
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Neurology analizó el impacto del racionamiento alimentario de la Segunda Guerra Mundial sobre la salud cerebral de cerca de 65.000 personas en el Reino Unido y llegó a una conclusión contundente: consumir poca azúcar antes de los 2 años puede reducir el riesgo de padecer demencia hasta en un 23%.
Los efectos de esa restricción temprana no se limitaron a la infancia. La investigación encontró que la exposición limitada al azúcar durante la gestación y los primeros años de vida se asocia con una menor probabilidad de desarrollar demencia en la adultez, con consecuencias que se extendieron décadas después.
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El racionamiento como experimento natural

El estudio, difundido por Euronews, aprovechó un fenómeno histórico único para obtener sus datos. El Gobierno británico impuso el racionamiento del azúcar durante y después de la Segunda Guerra Mundial, una restricción que se levantó en 1953. Cuando las limitaciones terminaron, el consumo diario promedio casi se duplicó: pasó de unos 41 gramos a 80 gramos por persona.
Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos según su exposición al racionamiento. El primero reunió a quienes atravesaron esas restricciones antes de nacer y durante su primer año de vida; el segundo, a quienes estuvieron expuestos desde la gestación hasta los dos años; y el tercero, a las personas nacidas después de que la medida llegara a su fin.
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Menos azúcar, menos riesgo décadas después

Los resultados mostraron diferencias notorias entre los grupos. Quienes crecieron con niveles bajos de azúcar durante el primer año presentaron un riesgo de demencia un 21% menor que los nacidos sin restricciones. Los expuestos al racionamiento hasta los dos años mostraron una reducción aún mayor: un 23% menos de riesgo.
El beneficio no se limitó a la probabilidad de enfermar. Entre las personas que igualmente desarrollaron demencia, quienes tuvieron una dieta más baja en azúcar en sus primeros años recibieron el diagnóstico una media de 2,6 años más tarde que quienes no lo estuvieron. Los investigadores también registraron perfiles de salud cerebral más favorables en ese grupo.
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Para poder llevar a cabo el análisis, el equipo de investigación recurrió a los historiales médicos pertenecientes a los participantes, quienes tenían aproximadamente 55 años de edad al comienzo del estudio. Una vez recopilada esta información, los investigadores realizaron un seguimiento continuo a lo largo de los 15 años posteriores, monitoreando la situación de cada una de estas personas para identificar la aparición de cualquier diagnóstico de demencia.
Qué dicen los investigadores

La científica Jiazhen Zheng, quien lideró la investigación y figura como autora principal del estudio, se mostró enfática al remarcar con claridad el alcance y la magnitud de los resultados obtenidos. “Limitar el azúcar durante las primeras etapas de la vida puede llegar a ofrecer beneficios que se mantienen a largo plazo para la salud cerebral”, afirmó, según expresaron sus declaraciones publicadas por Euronews.
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Zheng también advirtió que los datos respaldan una acción concreta: “Reducir los azúcares añadidos durante el embarazo y la primera infancia puede ser una de las medidas beneficiosas que pueden adoptar las familias y las comunidades".
Al mismo tiempo, la investigadora reconoció que se necesitan más estudios para comprender los mecanismos exactos por los que la exposición temprana al azúcar influye en el riesgo de demencia.
El trabajo, según informó Euronews, concluye que “la restricción del azúcar en los primeros 1.000 días se asoció con una menor probabilidad de demencia, un inicio más tardío y perfiles de salud cerebral más favorables”. Los autores señalan que estos resultados respaldan la reducción del consumo de azúcar en la primera infancia como posible estrategia para disminuir ese riesgo décadas más tarde.
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