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¿Existieron los dinosaurios diminutos? Qué reveló un nuevo estudio

Una investigación publicada en la revista Evolution analizó por qué, a diferencia de aves, mamíferos y reptiles, el registro fósil no muestra estas especies, incluso en yacimientos donde sí aparecen otros microvertebrados

Dinosaurio Huayracursor jaguensis
Un estudio sobre dinosaurios no avianos indicó que no existen especies adultas realmente pequeñas en el registro fósil conocido
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¿Existieron los dinosaurios diminutos? Un nuevo estudio exploró uno de los misterios más persistentes de la evolución: por qué, a diferencia de aves, mamíferos y reptiles actuales, los dinosaurios no avianos no muestran especies adultas realmente pequeñas en el registro conocido.

La rareza no está en que hubiera dinosaurios grandes —eso es lo esperable—, sino en la ausencia sistemática de dinosaurios no avianos “miniatura”: según el trabajo, las especies adultas identificadas no bajan de 400 gramos, y en yacimientos con conservación excepcional tampoco aparecen adultos por debajo de 300 gramos, aun cuando en los mismos sedimentos se preservan pequeños mamíferos, lagartos y aves.

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La investigación, publicada en la revista Evolution, examinó si los llamados modelos energéticos podían explicar ese patrón. En términos generales, estos modelos proponen que el tamaño corporal más común dentro de un grupo surge de una compensación fisiológica: los animales grandes suelen tener más capacidad para adquirir energía, pero son menos eficientes a la hora de convertirla en descendencia.

Imagen de dinosaurios huyendo de un meteorito gigante, mostrando pánico y caos prehistórico. Otras opciones: cataclismo espacial, impacto mortal, extinción prehistórica. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
La ausencia de dinosaurios no avianos miniatura persiste incluso en yacimientos con conservación excepcional, donde sí aparecen pequeños mamíferos, lagartos y aves

En aves y mamíferos, esa lógica suele coincidir con lo que se observa en la naturaleza: muchas especies pequeñas y pocas grandes.

El contraste con otros vertebrados es contundente. La especie de ave más pequeña, Mellisuga helenae, pesa 1,75 gramos; el mamífero más diminuto, Suncus etruscus, 1,8 gramos; y los lagartos más pequeños, 0,15 gramos. Ningún dinosaurio adulto identificado se acerca a ese rango. Y el vacío se mantiene incluso en sitios donde deberían aparecer, si existieran, por el nivel de detalle con el que se conservó la fauna menuda.

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El modelo BMT —propuesto por Brown, Marquet y Taper— plantea que la “potencia reproductiva” máxima (y, por lo tanto, el tamaño más frecuente en una fauna) se alcanza donde la capacidad de un animal para obtener energía converge con su eficiencia para transformarla en descendencia. Aplicado a mamíferos y aves, describe con precisión tanto el tamaño corporal más común (alrededor de 100 gramos en mamíferos y 33 gramos en aves) como la forma sesgada de la distribución: muchas especies pequeñas, pocas grandes.

En otras palabras: el BMT intenta encontrar el “tamaño ganador” de cada grupo, el punto en el que un animal consigue suficiente energía para sostenerse, pero también la aprovecha lo bastante bien como para dejar más descendencia; cuando funciona, el resultado es el patrón típico de la naturaleza, con un tamaño más frecuente y una distribución desigual en la que abundan las especies pequeñas y escasean las grandes.

Imagen de dinosaurios huyendo de un meteorito gigante, mostrando pánico y caos prehistórico. Otras opciones: cataclismo espacial, impacto mortal, extinción prehistórica. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
La investigación publicada en Evolution evaluó modelos de fitness energético para explicar por qué el tamaño corporal más común varía entre grupos animales

El estudio amplió por primera vez ese enfoque a tortugas, lagartos, serpientes y cocodrilos, con parámetros fisiológicos ajustados a partir de bases de datos globales y nuevos cálculos de eficiencia reproductiva en reptiles. Los resultados marcaron una diferencia clave. El modelo predijo con precisión la distribución de tamaños en tortugas, pero falló de manera notoria en reptiles como lagartos, serpientes y cocodrilos: en esos grupos, sobreestimó la frecuencia de especies grandes y subestimó la de pequeñas.

En palabras del artículo: “El modelo energético predice una masa corporal óptima para serpientes de 1,71 kilogramos, pero el valor modal real es de 0,38 kilos. Para lagartos, el modelo arroja 2,68 kilos, pero en la naturaleza la mayoría pesa cerca de 20 gramos.” Los cocodrilos presentaron el caso inverso: el modelo sugirió un pico en el rango de 1 kilogramo, cuando la mayoría real está por encima de 100 kilogramos.

El siguiente paso del estudio consistió en probar hasta dónde podía empujarse el modelo ajustando parámetros fisiológicos dentro de márgenes observados en especies actuales. Incluso bajo ese ajuste extremo, la predicción de tamaño mínimo para dinosaurios no avianos nunca bajó de los 3 kilogramos, muy por encima de lo que se entiende como “microvertebrados” en los mismos ambientes: “El modelo energético, aun con la combinación de coeficientes más favorable, no puede explicar la total ausencia de dinosaurios con tamaños similares a los ‘microvertebrados’ presentes en el mismo sedimento”, resumieron los autores.

Ese límite inferior no pareció un artefacto del registro fósil. El trabajo mencionó yacimientos con conservación excepcional —como la biota de Jehol en China o la formación Djadokhta en Mongolia— donde abundan fósiles de pequeños mamíferos, lagartos y aves en los mismos depósitos que los dinosaurios estudiados. En esos sitios, la masa corporal modal de los dinosaurios ronda los 0,76 a 34 kilogramos, pero aun así no aparecen especies adultas por debajo de 300 gramos.

Una criatura marina grande con cuerpo robusto y boca dentada, dos criaturas marinas pequeñas similares y tres amonites con concha espiral, bajo el agua.
Los autores atribuyeron la falta de dinosaurios diminutos a restricciones ecológicas como la competencia, la ocupación de nichos pequeños y la depredación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La transición hacia las aves introdujo un cambio marcado. El rango de tamaños en la línea aviana se redujo abruptamente tras el origen del vuelo, y eso habría habilitado una miniaturización que no se observa entre sus parientes no avianos. El contraste, según el estudio, es directo: “El ave más pequeña pesa doscientas veces menos que el dinosaurio no aviano más pequeño conocido.”

La idea se refuerza al comparar la distribución de tamaños en aves continentales frente a aves insulares o no voladoras: estas últimas, sin vuelo, tienden a recuperar una barrera inferior de tamaño, salvo en islas sin depredadores o con menor competencia de mamíferos, lo que permitiría mayor flexibilidad.

En suma, el estudio sostuvo que las diferencias entre grupos animales en materia de tamaño corporal no se explican solo desde la fisiología. La competencia, la depredación y —en el caso de las aves— la conquista del aire también habrían sido fuerzas decisivas para sostener o romper barreras que, en teoría, podían parecer dictadas por el metabolismo.

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