
Agosto llega con el frío más sostenido del año y, con él, la sensación de que el cuerpo no termina de recuperarse: una gripe después de un resfrío, días de cama que se acumulan y reuniones canceladas una vez más. Para quienes viven ese ciclo, la pregunta ya no es si volverán a enfermarse, sino cuándo. Y la explicación podría estar en un lugar poco evidente.
De acuerdo con un artículo publicado por el sitio Parade, cuando el Dr. Dushyant Viswanathan —médico internista integrativo con doble certificación de junta y Director Médico del Columbia Center for Integrative Medicine (CCIMHealth), especializado en entero-inmunología— recibe en su consultorio a un paciente con la queja de que “siempre está enfermo”, la primera pregunta que el especialista formula no tiene que ver con los pulmones ni con el historial de infecciones, sino con el intestino.
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“Un microbioma alterado puede valer la pena atenderlo como parte del apoyo a la salud intestinal e inmune en general”, enfatizó el doctor en declaraciones recogidas por el sitio.
El intestino: clave en el entrenamiento inmune
El microbioma intestinal es el conjunto de billones de microorganismos —principalmente bacterias— que habitan el tracto digestivo. Según describió el centro médico Cleveland Clinic, algunos de esos microorganismos son benéficos; otros, dañinos. El equilibrio entre ambos, conforme al especialista, tiene consecuencias que van mucho más allá de la digestión.
La relación entre la flora intestinal y la propensión a contraer resfríos o gripes no resulta evidente a simple vista. Para explicarla, Viswanathan recurre a una comparación: el intestino actúa como un docente y el sistema inmune, como su alumno.
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“El sistema inmune debe entrenarse como cualquier ejército o milicia, y ese entrenamiento ocurre en el intestino”, afirmó el médico. Y agregó: “Si se modifica la bacteria intestinal, eso puede cambiar también el entrenamiento, lo que puede afectar la eficacia con la que el sistema inmune cumple sus funciones normales”.

Esa relación tiene respaldo en la literatura científica. Una investigación publicada en la revista científica Nutrients, citada por el sitio, identificó un vínculo entre la composición del microbioma y la salud inmunológica, lo que se suma a una creciente línea de estudios que vincula ambos sistemas.
Las bacterias intestinales, conforme al trabajo, participan en el proceso mediante el cual el sistema inmune aprende a distinguir entre amenazas reales y moléculas inocuas, y calibra la intensidad de su respuesta; un rol que cobra dimensión al considerar que entre el 70 y el 80% de las células inmunes del organismo residen precisamente en el intestino, según la misma revisión.
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Otras causas y hábitos para fortalecer el microbioma
Aun así, el propio Viswanathan reconoce que el intestino no siempre es el origen del problema. El estrés crónico, los patrones alimentarios y, en casos poco frecuentes, factores hereditarios —que suelen detectarse desde la infancia— también pueden explicar por qué una persona se enferma con mayor frecuencia de lo esperable.
Sobre los hábitos que más influyen en la salud del microbioma, el especialista identificó tres pilares: el sueño de calidad, la alimentación y la regularidad intestinal. En materia de dieta, recomendó el consumo de fibra en distintas formas —legumbres, frutas y verduras— y de alimentos con probióticos, como el yogur griego.
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Frente a eso, señaló que el consumo de alimentos ultraprocesados, la ingesta tardía de alimentos, la falta de fibra y el uso frecuente de antibióticos pueden deteriorar el equilibrio del microbioma.
El uso de medicamentos recetados también puede afectar negativamente a las bacterias intestinales, advirtió el doctor, incluso cuando esos fármacos fueron prescriptos por razones válidas. Ante esa posibilidad, el médico recomendó consultar con el profesional de cabecera para evaluar alternativas o medidas de apoyo específicas para cada caso.
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