
La colonoscopia sigue siendo la prueba más completa para el cribado del cáncer colorrectal, según una nueva orientación de la American Gastroenterological Association. La entidad subraya que el cribado salva vidas y que no todas las alternativas ofrecen el mismo alcance.
El cáncer colorrectal es el tercer tipo de cáncer más frecuente en el mundo y la segunda causa de muerte por cáncer. Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), en 2022 se diagnosticaron más de 1,9 millones de casos y se registraron más de 900.000 muertes a nivel global.
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En ese contexto, la recomendación general es que los adultos comiencen los controles a partir de los 45 años, aunque la edad y la frecuencia pueden variar según antecedentes personales, familiares y otros factores de riesgo.
De acuerdo con la asociación, la colonoscopia ocupa un lugar central porque permite detectar cáncer en etapas tempranas y, al mismo tiempo, retirar pólipos precancerosos antes de que evolucionen. Esa doble función la diferencia de otras pruebas, como los análisis de materia fecal, la sigmoidoscopia, la colonografía por tomografía computarizada o los análisis de sangre.
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Muchas de esas alternativas pueden ser útiles en determinados contextos, especialmente cuando la colonoscopia no está disponible o no resulta factible. Sin embargo, si arrojan un resultado anómalo, suelen requerir una colonoscopia posterior para confirmar el diagnóstico o completar la evaluación.
Por qué la colonoscopia sigue siendo la prueba de referencia
La técnica permite examinar todo el colon y el recto mediante un tubo largo, fino y flexible equipado con una cámara. Según el portal para pacientes de la American Gastroenterological Association, el instrumento tiene un grosor similar al de un dedo meñique.
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Durante el procedimiento, el médico puede identificar pólipos, lesiones sospechosas o cáncer. Si encuentra pólipos precancerosos, puede retirarlos en el mismo acto médico.
Esa capacidad de prevenir y detectar al mismo tiempo es el principal argumento de los especialistas. Otras pruebas pueden advertir que algo no está bien, pero no permiten extirpar lesiones durante el estudio.
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El procedimiento suele realizarse en un centro ambulatorio, una consulta especializada o un hospital, y en la mayoría de los casos no requiere internación. La preparación incluye una dieta líquida especial y laxantes para limpiar el intestino, ya que una buena visualización del colon es clave para que el estudio sea confiable.
Durante la prueba se administra medicación para favorecer la relajación o el sueño. El paciente puede sentir presión durante el examen o calambres después, aunque lo más frecuente es que no perciba molestias durante el procedimiento.
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Qué lugar ocupan las pruebas de materia fecal
Las pruebas de materia fecal son una alternativa cuando la colonoscopia no está disponible, no resulta posible o el paciente prefiere comenzar con un método no invasivo. La American Gastroenterological Association señala que pueden ser razonables, siempre que se repitan en los intervalos recomendados y que los resultados anómalos se completen con una colonoscopia.
Una de las opciones es la prueba inmunoquímica fecal, conocida como FIT. Es un test domiciliario que analiza una pequeña muestra de materia fecal para buscar rastros de sangre no visibles, que pueden ser una señal de lesiones en el colon o el recto.
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Este método tiene bajo costo, es fácil de realizar y no exige dieta especial ni preparación intestinal. Puede detectar muchos cánceres tempranos, aunque identifica principalmente pólipos precancerosos de mayor tamaño.
Otra alternativa es la prueba de sangre oculta en heces, o FOBT. También se hace en casa y analiza la presencia de sangre en una muestra enviada al laboratorio. A diferencia de la FIT, puede requerir una dieta especial antes de realizarse.
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La limitación compartida por estas pruebas es que no permiten observar directamente el colon ni retirar pólipos. Por eso, un resultado positivo o anormal suele requerir una colonoscopia posterior.
Otras alternativas y sus límites
La sigmoidoscopia es otra opción de cribado. Utiliza un tubo corto, fino y flexible con cámara para revisar el recto y la parte inferior del colon.
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Su principal límite es el alcance: no examina todo el colon. Según la guía para pacientes, revisa aproximadamente los dos pies finales de un colon de seis pies. Por ese motivo, suele combinarse con pruebas de materia fecal y puede requerir una colonoscopia posterior si se detecta una anomalía.

La colonografía por tomografía computarizada, también llamada colonoscopia virtual, utiliza imágenes para observar el colon y el recto. No requiere sedación, pero sí preparación intestinal con laxantes o enemas. Además, al inicio del estudio se introduce aire en el colon mediante un pequeño tubo flexible colocado en el recto.
Esta alternativa puede utilizarse cuando una colonoscopia no logra visualizar todo el colon por razones técnicas o anatómicas. Sin embargo, si detecta un pólipo, será necesaria una colonoscopia para retirarlo.
Qué dice la guía sobre el análisis de sangre
La guía para pacientes también menciona el análisis de sangre aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos como opción de cribado del cáncer colorrectal. Debe realizarse al menos cada tres años.
La American Gastroenterological Association pidió cautela con esta alternativa. Según la entidad, las pruebas basadas en sangre son menos eficaces que la colonoscopia o las pruebas de materia fecal para detectar cáncer colorrectal.

Además, no identifican pólipos precancerosos que podrían retirarse antes de que la enfermedad aparezca. Si el resultado es positivo, se requiere una colonoscopia para confirmar el diagnóstico.
Cómo elegir la mejor prueba
La American Gastroenterological Association recomienda que los pacientes conversen con su médico de atención primaria o con un gastroenterólogo sobre las opciones disponibles, los síntomas, los antecedentes familiares, los factores de riesgo y la cobertura del seguro.
La colonoscopia continúa siendo la opción preferente por su capacidad de examinar todo el colon, detectar lesiones y extirpar pólipos en el mismo procedimiento. Pero otras pruebas pueden cumplir un papel importante cuando permiten que más personas accedan al cribado.
El mensaje central de la guía es que no conviene postergar los controles. En cáncer colorrectal, detectar lesiones a tiempo y completar el seguimiento cuando una prueba da anormal puede marcar una diferencia decisiva.
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