias, estructuras celulares encargadas de producir energía: esos genes se volvieron más activos en corazones viejos trasplantados a ratones jóvenes, y menos activos en corazones jóvenes trasplantados a ratones viejos.

El patrón se repite en tejido humano y en datos funcionales

Para extender los resultados más allá del modelo animal, el equipo analizó biopsias cardíacas archivadas de 11 receptores humanos con diferencias de edad marcadas entre donante y receptor.

Ilustración digital de un corazón humano saludable brillando en tonos rojos y rosados, rodeado de moléculas antioxidantes y flores de hibisco sobre un fondo médico azul oscuro.
El análisis de biopsias humanas demostró que la capacidad física y el VO₂ máximo se asocian a la edad del receptor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos apuntaron en la misma dirección: la edad biológica de los corazones trasplantados se asociaba más estrechamente con la edad del receptor que con la del donante.

Los investigadores también contrastaron sus resultados con una base de datos de cientos de receptores humanos y encontraron que los indicadores funcionales de la salud cardíaca seguían la misma tendencia.

En particular, la capacidad de ejercicio y el VO₂ máximo, una medida de la cantidad de oxígeno que el organismo puede aprovechar durante el esfuerzo físico, resultaron menores en receptores de mayor edad con independencia del origen del órgano. Eso sugiere que el corazón trasplantado envejece al ritmo del cuerpo que lo aloja, no del que lo donó.

Quirófano: Dos cirujanos, personal médico y un paciente en la mesa de operaciones. Luces brillantes, monitores con signos vitales e instrumental quirúrgico visible.
Los científicos analizan la presencia de señales antienvejecimiento transferibles para reacondicionar los órganos antes del trasplante (Imagen Ilustrativa Infobae)

Peter Scriven, cofundador y director clínico y científico de una clínica privada especializada en envejecimiento con sede en Inglaterra que no participó en el estudio, señaló que los hallazgos abren una pregunta de fondo. “Esto nos da motivos para preguntarnos cuánto de su envejecimiento podemos modificar”, afirmó.

Lo que más le entusiasma, agregó, es la posibilidad de que existan factores de rejuvenecimiento transferibles: señales antienvejecimiento, entre ellas la actividad mitocondrial, que podrían pasar de las células del receptor al corazón trasplantado.

En el futuro, añadió, incluso podrían aprovecharse mitocondrias sanas para rejuvenecer un órgano antes del trasplante.

Primer plano de un adulto mayor de perfil con marcapasos visible bajo la piel, cables que llegan al corazón anatómico y líneas de energía luminosas.
El trasplante cardíaco provocó un incremento en la inflamación celular pero no afectó al corazón nativo ni al hígado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los métodos son prometedores pero aún experimentales

La investigación tiene límites que expertos externos al estudio se encargaron de señalar. Michael Sagner, asesor clínico en longevidad y medicina preventiva del King’s College de Londres, advirtió sobre el alcance de las herramientas utilizadas.

“Los modelos existentes, como los utilizados en el estudio, aún son experimentales y no reflejan necesariamente la edad biológica real”, explicó Sagner, según el medio.

El trasplante tampoco resultó inocuo en términos de envejecimiento. El procedimiento generó cambios que favorecen el deterioro celular, entre ellos un aumento de la inflamación en el tejido trasplantado.

Por su parte, la edad biológica del corazón nativo del receptor y de otros órganos como el hígado y la sangre no se vio afectada por la intervención.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La adaptación epigenética del órgano al receptor abre la posibilidad de ampliar el rango de edad de los donantes de corazón (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aun así, las implicaciones clínicas del hallazgo son concretas. Si los órganos de donantes mayores pueden rejuvenecer al ser trasplantados a receptores más jóvenes, el umbral de edad que hoy limita la disponibilidad de corazones para trasplante podría revisarse.

“Es posible que los órganos de personas mayores que actualmente se descartan para la donación puedan considerarse para receptores más jóvenes”, planteó Poganik, con la condición de que se realice mucho más trabajo antes de implementar cualquier cambio en el sistema de donación.

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